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lunes, 16 de septiembre de 2019

CARTAS DE UNA PÁGINA EN BLANCO

    
        Hacía horas que había anochecido, tantas que pareciera que pasaban el día de noche, habían terminado de cenar, y cada cual había ido a sus últimos quehaceres antes de dormir. La criada, una noche más le subía el último té a la señora, que se encontraba en ese despacho que se había apañado en el piso de arriba, cuando al entrar, se la encontró en el suelo, con un gran charco de sangre bajo su cabeza, y gritó, impresionada, llamando la atención de toda la familia.

Eso fue lo que le contó Bill, el marido de la señora, a la policia, cuando fue cuestionado por lo sucedido. Mientras, la policia se encontraba en el lugar del crimen, inspeccionándolo todo, tratando que no se les escapara ningún detalle de la escena que se encontraron. No estaba todo tan revuelto como pensaban que se lo encontrarían, normalmente, los familiares de las victimas, con los nervios, suelen revolver y tocar cosas, cambiarlas de sitio, al menos eso se comentaban los agentes entre sí. Tan solo vieron bastante lío en la mesa del despacho, que estaba llena de viejas cartas escritas en fránces, y algunas fotos de lo que parecía ser París en la misma época en la que se escribieron.

Entre tanta carta dispersa por toda la mesa, hubo algo que les llamo mucho la atención, un boligrafo con una gran pluma artificial en un extremo, una vieja llave con unas iniciales, muchas postales y fotos de París, lo que hacía pensar que eran recuerdos de toda una vida allí, o al menos buena parte de ella, también había lo que parecía ser una agenda, o un diario igual de antiguo que todo lo demás, abierto casi por la mitad, en dos páginas en blanco, con una foto pillada por un clip a una de ellas, y en medio de estas, parecía que faltase una página, parecía que la hubiesen arrancado. No pudieron evitar preguntarse que tanto contendría esa página, para que suscitase tanto interés como para que la arrancaran, y ¿matar por ella?.

Cada uno de los miembros de la familia, su marido, sus cinco hijos, tres mujeres y dos hombres, además del marido de una de ellas, fue interrogado por separado, y luego en conjunto para confrontar las distintas versiones de cada uno, y sus coartadas que les eliminase como sospechosos. Todos dijeron lo mismo acerca del montón de cartas esparcidas sobre la mesa, parecían ser parte de una pobre herencia que le había dejado su padre, recientemente fallecido, aunque nada pudieron aportar sobre ellas, ya que ninguno conocía su contenido, solo la victima las pudo abrir, y eso lo hizo a solas.

Menos, dijeron saber nada acerca de niguna agenda o diario, decían saber bastante poco acerca de lo que le dejó su padre, de quien apenas habló nunca, algo que les parecía un tanto extraño, tratándose de un familiar, pero no imposible. Tras una larga noche de idas y vueltas, y de preguntar una y otra vez, el inspector a cargo del caso y sus agentes, se hacían varias preguntas que aún quedaban en el aire, ¿todo aquello tenía que ver con la página arrancada?, ¿estaban relacionadas las cartas, con la página que les faltaba?.

Para la policia, hasta que no supieran más, eran cartas de una página en blanco.

lunes, 9 de septiembre de 2019

NUNCA DIGAS QUE NO ME HAS VISTO

             Estaba ahí, lo sabes, a penas unos pocos metros que se contaban con los dedos de una mano nos separaban, y me viste, así que no digas que no. Por capricho del destino, que a veces es así de cabrón, coincidimos en el mismo espacio, el mismo día y a la misma hora. 

Dios, el diablo o no sé quien, quiso que tú, precisamente tú, estuvieras en la presentación, y para rizar el rizo y hacerlo aún peor, en primera fila, para que se te viera bien, para que me vieras bien, sin perder detalle. Y nos vimos, porque era imposible no vernos, no mirarnos estando tan cerca el uno del otro. 

Fue un segundo, poco más, poco menos, tu mirada y la mía se cruzaron en tan pequeño espacio, y tú rápidamente la apartaste fingiendo no haberme visto, haciendo como que no estaba ahí, pero estuve, y nos vimos aunque no quieras, como no quise yo. Me ocupaba de los pequeños y últimos detalles de la presentación, y te vi, y ella te también te vio, que coño, ¡el mundo entero te vio!. Todos sabían que estabas ahí, porque te encanta hacerte notar, te encanta que te vean, eso si, de puertas para afuera, pura fachada todo, y con esa fachada ser el centro de atención, aunque ese día eras puro relleno y nada más, eras un figurante más de una película, mi película, y con el mismo silencio con el que llegaste, te irías, porque ese momento no era para ti. 

Y en ti me quedaría yo, en tu mente, en tus pensamientos y en tus temores ante lo que yo pudiera decir de ti después de haberte visto, porque temes y te importa mucho el que dirán de ti, te importa si hablarán de ese puro envoltorio con el que te muestras al mundo, o de ti dirán la verdad. En cambio tú no quedarás en mi, ya no, ya pasé la página de ese libro que no leeré más, un libro empolvado en ricón que solo está ahí para tirar, regalar, o simplemente para olvidar, en cualquier caso y  de cualquier manera, nunca digas que no me has visto.

lunes, 2 de septiembre de 2019

LA NOVELA FANTASMA DE UN AUTOR INVISIBLE

      Hacía buena tarde, tan buena que decidió que era el momento perfecto que tanto tiempo había estado esperando, era el momento en el que contaría todo lo que tenía en su cabeza y a lo que tantas vueltas le había dado. 

Había pensado en todo mil veces, en cuando contarlo, como hacerlo, y donde. Sabía a donde tenía o al menos donde quería hacerlo llegar, solo le faltaba decidir como, aunque eso casi lo tenía decidido también, como casi todo lo demás. No tenía del todo claro si hacerlo con su nombre real o con un pseudónimo, como tantos otros escritores habían hecho a lo largo de la historia, no sabía si ser uno más, aunque eso no era lo más importante, lo que importaba, si lo sabía. Tenía todos los detalles de principio a fin, tantos que no sabía cuantas páginas pudiera ocupar, y más o menos, sabía en el orden en que los quería contar, lo tenía todo, solo le quedaba hacerlo realidad. 

Así, con todo decidido y, digamos que sobre la mesa, cogió su chaqueta, la cartera, él móvil que no pretendía mirar, un bolígrafo, y un cuaderno casi sin usar y en el que alguna vez tomó notas. Con todo ello salió de casa y bajó hasta la terraza de un bar situada bajo unos soportales, algo retirada de la carretera, allí, en la primera mesa que vio, se sentó de cara a la calle y la vida del barrio, y sin perder de vista a los camareros. Abrió el cuaderno, y sin ponerle título aún, aunque practicamente lo sabía, empezó a escribir, sabiendo como quería dar a conocer su historia; lo haría desde la raíz, desde el principio, empezando por los antecedentes, básicamente, y como si de una serie se tratase, se podría decir que era el capítulo piloto, lo cual daría más sentido a todo lo que vendría después, o al menos así lo veía él. 

A medida que lo hacía, pensaba en como lo mostraría al mundo, a ese mundo desconocido que no le había leído aún y que nada sabía, pensaba en ese pseudónimo que le daría misterio y tal vez suspense a todo, y le hacía sonreír, y sonriendo le pilló la camarera al preguntarle que iba a tomar. Casi no se percató de la vuelta de la camarera cuando le traía su copa, un brandy que le daría otro color y otro aroma a esa tarde medio bohemia y misteriosa en el que las primeras líneas del borrador empezaban a tomar forma.

Según escribía, pensaba en que en ese momento era como si fuese invisible, y se imaginaba como sería todo, en como les hablaría de sonrisas de mentira, les hablaría de complices y de victimas, y en que respuesta tendría todo aquello, pensaba hasta donde llegaría, si es que llegaba a algún lugar, al fin y al cabo, casi ni se le podía considerar escritor novel, pues nadie le conocía, pero como todo, la cuestión era empezar, y él empezó, aunque para el mundo pudiera ser, si le leían, La Novela Fantasma De Un Autor Invisible.

martes, 27 de agosto de 2019

KARLA: RETRATO DE UN CRIMEN

    Entró en la habitación como buenamente pudo, tambaleante, tanto que se tuvo que apoyar en el marco de la puerta para introducir la llave. Ya dentro cerró casi de un portazo al que, de la borrachera que llevaba, no puso atención, dejó la llave caer sin mirar donde y fue directo a la persiana, la bajaría para que por la mañana el sol no le despertase, quería dormir sin hora, necesitaba dormir la mona.

Tenía la cabeza muy pesada, abotargada, todo él se sentía pesado, había bebido más de lo que en él era habitual. Se dio la vuelta para sentarse en la cama cuando y a pesar de la caraja que llevaba encima, se percató de la sangre que había por toda la cama, por la colcha, las sábanas y hasta en la lamparilla de noche, y entonces, y sin saber que leches estaba pasando, la vio a ella, a Karla, Karla con K, como decía ella.

La vio tendida en la cama sobre su propia sangre, ya algo pálida, estaba como dormida, aunque evidentemente era un sueño del que no despertaría. Tampoco sabía de donde había salido tanta sangre, con la borrachera, estaba tan aturdido que no pensaba con claridad. Lo que estaba claro, o al menos lo parecía, es que cuando se descubriese todo, él tendría todas las papeletas para ser el culpable de aquello, y quien sabe si lo fuese, no tenía nada claro.

Karla era la chica con la que se llevaba viendo un tiempo en aquel hotel que ella misma le había recomendado, y aún con la tremenda borrachera, sabía que era ella, porque un buen rato antes, habían estado tomando una copa, o varias, en el bar del hotel. No sabía cuantas copas fueron, si fue una o fueron más, aunque por su estado, probablemente fueron más de una y más de dos, tampoco recordaba cuando se fue ella dejándole solo en el bar, no sabía nada, salvo que quería que todo aquello solo fuese una mala pesadilla provocada por el alcohol, solo sabía que quería despertar y estar muy, muy lejos de allí.

Él no era de mucho beber, alguna copa de tarde en tarde, en alguna celebración o en alguna comida familiar, raramente bebía en alguna otra ocasión más, y mucho menos era de irse con desconocidas, ni de serle infiel a su mujer, pero con Karla, todo fue diferente, tenía algo que le embriagaba más que las propias copas que se tomaba, tenía un magnetismo del que el primer día no supo escapar, y lo peor es que esa atracción le gustó tanto, que en ningún momento lo intentó, simplemente se dejó perder y llevar por él, por ella. Recordaba todo de ella, menos como acabó así en su habitación.

Bloqueado por la borrachera y la situación, solo pensaba en escapar de allí, y solo con ese pensamiento en su aturdida cabeza, buscó y cogió la llave de manera un tanto aparatosa, y salió de la habitación, arreglándose como pudo, aunque sin poder evitar la evidencia de su lamentable estado, solo quería irse de allí sin que nadie le viera, sin que nadie le pudiera relacionar con aquella escena cuando, por la mañana, encontrasen el cuerpo de Karla tendido en esa cama toda salpicada de sangre.

lunes, 19 de agosto de 2019

EL DIABLO BAILA CONTIGO

      El diablo baila contigo, no lo dudes, baila contigo, camina contigo, come contigo, e incluso duerme contigo. 

No importa si no lo crees, si no le sientes, e incluso si no le ves, siempre está ahí, contigo, a tu alrededor, cerca de ti. Es el que te confunde, el que te hace cometer errores, el que te hace fallar, e incluso el que te hace pensar mal. 

El diablo siempre está ahí, ante ti, aunque no se mostrará como tal, te parecerá guapo, simpático, y de confiar. Tendrá una apariencia dócil, tierna o aburrida, nada que te haga sospechar, ni desconfiar. Sin embargo, siempre te mira, no te quita ojo, y mientras te mira, maquina, trama y elucubra contra ti. 

El diablo, con cara de niño, o de ángel, con cara de no haber roto un plato, es el que te hace pecar, te lleva por calles y pasillos oscuros, te embriaga, y lleva de la mano, te pierde, hará que todo parezca un sueño, y tus sueños los convertirá en pesadillas, una vez lo ha hecho, te abandona a tu suerte. 

No se va, pero te abanadona, te deja en un rincón, y se queda mirándote, deleitándose en tu mala suerte, divertido y risueño. Y en ese camino en el que te ha llevado de la mano, con toda su maldad, el diablo baila contigo.

lunes, 12 de agosto de 2019

DE FIESTA EN FIESTA, Y UNA MISTERIOSA INVITACIÓN

  Celebraba una fiesta en su propia casa, con incontables invitados y todo tipo de lujos, no escatimó en nada, al fin y al cabo, daba una cada mil años. En un momento de la fiesta que ya ni recordaba, uno de sus mayordomos llegó a ella, sobre en mano, y al entregárselo, le dijo al oído que un hombre que parecía ser también mayordomo, se la entregó con la premisa de que se la diera a ella personalmente, y dejó un coche aparcado en la puerta, yéndose el emisario a pie sin mediar mas palabra. 

El sobre era algo abultado, evidenciando que traía consigo algo más que una carta. Al abrirlo sacó de él una rosa roja, sin espinas, y con ella una pequeña carta en la que se leía:  

"Disculpa el atrevimiento, sé que no es el momento, ni la forma de sacarte de tu casa, ni de tu fiesta, pero no puedo dar la mía sin tu presencia, ruego aceptes esta invitación a mi humilde mansión. Te dejo mi coche y en él, mi dirección, y como llegar. Deseo y espero que aceptes. Te espero.". 

La invitación no llevaba firma, no tenía forma de saber quien la enviaba, tampoco reconoció la letra. Dudó si ir o no, tenía ciertos recelos, pero no era mujer de quedarse con la duda, siempre necesitaba respuestas, necesitaba saber quien se ocultaba tras la máscara de la invitación, así que decidió aprovechar la distracción y la embriaguez de sus invitados, para escapar y ver quien había puesto los ojos en ella. Se fue sin decir adiós, salió, se acercó al coche que le habían dejado, admirándolo y estudiándolo a partes igual, percatándose de que con toda probabilidad, sería de un hombre, pero..., ¿quién?. Daba igual, se subió, buscó la dirección que encontró en la guantera, el lugar al que ir estaba algo lejos, pero sabía donde era, y aun así no acertaba a adivinar quien la había invitado a tan altas horas de la noche. 

Condujo por las serpenteantes carreteras de la isla, colina abajo, medio temerosa de perderse o caer por los acantilados que la rodeaban. Llegó hasta la flamante casa a la que había sido invitada, siguiendo las instrucciones de la nota, que la llevaron a la parte de atrás. Se detuvo, bajó, no había nadie, así que decidió seguir a pie el ruido y la música que oía de fondo, expectante y con cierto nerviosismo ante lo que se pudiera encontrar. Cuando llegó, se encontró con un jardín, y la misteriosa mansión que recordaba abandonada, había bastante gente en él, gente que no conocía, gente bebiendo y hablando, más embriaguez, pero seguía sin dar con el misterioso anfitrión, miraba a todas partes sin ver nada, hasta que una voz masculina que intentaba no asustarla, carraspeó a espaldas suyas. Se dio la vuelta, y ojiplática reconoció por fin al misterioso hombre que tanto suspense le había puesto a la noche. 

Era Carlo, un viejo amigo, con edad de ser su padre, al que no veía hacía mucho tiempo. Sorprendida le dio un abrazo, haciéndole mil preguntas. Él le contó que había comprado la mansión, decidiendo vivir allí, que necesitaba cambiar de aires, y que el clima de la isla, le iba mejor que tanta urbe en la que vivía. Resuelto el misterio, se enfrascaron en una conversación interminable, acompañada de buen champán y mil desconocidos a los que saludar.

lunes, 5 de agosto de 2019

LA TRISTE ESTRELLA A LA QUE TODOS MIRAN

    Se encontraba cerca de la puerta del lujoso hotel que ese día era el centro de atención de todo el universo, estaba en medio del gentío formado alrededor, no sabía como había logrado colarse y llegar hasta ahí, pero lo había hecho, estaba casi en primera fila, esperando como todos, a poder ver pasar a su estrella. Todos la querían ver, todos hacían por estar los primeros, al pie del cordón de seguridad para verla pasar. 

Había cámaras de televisión y fotógrafos por todas partes, un cordón policial que parecía insuficiente ante la que había montada, intentaba controlar aquel descontrol que se formó por ella, por la estrella que todos querían ver, tocar, y saludar. Era como una reunión de tiburones salvajes. Para los que estaban ahí, era como un día de fiesta, un día especial, un día de esos que pasan cada no se cuantos años, y en un momento en el que todos miraban a todas partes, y a ningún lugar, apareció su estrella. 

Llegó en un monovolumen de alta gama, espectacular, era de color negro, muy negro, se podría decir que era de color carbón oscuro, era metalizado, y a la luz del sol brillaba mucho, casi tanto como los tropecientos flashes que saltaron como chispas al verla llegar, y no la dieron tiempo ni a salir de su flamante vehículo. El monovolumen se detuvo en frente de la puerta del hotel, a la gente se le disparaba la adrenalina, gritaban su nombre, o simplemente gritaban locos ante ese fenómeno social, que casi parecía sin precedentes, aunque no lo fuera, recordando un poco a la llegada de Ava Gardner a España, cuando se vino a vivir aquí, huyendo del devorador Hollywood, de hecho a ella la comparaban con Ava, y su llegada también, la comparaban en casi todo, como si fuera un déjà vu todo lo que estaba pasando, pareciendo que la historia se repitiese. Un guardaespaldas del tamaño de un gorila gigante se bajó del asiento del copiloto, y cuando pudo, abrió la puerta de los pasajeros, y unos treinta segundos después, apareció ella, radiante, más brillante que el monovolumen y que la lluvia de flashes; intentaba pasar despercibida ante tal marabunta, imposible, solo si fuese del tamaño de una hormiga, podría lograrlo. Se quitó sus enormes gafas de sol y se esforzó por sonreír un poco, y en ese momento ella miró hacia su lado, se miraron, ella más bien miró a todo y la nada, un poco al vacío, pero por un breve instante, se miraron, y se dio cuenta, o le pareció ver su verdadera mirada, una mirada triste, como de no querer estar allí, ni todo aquello en lo que se veía envuelta, como si quisiera escapar. 

Escapar, imposible salir de esa jaula de tiburones psicóticos y hambrientos de ella, estaba en un lugar donde abundaban y rebosaban los paparazzi que la acosarían día y noche. 

En los mismos segundos o menos de los que tardó en bajarse de ese carbón oscuro con ruedas, se metió en el hotel y despareció de casi todos los ojos que allí se encontraban, y allí trataron de aislarla de todo aquel alboroto, mientras la gente no cesaba de llamarla como si la quisieran devorar, la prensa intentó hacerle mil fotos en un momento, saltaron tantos flashes que ya no sabía se estaba cegado por ellos o por el sol. En cualquier caso todo pasó en un momento, ya la vio, y probablemente no la volvería a ver como en aquella ocasión, no volvería a ver a la triste estrella a la que todos miran.

lunes, 29 de julio de 2019

INSPIRACIÓN, TRANSPIRACIÓN

  Llevaba un rato sentado en su escritorio, delante de su ordenador, con la hoja en blanco, sin saber que escribir, sin ideas, y casi sin ganas, pero algo debía de hacer ese día. En la editorial esperaban sus páginas, aquellas que no podía retrasar más, o todo el proyecto se iría a la mierda, pero no sabía que escribir. Leía y releía lo escrito en busca de ideas, en busca de inspiración, le daba mil vueltas, pero estaba bloqueado, y nada salía de su enorme cabeza. 

Miraba por la ventana, miraba a toda esa gente al sol, que iba y venía, que se abrasaba al calor de aquel mes de Julio, les veía abanicarse, y buscar la sombra como él buscaba la inspiración, sin embargo, él como ellos, padecía los calores del momento y solo lograba transpiración. Aquello era frustrante y agotador, casi tenso, porque el tiempo corría y se le echaba encima, aplastándolo, dejándolo casi sin respiración. 

Sentía, o al menos pensaba, que ya no era la misma persona de antes a la hora de escribir, parecía que las ideas que antes rebosaban en su cabeza, ya no le llenaban, ya no estaban ahí, como si hubiesen emigrado, cual bandada de pájaros que se va al llegar el invierno, yéndose estas, sus ideas, en verano, huyendo del infernal calor de Madrid.

Antes era como si las líneas, atrajesen a mas líneas, y esas a muchas más, llegando casi a agolparse y apelotonarse en aquellas páginas en blanco, dejándolas casi pequeñas, casi insuficientes para todo lo que salía de su cabeza, como si de una caja de llena de ellas se tratase. Antes casi no necesitaba pensarlas, llegaban solas, y se quedaban ahí, era como si estas invitasen a muchas más, era como una fiesta de ideas, en las que invitas a unas pocas, y esas pocas invitan a más, hasta llenarlo todo y superar el afóro. Sin embargo ya no lo sentía así, no le llegaban, ni le llamaban. Era como si necesitase que alguien le dijera que escribir. 

Por un lado, a veces le daban ganas de dejarlo todo, de no seguir, e incluso de dedicarse a otra cosa, por otro, quería y deseaba ser como aquellos a los que leía o había leído en su día, deseaba ser conocido y reconocido como ellos, e incluso influyente para los demás, sentirse que estaba sentado un escalón por encima de ellos, lo cual no dejaba de ser ególatra y hasta pedante, pero se sentía así y no podía evitarlo. 

Sin embargo no daba el nivel, tal vez, por mucho que lo quisiera, aquello no era lo suyo, y se estaba metiendo en un mundo que no le correspondía, aunque quienes le conocían, siempre le habían dicho que por que no escribía un libro, que escribir se le daba bien, y tal vez, se lo creyó, y creyó en él, y entonces escribió. Aunque ese día no, ese día no era el que tocaba, o no se dejaba tocar, no le salía ni le daba forma a nada, y esa nada le hacía sudar más que el calor.

Ese día en lugar de inspiración, había transpiración.

lunes, 22 de julio de 2019

LA PICADURA DE LA MUJER ARAÑA

     Se despertó pensando en ella con una sonrisa, pensando en como era posible que alguien a quien no conocía de nada, hubiese calado tanto en su interior. 

Realmente, aquella mujer no era para tanto, una de tantas a las que había conocido o podría conocer, probablemente tendría una vida como la pudiera tener casi cualquiera, sin embargo algo le había enganchado a ella, tanto que la llamaba "la mujer araña", porque sentía que estaba en su tela de araña, como si de una trampa se tratase, y sin poder escapar, notaba "la picadura de la mujer araña"

Siendo ella de lo más normal, al menos en apariencia, al mismo tiempo tenía un gran magnetismo, como si de un imán se tratase. Tenía carisma y presencia, casi sin hacer nada, ni proponérselo, atraía la atención de cuanto se encontrase a su alrededor, tenía una personalidad casi desbordante, con su luz propia, una luz que en pocas personas podía encontrar, y en ella la encontró, sin tan siquiera haberla buscado. 

La verdad es que no buscaba nada con nadie, estaba en un momento en que no lo necesitaba, ni siquiera con ella lo buscaba, pero tampoco lo rehuía, y si surgía, tampoco se lo tomaría muy en serio, más bien como algo pasajero, sin embargo, le gustaba ese juego de atracción con ella, le hacía sonreír como hacía tiempo que no sonreía, así que, decidió dejarse llevar por él, y si algo en algún momento, no le gustase, dejaría de jugar. En cierto modo quería sentirse sin salida en esa tela de araña, o le gustaba, sentía que ella, más que brazos, tenia patas, como la araña, y sentía que cada una de ellas no dejaban que se fuera, ni se alejara. Parecía incluso que de sus ojos salieran patas, con aquella mirada tan penetrante, y que miraban fijamente, atrapando a su objetivo. Era una mirada dura, casi impertinente, medio chulesca y maliciosa. Y todo eso en su conjunto, la hacían muy atractiva. 

Todo en ella era atractivo, e incluso diría que tenía cierto aire a Angelina Jolie, le atraían sus poses, su voz, probablemente ella misma pensase, y hasta supiera que tenía y dominaba el mundo en su mano, en una sola mano, como si todo, y todos, fuesen infinitamente pequeños, y tal vez, con ella y para ella, todo fuese así. 

Así era, y tal poder tenía, la mujer araña.

lunes, 15 de julio de 2019

EL KARMA, HECHOS DE IDA Y VUELTA

     Muchos creen, o hablan del karma, esa cosa con la que la vida, a veces te da una ostia por algo que has hecho, y otras, simplemente te compensa.

Era su cumpleaños, y hacía tiempo, meses, que no se veían ni tenían trato alguno, ese día hizo planes que le sirvieran de excusa para escaquearse de aquello, dar vueltas por cualquier parte sin destino fijo, esperando que cada cual estuviera en la otra punta de la ciudad o del mundo, si fuese posible. Llevaba todo el día intentando no pensar en aquello, cuando ya se le echó la tarde encima, de vuelta a casa, sonreía con la satisfacción de haberse librado de aquel cumpleaños, cuando todo su ser le dio un vuelco.

Caminaba por la calle, cerca de un escaparate, cuando ahí mismo, notó su presencia, intentó no mirar hacia su presencia, aceleró el paso, intentando pasar rápido y ser invisible, pero fue inútil, se encontraron sin poder evitarlo, sin poder ser invisible, intentando disimular todos sus sentimientos y sensaciones. Se saludaron con alegría fingida de verse, casi más efusiva de lo que debería ser, pero tocaba hacer el papelón.

Digamos que al verse, cumplieron todo el protocolo que toca cumplir cuando llevas tiempo sin ver ni saber de ese alguien; salió el tema del cumpleaños sin poder evitarlo, por lo que tocó felicitar, como si fuese algo muy bueno, un año más, más viejo. Excusaron la ausencia de noticias mutuas en todos sus que haceres diarios.

Antes de despedirse, no pudo evitar la invitación de rigor al cumpleaños, que para su desgracia, no celebraba ese día, por lo que, y sin poder poner razón, ni excusa alguna, tuvo que aceptar, lo que hacía que la cabeza, le diese mil vueltas, pensando como poder escaparse, o que ponerse ese puñetero día, o lo que es peor, que coño regalar, si hacía tanto que no se veían, sin saber que tenía o que pudiera necesitar.

Y así acabó el día, encontrándose con lo que más, en ese momento, quería evitar. ¿Fue el karma?.

lunes, 8 de julio de 2019

LA CENA

   Aquel día, aún no sé por que, mi jefe decidió invitarnos a cenar a su casa, a los más allegados a él en el curro, supongo que lo hizo porque habíamos evitado el holocausto profesional de la empresa, y al menos ese día, esa semana, o ese mes, no se iba a la mierda. La cuestión es que nos invitó, y todos los capullos de mis compañeros dijeron que si, así que no podía ser el único rancio del grupo que dijera que no, y tampoco tenía excusa que poner, ni sabía inventarmelas, joder, ojalá supiera mentir también como él lo hacía con sus superiores. Era lo único que me molaba de él, lo bien que sabía ponerles cara de satisfacción, mientras en el fondo, su cara y su sonrisa era de cabrón. 

La cena era un jodienda que no me apetecía nada, no me apetecía conocer su casa, ni estar en ella, no me importaba nada de él, en lo personal, y aquella noche me tocaba tragarmelo. No sabía ni que ponerme, y tampoco tenía con quien ir, todos los demás irían con alguien, así que me veía solo en medio de todos ellos. 

De camino a casa, al salir del curro, caí en que si podría haber alguien que tal vez me pudiera acompañar, una medio amiga de vecindario que en alguna ocasión fue a mi trabajo, y le molaba mi jefe, no sé que coño le vería, pero le molaba, y eso podría jugar en mi favor, siempre y cuando no estuviera con él todo el tiempo en la cena, ni me hiciera a mi estar con él. Lo guay es que aceptó, e incluso me dijo que mierda ponerme para el bolo ese, al menos esperaba que la cena fuese buena, aunque le veía mucha pinta de cocinillas a mi jefe. El caso es que el tiempo pasó más rápido de lo que me quería y allí, con mi medio amiga, y en medio de los soplapollas de mis compañeros que no le quitaban ojo a mi compañera de cena, me veía delante de la puerta, casi en primera fila. 

Pasamos un rato esperando a que abriesen, parecía que nadie se enterase de que estábamos llamando, hasta llegué a pensar que, o bien a mi jefe se le fue la pinza, y, con suerte, se olvidó de la cena, o que en las horas previas se pilló un moco de puta madre y estaba durmiendo la mona. Al final a uno se le ocurrió aporrear la puerta, y entonces si, abrieron. Abrió una chica, algo más joven que mi jefe, guapilla, y con pinta de haber salido de los años cincuenta, que resultó ser su hermana, o eso dijeron, a saber. 

Entramos, y nos presentamos, fingiendo interés, tomamos una cerveza enlatada, y obviamente, hablamos algo de trabajo, bueno, hablaron, yo intentaba no participar mucho, esperando que todos se emborracharan y pasaran de mi, aunque era algo pronto para eso. La cena no me sorprendió mucho, aunque tampoco soy buen comensal, hubo algo de picoteo barato, un arroz raro al que no supe poner nombre, y pollo asado prefabricado. Me costaba disimular lo raro y cutrecillo que me parecía todo aquello, tanto que mi medio compañera, me pedía y casi imploraba que disimulase un poco más, ilusionada con liarse con mi jefe, eso como postre a toda esa cosa. No puedo pasar por alto la música que pusieron de fondo, que alguna colgada de mis compañeras bailaba, y que me resultaba tan antigua como la hermana de mi jefe, casi me la podía imaginar en blanco y negro, a la música, digo, a la hermana casi también. Por suerte todo aquello pasó en unas pocas horas, y tan pronto como pude, no como quise, me fui, dejando aquel mundo de las rarezas atrás, aunque seguro que más de uno piensa que el raro soy yo, me la suda. 

Me fui tan contento de la cena.

lunes, 1 de julio de 2019

VOLVIENDO A LA OSCURIDAD

     Llevaba largo tiempo descansando, lejos de todo, lejos de los demás, en su paz eterna de la que no quería, ni necesitaba despertar, sin embargo, y en contra de su voluntad, despertó, le obligaron a despertar, volvía a la oscuridad, a la misma que por sorpresa y sin pedirlo, le obligó durante tanto tiempo a estar lejos de los demás. 

Al despertar, casi nada era igual, muchas cosas habían desparecido, se las habían quitado, y sobre todo, y lo más importante, había gente que ya no estaba, se había ido, les habían invitado forzosamente a irse, y no volverían más. Su casa, lejos siempre de ser su hogar ideal, era ahora, un lugar gris, más gris que nunca, y abandonado, dejado a su suerte en manos del tiempo, que si algo hacía, era envejecerlo y desgastarlo más y más, sin piedad. 

Por otro lado, y muy a su pesar, algunas cosas, seguían igual, el cielo de su ciudad, seguía teñido de rojo fuego en el horizonte y más allá. La gente seguía perdida en la oscuridad de la noche, y sus malos vicios, de los que siempre quiso escapar y dejar atrás, sin embargo, aquella ciudad psicótica, era como la tela de una araña, de la que, una vez que caes en ella, ya no puedes escapar, siendo absorbido y devorado por ella. Apenas había un puñado de personas en ella, que le dieran algo de luz y de paz, entre tanta oscuridad. Se sentía confundido y desesperado, sin saber muy bien que hacer, ni que pensar, solo sabía que quería correr y escapar de aquella maldita ciudad.

Aquel caos le despertó de su larga paz,  para acabar volviendo a la oscuridad.

lunes, 24 de junio de 2019

LA MUJER DETRÁS DE LAS LETRAS

       Llevaba tantos años viviendo casi los mismos días, casi con la misma rutina, que ya lo hacía todo de manera automática, como si fuera un robot, ya se había acostumbrado a ello, tanto que casi le daba igual. 

Todos le felicitaban a él, le daban palmaditas en la espalda, y le decían lo bueno que era, un genio decían, alababan sus letras, y sus versos, pura poesía decían, mientras ella siempre estaba ahí, a la sombra, sin hacer ruido y poniendo buena cara cuando, de tarde en tarde, la veían. Guardaba silencio, se callaba lo que solo ella, y él, sabían, y sin decir palabra, lo pensaba mientras les miraba y sonreía. Ella era quien realmente escribía, era la mujer detrás de las letras

Casi desde que se conocieron, se abrieron el uno al otro, y casi desde entonces, él le dio a leer sus páginas, y ella, apremiada por él, opinaba, y él tomaba nota de todo lo que decía, hasta que sobre la marcha ella le corregía, y él reescribía, y a veces, con el tiempo cada vez más, era ella quien se ponía al frente de ellas, y hasta las escribía de cero. 

Con el tiempo dejaron de ser las letras y las páginas de él, ya no eran suyas, eran las de ella, y sus ideas, y sensaciones, era totalmente ella en cada letra, en cada línea y en cada página, y eran mejores que las de él, eran las suyas las que felicitaba la gente. Cada palmada en la espalda que le daban a él, se la daban a ella, y cada premio también. Siempre en la sombra, porque de cara, en aquellos tiempos, y en ese mundo de hombres, nadie la compraría, nadie la leería solo por ser mujer. 

Y aunque a la luz sonreía y se aguantaba, en la sombra, no lo soportaba, y cada vez menos, porque era ella la verdadera autora, pero aquello se volvió tan rutinario y mecánico, que ni él mismo se percataba, e incluso acabo creyéndolas suyas, sin darse cuenta, ni ver, siempre era ella, vaciada en cada párrafo. Era a ella a quien leía la gente, aunque no lo supieran, leían a la mujer detrás de las letras.

lunes, 17 de junio de 2019

LEÍ QUE TE HABÍAS IDO

Leí que te habías ido, y pensé que no era verdad, que era mentira, o una broma, o simplemente que la gente exageraba, o puede ser que no quisiera que fuera verdad que tu adiós era real, aunque era cierto que de un momento a otro, te fuiste de verdad. 

Leí que te habías ido, y al leerlo, fue como llegar a cualquier lugar, y ver que te lo habías llevado casi todo y que no nos dejabas casi nada, tan solo los recuerdos que nos dejas de lo vivído contigo, lo bueno y lo malo, nuestras cercanías y nuestras diferencias.

Te fuiste sin avisar, sin decir adiós, ni tan siquiera darnos un por que, ni una nota o un mensaje en whatsapp, y así, sin más tu marcha me la tengo que creer, porque ya no hay nada, te lo llevaste todo, y nos dejas aquí plantados, en la puerta, fríos, casi sin mirarnos, ni saber que pensar, ni que decirnos.

Sabíamos que estabas mal, que había grandes piedras en el camino, y como supimos, o como pudimos, tratamos de andarlo contigo, pero no fueron suficiente las manos tendidas para sostenerte, y aún así no debiste haberte ido, y menos sin decir adiós, y ni tan siquiera darnos un motivo.

Ya que tu marcha no tiene vuelta a atras, solo un buen viaje te podemos desear, esperando que tengas mejor vida allá donde estés llegando, mientras en esta, siempre te estaremos recordando, así como tú  a nosotros, nos recordarás.

lunes, 10 de junio de 2019

UN DIA DE MIERDA EN LA OFICINA

     Un día de mierda en la oficina, así se puede resumir ese día en pocas palabras, y no era Lunes. 

Llegó como cualquier otro día, sin esperar nada nuevo, más bien esperando la rutina casi tediosa de cada día, con los problemas de mierda de siempre, aunque le cansaban tanto esos o algunos de esos problemas que decidió intentar ponerles fin. El puto navegador tardaba siglos en iniciarse, no arrancaba nunca, así que decidió buscar como solucionar el problema y seguir los pasos para solucionarlo, mala idea sería esa, al menos por una parte. Sería y fue buena porque al menos entonces pareció arrancarle bien, pero mala porque sin pensar en las consecuencias, había perdido páginas y contraseñas usaba a diario. 

¿Qué pasó?, que restableció el navegador del modo en el que venía predeterminado, como si se lo hubiesen puesto sin usar, y eso le hizo perder todo, mala cosa. Recuperar las contraseñas de los correos, de las cuentas de las redes sociales, sus páginas, gran trabajo el que tenía. ¿Por qué todo tiene que ir con contraseñas?, aquello era una puta locura.

Normalmente solía usar la misma para casi todo, mala idea dicen, pero no era una contraseña sencilla ni normal, mucho había que elucubrar para dar con ella, pero no todo tenía la misma, ni el mismo nombre de usuario, obviamente, y dar con todo aquello, venía a ser un coñazo superlativo, que le iba a dar muchos problemas, y le haría cagarse en todo lo que uno pueda imaginar. Se marcó muchos Willy Toledo, no sé si me explico, aunque creo que me entiendes, todo aquello ponía de los nervios casi a cualquiera, más de una puñetera hora para recuperar parte de lo que tenía, porque no dio con todo, aunque si con la mayor parte, y posiblemente la más importante. 

Acabó hasta las pelotas, tanto que cuando ya no podía hacer más por recuperar lo aún perdido, y tampoco tenía ganas, decidió marcharse a casa y dejarlo para el día siguiente, si es que tenía ganas de seguir, desde luego en aquel momento no, ni puta gana, porque si seguía podía mandarlo todo y a todos a una grandísima y pestilente mierda, así que, se fue a casa a escuchar música y olvidarse de todo, y acabar así un día de mierda en la oficina.

lunes, 3 de junio de 2019

UN BAILE SOLO PARA DOS

       La noche iba bien, unas risas, unas copas con las amigas, la música se les metía en el cuerpo, bailaban y se dejaban llevar. 

De repente, mirando a la pista, les vio, al fondo, entre la gente, les vio bailar, bailar y algo más. No era un simple baile, era mucho más, había miradas, había gestos, había complicidad. Se notaba que entre los dos había mucho más, ella lo vio enseguida, de golpe, como si le hubiesen dado un mazazo. De un momento a otro las luces se volvieron oscuras, y la música, sorda, como si hubiese quedado atrapada en una burbuja, y fuera de ella, ellos, juntos, abrazados, dando vueltas sin dejar de mirarse, eran miradas intensas, cargadas de deseos e intenciones, ella lo vio, y lo sintió como si se lo contasen en la distancia. 

Sabía que ese baile, era un baile solo para dos, que ella no tenía sitio ahí, no podía decir, ni hacer nada, porque él no era nada suyo, él no sabía cuanto le gustaba, cuanto sentía ella, solo era una más entre tanta gente a la que no veía. 

La copa se volvió amarga, casi ni la quería, aquel fin de semana que pintaba tan bien, se volvió gris casi negro, solo quería dejar de mirar y olvidar, ya no reía. Se la tomó de un trago, y pidió otra más, más fuerte, no quería mirar, no quería pensar, solo emborracharse y olvidar, porque sentía que cuanto más mirase, y más pensase, antes se podría derrumbar. 

Quería pensar que solo era un tío que le gustaba, que tíos, había mil, pero no era así, no solo era un tío que le gustaba, era él tío que le gustaba, y mucho, y como él, no había mil, al menos ella no los veía, solo a él, y él estaba con otra, otra que no era ella, y eso la cargaba más que la copa. 

Necesitaba salir de ahí, salir y caminar a cualquier lugar, y perderse en el olvido de esa imagen que no quería recordar, ese baile en el que no quería pensar. Porque como ella misma se decía, en ese baile no tenía espacio ni lugar, ese era un baile solo para dos.

lunes, 27 de mayo de 2019

COSAS QUE SE CUENTAN ENTRE VINO Y VINO EN UN AVIÓN

    Como cada mañana, llego con mi pequeño pero intenso café, enciendo el ordenador, y cuando ya por fin, tras mil horas y un rato más, ha cargado y puedo trabajar con él, abro el correo, y tengo un inesperado e-mail de ella, de quien no sabía hacía tiempo y hoy por sorpresa se acordó de mi, y esto fue lo que me escribió: 

"¡¡¡Hola, buenos días desde el aire!!!, después de tanto tiempo sin escribirte, decidí hacerlo hoy, porque hace días que me acordé de ti, y hoy por fin me he decido. ¿Por donde empiezo a contarte?, he mandado todo a la mierda, mucho mierdodrama, mucha teoría de relaciones disfuncionales, muchos miedos y temores, y recuerdos de burdos y efímeros amores de verano. Pero mejor te cuento algo que me pasó al comienzo de este viaje en este pasillo que llaman avión. 

La semana fue para olvidar, casi mejor no contarte. Mucho trabajo en el que todo se fue al carajo, mucho lío de casa en casa, y mi vida siendo la máxima expresión del más absoluto caos, me faltaban días en la semana, y horas en el día, una relación sexual para olvidar, y mucha mala baba. Hoy llegué a este aeropuerto perdido de la mano de Dios, con mis maletas, que más que rodando, las llevaba arrastrando como sacos llenos de muertos, problemas en un control lento, el avión que sin mi quería decir adiós, y con el maldito estómago rugiendo como un león. Luego tocó hacer escála en medio de ninguna parte, cambiar de avión, y más maletas arrastrando. Y otro avión con más gente que asientos, y cargar las maletas en los maleteros o en cualquier hueco, Por suerte no todo es malo y un tipo se ofreció a ayudarme con la puta maleta, gracias a Dios, o al señor, o que sé yo. Me senté, resoplé por no cagarme en la madre que a alguno parió, y me desconecté con mi música, cerrando los ojos, esperando despegar ya y estar bien arriba para no ver más mierda. 

Echaron una película que me sonó a chino, y una azafata con su mejor cara, nos ofreció picoteo, y picoteé, me tome un vino, al tiempo que tipo que me ayudó con la maleta y que se sentó a mi lado, me miró raro, como si no pegara el picoteo con el vino, o no fuera la hora de tomarlo. Al rato me tomé otro, puede que me quisiera emborrachar, el caso es que él me miro igual de raro, o de mal. Le dije que se pidiera otro para él, y se rió como diciendo, -¡que coño!, ¿por qué no?-. 

Me pidió perdón, diciendo que no pretendía molestar, se calló, y al rato, como aburrido, me dijo que podríamos ir hablando, que el viaje sería largo. Le dije que con el tercero, hablaríamos. Se volvió a reir, y me hizo sonreir a mi, bueno no sé si fue él o el vino que me iba relajando y soltando. Parecía majo, como cuarentón, aunque con los vinos ya no le veía tan mayor, le veía casi guapo, ¡jaja!. 

Hablamos de donde veníamos, por que viajabamos..., de nuestros aburridos trabajos, aunque no sé por que, los trabajos ajenos, siempre nos parecen más interesantes que lo nuestros. Hablamos de cine también, y medio de todo eso me pregunta si estoy con alguien, ¿novio? ¿what?, me reí y callé, y viendo que no respondería eso, me habló de él, como esperando o intentando que luego yo le hablase de mi. 

¡Me habló de su ex!, ¿quién habla de su ex cuando quiere ligar?, alguien como él claro, y lo hizo. Me habló de ella y de sus hijos, y de que ahora no sabía que hacer consigo mismo, ¿que soy?, ¿su psicóloga?. Bueno, viendo el panorama y para que no me llorase en el hombro, eso ya lo hago yo, le hablé de mi, y le dije que estar soltero era lo mejor, y me miró raro, otra vez, igual pensaba que lo decía porque se me subieron los vinos, pero ¡no!, se me subió él, y no como me gustaría, sino por su sopor de ex. 

Como no me entendía, y casi ni yo a él, vimos más de la peli esa que sonaba a chino y nos pedimos unas copas, estabamos como de celebración y las copas para él eran más normales que el vino. Luego hablamos de sitios donde habíamos estado. Y a la que me levanto para ir al baño, él viene detrás, que casualidad, ¿también quería mear?. Viendo que iba para nada, creí oirle volver al asiento, y el resto del viaje lo pasamos durmiendo. 

Aterrizamos y ya cada uno con lo suyo, él sus maletas y yo mis muertos, nos fuimos cada uno por su lado. Me tentó mucho darle mi número y escribirnos, pero me dije que más lios no, y volví a mi estrés y mi falta de tiempo para todo, y ahora en otro avión, con mis muertos y otro tipo a mi lado, pensé en ti. Tenemos que vernos a la que aterrice en Madrid". 

lunes, 20 de mayo de 2019

ATMÓSFERA

   Atmósfera, dícese de la capa de gas que rodea a un cuerpo celeste. 

Los gases resultan atraídos por la gravedad del cuerpo, y se mantienen en ella si la gravedad es suficiente y la temperatura de la atmósfera es baja. 

Y quien dice un cuerpo celeste, dice un cuerpo humano, ¿no?. Todos tenemos una atmósfera propia, una en la que nos sentimos bien, es nuestra zona de confort, y al mismo tiempo, y sin poder, y a veces sin querer evitarlo, nos sentimos atraídos por una atmósfera ajena, como si fuese un imán, y nos atrapa, y acabamos respirando su aire, y su zona de confort es la nuestra. 

Y cuanto más estamos en ella, más la queremos respirar, queremos su oxígeno, queremos que sea nuestro, y el nuestro suyo, y así crear una atmósfera única, en un solo planeta. 

Queremos penetrar cada una de sus capas hasta llegar al centro de su tierra, y hacerlo nuestro. Y no importa si son polos opuestos, damos la vuelta a su ecuador hasta dar con el polo similar al nuestro. 

Un único punto en el espacio, en continua expansión en un universo infinito, con nuestras propias estrellas en un único sistema solar.

lunes, 13 de mayo de 2019

CUANDO TODOS LEÍAN A A.J ROB

      Hace tanto de esta época de la que tanto le hablaron, que hasta sus recuerdos eran en blanco y negro, todo lo que se leía y se veía era así, hasta sus páginas se tornaban grises. 

Según le contaron, fueron tiempos agitados, como si a todos ellos y todo lo que pasaba, estuviese metido en una coctelera y lo agitasen fuertemente, todo causaba ruido, mucho revuelo aquí y allá, Pero sobre todo, aquel ser misterioso que emergió repentinamente de no sé que páginas y que causaba gran estupor entre la gente, incluso entre las más altas esferas. 

Nadie sabía quien era, ni siquiera sabían si era hombre o mujer, ni sabían de donde había salido, de un día para otro se encontraron sus páginas en sus librerías, y artículos cada vez más frecuentes de ese personaje al que ni por su forma de escribir sabían identificar, tan solo tenían cinco letras, un nombre o seudónimo, porque ni tan siquiera sabían si era real, solo le podían llamar A.J ROB. Cualquiera podría pensar que era un hombre, por aquello de Rob, pero ¿qué había de A.J?, bien podían ser siglas de mujer, o solo un alias, un callejón sin salida. ¿Y por qué tanto jaleo alrededor suyo?, por lo que escribía, porque escribía pequeños relatos de sucesos, como pequeñas novelas negras, aparentemente inventadas, que sin embargo, y si uno las leía atentamente, parándose en los detalles, tenían entre líneas, cosas de casos reales, de hecho sus relatos, inevitablemente se asemejaba a ellos. En ocasiones, parecía incluso contar cosas que no se habían hecho públicas, y yendo un poco más allá, planteaban cuestiones que ni la misma policía en su investigación, se habían llegado a hacer. 

Todos se preguntaban como era posible que supiera esas cosas, como podía ser que cayera en detalles y cuestiones que nadie más había visto. A.J ROB, de la noche a la mañana estaba en boca de todos, todos los medios hablaban de este personaje al que no sabían como tratar, era como un personaje de ficción al que hubiesen dejado caer del cielo y nadie supiera donde había caído, al tiempo que se estaba en todas partes. Preguntaron en todas partes por él, y por ella, ya que no sabían que ni quien era, preguntaron en periódicos e editoriales, incluso en librerías, y todos decían lo mismo, era un ser anónimo, sin nombre ni dirección que les hacía llegar cada una de sus líneas. 

Y pasó el tiempo sin que nadie averiguase nada, porque A.J ROB, no decía nada de todo lo que se decía, no entraba al trapo en nada de eso, era como si no pasara nada, dejaba caer su textos como si lloviese y lo dejaba estar hasta el siguiente. 

Y como llegó, se fue, dejaba que pasara más tiempo entre un relato y otro hasta no publicar ninguno. Nadie se explicaba por que, no entendían nada, no sabían si era porque se hizo mayor, o simplemente porque ya no le interesaba lo que ocurría y no quiso contar nada más, y hasta intentaron provocar su aparición desde distintos medios para ver si daba señales, pero no, no volvió a aparecer en escena. 

Solo saben que nunca llegaron a olvidar a ese misterioso ser que se hacía llamar A.J ROB.

lunes, 6 de mayo de 2019

NO SÉ CUANTAS BALAS

          No sé cuantas balas silbaron esa noche, una noche que parecía tranquila, una noche más entre tantas noches, nada del otro mundo, nada especial.

Acabada la velada, salía con su gente, sus colegas, sus hermanos, una noche de copas les esperaba en el club, tal vez unas risas, unos bailes y unas rimas como solo él las hacía, pero todo se truncó, se torció en el camino entre las luces de neón que les acompañaban en el camino.

Iba todo bien, gente que le veía, el saludaba o le fotografiaba, era todo muy guay, y de un momento a otro, en un semáforo que le daba aún más luz a la vieja ciudad del juego, se hizo el ruido y la confusión, sonaban como cañones que nadie sabía de donde venían, cristales rotos y cañonazos que se sentían como agujas penetrando en su interior, sangre. Nadie sabía de donde llegaron ni por donde se fueron, en la noche en la que todo sería fiesta, aquellas luces se volvieron oscuras, y nadie supo quien ni por que, simplemente ocurrió.

Y aún hoy se sigue sin saber quien, no hay nombres, ni responsables, solo rumores sin probar, solo silencio y humo para tapar el camino, ruido para desviar la atención, y no pasa nada, y probablemente nunca llegue a pasar, probablemente nadie lo llegue a pagar. Aunque para muchos de nosotros sigas vivo, seas inmortal y eterno, no te olvidamos Tupac Amaru Shakur.

lunes, 29 de abril de 2019

CARTA DE UN ASESINO CONFESO

       Aquella mañana de primavera, en aquella playa de la Costa Azul, tras muchos meses de frío, y de ir y salir continuamente de los calabozos del juzgado de Londres para ver a su cliente, y donde enfermó gravemente, se encontraba bien, era como si hubiese despertado de una pesadilla, o de un mal sueño. Incluso tenía buen aspecto, sin su bigote, que le había acompañado durante media vida o más, parecía más joven y saludable. Sentado en la arena con su traje blanco, inspiró profundamente, llenándose cuanto podía de aquel olor a mar, con los ojos cerrados, escuchando las olas rompiendo al llegar a la orilla, se sentía bien y tranquilo.

Dejándose llevar por ese momento de paz, un cuerpo le hizo sombra, y le despertó, nombrándole con su acento francés, al tiempo que le acercaba un sobre, una carta. Él la tomó agradeciéndole en inglés, olvidando donde estaba y que tal vez, aquella persona pudiera no hablarlo, no se percató de aquello en absoluto. Se quedó mirando el sobre, sorprendido, casi sin saber que hacer, no entendía quien podía escribirle ahí, si no le había dicho a nadie donde estaría, solo su esposa que lo acompañó, podría habérselo dicho a alguien, aunque lo dudaba, fue ella quien le insistió en no decírselo a nadie. En cualquier caso, la carta era para solo él, estaba a su nombre, sin dirección ni remitente. Se puso las gafas y la abrió, entre la sorpresa y la desgana de hacerlo. La leyó, y aunque al principio no entendía nada, su cara fue tornándose en sorpresa y estupor, tanto que la tuvo que leer de nuevo, sin poder o querer creerse cada línea.

La carta, resultó ser de aquel cliente de Londres al que salvó de una larga condena, en ella, le agradecía sus servicios, su interés e insistencia ante un caso que cualquier otro abogado no habría querido coger, en ella, además del agradecimiento, sentía su ingenuidad al haberle creído inocente de aquello, sentía que se hubiese creído a su esposa en su papel de despechada por una infidelidad buscada. Literalmente la carta decía así:

"Estimado abogado Matthew Jones, no podía irme sin despedirme, y sin agradecerle todo el tiempo y el esfuerzo empleados en mi, toda la fe que puso en mi y en mi inocencia, donde y cuando nadie más quiso ni se atrevió a hacerlo, es algo que nunca podré ni tendré como pagarle. 

Lamento todas las molestias personales que le haya podido causar, tanto por el tiempo que le quité con su esposa, como los problemas de salud que le causaron las entradas y las salidas en nuestros encuentros en aquellos lúgubres calabozos. 

También siento haberme aprovechado de su ingenuidad al creerme inocente de los delitos que realmente si cometí, pero mi esposa y yo debíamos buscar la manera de salir de todo aquello y evitar la irreversible condena que me hubiese caído en manos de toda esa corte que deseaba declararme culpable. Pero sabíamos y debíamos invalidar de algún modo el testimonio de la criada de aquella vieja que pretendía adueñarse de mi juventud, y de la cual yo solo pretendía su dinero. 

Gracias a la teatralidad de mi esposa y a su ingenuidad, aquella criada a la que no le caía nada bien, pareció despechada ante la posibilidad de no recibir aquello que creía y era justo por tantos años de fidelidad, y que podría, y pude llevarme yo. 

Solo me queda agradecerle todo lo hecho por mi, una vez más, y desearle una felices vacaciones, antes de su vuelta a nuestra lluviosa Londres. 

Con cariño, Conrad y Lorraine". 

Aún después de haberla leído y releído, no podía dar crédito a todo aquello, tras el caso todo el mundo le creía un gran abogado, o al menos un buen abogado, él siempre pensó que hacía lo correcto, se lo creyó todo, y ahí sentado veía, sin querer aceptar, que había sido objeto de una vil y miserable mentira. 

Todo aquello no podía ser verdad, se decía una y otra vez que no podía ser, tal era su nivel de negación que el pulso se le aceleró, su corazón galopaba, sudaba y sus manos temblaban tanto que dejó caer la carta que se vio arrastrada a la orilla hasta que el mar la engulló llevándose la confesión y dejándole la culpa de haber sido él, el inocente en manos de una retorcida y siniestra mente culpable.

lunes, 22 de abril de 2019

UNA PISTOLA APUNTANDO A MI CABEZA

       Una pistola apuntaba a mi cabeza, estaba fría, como quien me apuntaba con ella, su frío metal me recorría el cuerpo, poniéndome la piel de gallina. 

Tenía dos minutos o menos para decidir si era un soplón o fiel a quienes les guardaba el secreto por el que me apuntaban. 

Un pocos años, aunque me parecían mil, habían pasado desde el momento en el que decidí quedarme en el que resultó ser el lado equivocado de todo aquel follón, me quedé por estupidez, me quedé por amor a alguien que no sabía que existía, a pesar de estar siempre ahí, a su lado. 

Las decisiones que tomé a veces con el corazón, a veces con la bragueta, no te digo que no, no fueron acertadas, más bien fueron monumentales cagadas, unas más de las muchas que tomo, fueron chispazos eléctricos que me complicaron la existencia. Lo sabía cuando las tomé, y aún así seguí, y lo sabía ahora, siempre lo supe. 

Varias fueron las veces que escapé de lo peor, como varias eran las cicatrices que me recuerdan los caminos por los que nunca debí transitar, varias son las veces que se me cruzan todos esos pensamientos, de los que en el fondo casi no se arrepiento. 

Notaba que la pistola, ya gélida, se apretaba aún más a mi cabeza. Sonó un chasquido que casi me cortaba la respiración , el martillo de la pistola ponía una bala en la casilla de salida, rumbo a mi cabeza, al tiempo que quien me apuntaba con ella, dejaba esa pose fría y se impacientaba ante mi silencio y su insistente teléfono que no dejaba de sonar, reclamado por quien le mandó a mi para hacer el trabajo sucio, aquel que le pagaba, supongo que bien, para hacerme cantar. Se le oía lejos al descolgar el teléfono, y aunque no escuchaba bien que decía, le intuía igual o más impaciente que mi sicario, tenía que hacer algo ya, tenía que decidir en ese momento, y en ese lugar oscuro, feo y gris, con una pistola apuntando a mi cabeza.

lunes, 15 de abril de 2019

UN PIANO AHOGADO

     Muchas fueron las veces que había visto aquel viejo cuadro, a aquella señora de bien y respetada, que una buena mañana de Abril, se encontró aquel viejo piano ahogado que sin avisar apareció en la playa una temprana mañana, arrastrado por la brava mar de ese día. 

Dicen que la señora pasó largos minutos, quizá horas junto al piano, que nadie sabía de donde había venido, y que a pesar del mar, no parecía estar muy destrozado, dicen que a la señora, al verlo allí, abandonado, le invadió alta pena, tal vez nostalgia, y en su paseo de pies descalzos por la playa, no pudo ignorarlo y pasar de largo. 

Lo tocó, lo acarició como queriendo consolarlo y calmarlo, se quedó junto a él medio sentada, mirándolo, preguntándose de quien era y de donde venía, y sin poder y casi sin querer evitarlo, lo tocó, tocó sus teclas, con el deseo de despertarlo, de devolverlo a la vida, pero el viejo piano, en su naufragio, tragó mucha agua, se atragantaba con cada nota que la señora pretendía arrancar de sus teclas, y aunque ambos, piano y señora querían, apenas salía una nota oxidada y pesada que llenaba la playa de lo que parecía ser su último aliento. 

Nadie sabe que fue del piano, nadie le preguntó a la señora, ni la señora habló mucho de él, la gente de aquella pequeña ciudad, apenas le prestó atención al caso, y poco se habló de él, Para ellos solo fue una anécdota más, algo pasajero sobre un piano ahogado.

lunes, 8 de abril de 2019

ABISMO: ENTRE LA ESPOSA Y LA AMANTE

          Caminaba al borde del abismo, en la cuerda floja, y aunque por un lado no podía evitar sentir cierto miedo o vértigo al hacerlo, por otro lado le gustaba esa sensación de estar ahí, apunto de resbalar y caer, y quien sabe si en la caída, dejarse llevar, le gustaba ese subidón de adrenalina que le recorría todo el cuerpo y le hacía querer más. Eran dos lados totalmente opuestos, y eso es lo que le gustaba, lo que le ponía, le gustaba ese lado salvaje y desatado que había descubierto de si mismo.

Por un lado estaba ella, la esposa, con la que llevaba tanto tiempo y que le daba estabilidad y equilibrio a su vida, aunque tales cosas en ese tiempo, se habían vuelto algo rutinarias y repetitivas, tal vez monótonas, y por ello le gustaba tanto ese otro lado en el que no hacía tanto que se había adentrado, y por ese lado, estaba la otra, la amante que le daba todo lo contrario, le desequilibraba y le desestabilizaba, y eso, ciertamente lejos de repelerle y hacerle huir, le atraía cada vez más y más.

Con el tiempo, necesitaba con más frecuencia ese lado prohibido y que ocultaba a los demás, que tenía solo para si mismo, necesitaba estar ahí, sin ataduras de ningún tipo, sentirse libre como solo ella le hacía sentir, sin etiquetas, sin razones ni porqués, sin horas, ni días.

Tal vez era lo que había estado buscando toda la vida, tal vez ese era su verdadero ser, el que había ocultado toda la vida por hacer lo correcto, lo que querían y hacían los demás, pero ya no, ya no lo haría más, al menos no del todo, porque ya no sentía ser así, ni quería serlo, solo quería ser libre, poder volar a donde quisiera, sin fronteras, ni peajes, y allí, con ella, con su amante salvaje y libre, podía hacerlo, podía ser todo eso que siempre quiso y reprimió ser y hacer, aunque para ello tuviera que andar en ciertos momentos en el abismo, entre la esposa y la amante.

lunes, 1 de abril de 2019

EL INFIEL CONFESO

             Lo reconozco, no lo niego, fui débil y te engañé, te fui infiel, no pude resistirme ante esa piel preciosa de color chocolate, ante su aroma dulce y ese rico sabor que inundaron mis labios al tocarla, cada sorbo, cada roce, con su intenso calor llenándome, fue un momento de placer infinito, que saboreé lentamente y con gusto.

No es que no me guste tu piel color café, ni tu aroma intenso al estar junto a mi, ni ese sabor igual de intenso que me queda en el paladar cada vez que estamos juntos, todo lo contrario, pero esa mañana no pude resistirme, ni decir que no, no pude dejar aquella ocasión única y de la que no puedo decir que no se repetirá jamás, porque soy así, y aunque siempre estaré junto a ti, a veces, solo a veces, necesito cambiar, esto solo ha sido un paréntesis entre los dos.

Sabes, que a pesar de eso, te quiero y te deseo, sabes que siempre vuelvo a ti, pero aquella mañana no pude rechazar aquel chocolate a la taza de toda la vida, fue algo que no se da todos los días, fue especial, como un día de fiesta, pero tú, mi querida taza de café intenso de cada mañana, eres única para mi, insustituible.

Siempre estaré ahí para saborearte y llenarme de placer con gusto de tostado amargo que me das, para llenarme de tu calor, al sentirte dentro de mi, al tenerte entre mis manos.

Te pido perdón por este desliz, y te pido que me des una nueva oportunidad, porque esto tan bonito que que tenemos entre los dos, ningún chocolate lo podrá cambiar.

lunes, 25 de marzo de 2019

EL NIÑO QUE SOÑABA SER COMO LOS DIOSES

     De niño miraba al cielo, lo miraba durante largos minutos, tal vez horas, miraba y pensaba, e incluso soñaba, soñaba con alcanzarlo, soñaba con llegar más allá de las nubes, y literalmente tener el mundo a los pies, soñaba con ser un Dios. 

Soñaba con ser como los dioses, o al menos como se los imaginaba, se veía así mismo grande, muy grande, casi gigante, gigante y fuerte, tan fuerte como diez mil hombres, y ataviado con una larga capa, tan larga como el cielo, y se imaginaba volar, volar con unas alas tan grandes como las nubes que cubren el cielo un día de tormenta. 

Soñaba con tener el mundo en la palma de su mano, domar el mar como Poseidón con su tridente, y cubrir el cielo de nubes a golpe de rayo como Zeus, soñaba con ser como ellos, ser tan grande como sus leyendas y todas aquellas historias que desde hacía generaciones se contaban. 

Mirando al cielo sus sueños iban más allá, soñaba con ser el dios de dioses, el hombre de hombres, el más fuerte y poderoso de todos ellos, sería el creador de un universo infinito, un creador de mundos, mundos todos ellos envuelto por sus manos, siempre bajo su atenta mirada, siempre obedientes a su voz. Sería el escritor de su destino. 

De niño miraba al cielo, más allá de donde se perdía el horizonte, soñando ser tan infinito como él, soñaba con ser como los dioses.

lunes, 18 de marzo de 2019

UN AMOR DE PRINCIPES Y PRINCESAS

         Aunque a ojos de propios y extraños se veía joven, ante el espejo no se veía así, se veía mayor y con con madurez, la suficiente para tener ya esos sueños y anhelos que cualquier persona mayor y madura pudiera tener, o tal vez fuesen fantasías de esa persona que era ante los demás, por eso no se las contaba a nadie, tan solo a ese montón de folios sueltos que hacían de diario y confidente, a quienes se los revelaba, a ellos y a la noche, a cada noche de cada día.

Soñaba ya con el amor, ese amor del que hablaban ya los que eran, se creían y se veían mayores a su lado, ese amor con el que soñaban y fantaseaban en voz alta, mientras el suyo callaba. 

A su diario de hojas sueltas, le contaba que soñaba con un amor de principes y princesas, uno de esos de novelas en las que todo lo podían, uno de esos donde se desafiaba a la naturaleza, y se cruzaban fronteras, uno de esos donde había villanos, y villanas también, y grandes espadas de caballeros que defendían a sus princesas. Un amor de aventuras y locuras, y en el que se perdía la cordura. 

Soñaba con un amor de esos que se contaban y se cantaban al pie de la ventana, a altas horas de la madrugada, y donde se decía todo con miradas de las que nadie se enteraba. Los vivía en sueños, y los soñaba con los ojos abiertos, esperando que llegase un día de esos, mientras se distraía en clase ante sus maestros. 

Un amor de principes y princesas, o tal vez duques y duquesas.

lunes, 11 de marzo de 2019

DE MADRUGADA

      De madrugada, casi amaneciendo, caminaba con calma, casi sin pisar el suelo, aquellos tacones de aguja, y tras una larga noche, se le hacían largos. Tenía toda la calle para ella, una calle silenciosa y vacía, como sin poner aún. Los demás ya se habían ido hace rato, dejándola sola y con frío, solo acompañada del cansancio que la empujaba a querer llegar cuanto antes a su casa, y a su cama. Solo escuchaba el golpeteo de sus tacones sobre las calles empedradas y que por momentos casi la hacen caer, y preguntándose porque coño los lleva. 

Una voz rompe el silencio, y el repicar de sus tacones, haciéndole frenar en seco y preguntarse de donde viene la voz, al tiempo que la busca. La voz, borracha y con medio cigarro en la mano, estaba sentada en un banco, con la chaqueta sin poner a pesar el frío. Ella no le había visto, no se percató de sus presencia, aún habiéndole llegado el olor a tabaco. No respondió, se dio la vuelta y caminó con un paso más ligero, esperando dejarle atrás. La voz borracha, se levantó y la empezó a seguir, al tiempo que pregunta que a donde va con tanta prisa. 

Ella, nerviosa, coge el móvil para llamar, y la voz pregunta que a quien va a llamar. Marca el primer número de la lista, suena un primer tono a la vez que ella espera que respondan ya, en la espera la voz borracha la alcanza poniéndole la mano en el hombro, ella se da la vuelta y grita, y del miedo el teléfono se le cae, no le da tiempo a oír ninguna respuesta del otro lado. Llevada por el miedo, y sin pensar, le da una sonora bofetada a la voz, haciéndole tambalear, le grita y le insulta, llenando con su miedo el silencio de la noche. Camina como puede hacia atrás, pidiendo que la deje en paz, dejándose el móvil tirado. 

La voz, que logra no caerse, avanza hacia ella. Algunas luces se encienden, y alguien, alarmado por la mujer, sale de un portal, la voz no se percata, no lo ve, y ese alguien que no sabe quien es, le empuja, facilmente le hace caer. Coge el móvil y se lo da, interponiéndose entre ella y la voz, a la que no deja levantar del suelo. Ella no sabe que decir, no puede contestar, solo mira con la respiración casi ahogada, hasta que consigue respirar y dar las gracias, a la vez que la dice que es peligroso ir sola por esas calles, y de madrugada.

lunes, 4 de marzo de 2019

AQUELLOS AÑOS GRISES QUE NUNCA SE OLVIDAN

   Llevaba su vieja maleta en la mano, esa con la que tanto había viajado, y una dirección en uno de sus muchos bolsillos, con una calle que no conocía, que no había visto en su vida. No tenía el número de la calle, tan solo el nombre. 

Cuando llegaron a buscarle, el tren ya se había ido, apenas quedaban unas cuantas personas en el andén de esa vieja estación, que antaño se veía muy poblada, y hoy casi parecía abandonada. Se vio un poco desbordado a su llegada, le hacían fotos con teléfonos que ni cable llevaban. 

Le impresionaba sentir las mismas cosas que no sentía desde que dejó aquel pueblo que hoy veía tan cambiado. Tal vez fuese porque lo recordaba bajo la huella de la guerra de la que huyó, y veía como nuevas sus calles y sus plazas, pequeños rincones que recordaba viejos y grises, y hoy tenían color. 

Se emocionaba y sonreía al oír el ruido de la nueva vida que había en sus calles, y que casi le apagaba el de aquellos días grises de miedo y tensión que aún escuchaba en su cabeza y que durante tanto tiempo había guardado en su corazón. 

Había flores y plantas por todas partes, en balcones y terrazas, dando color a las viejas fachadas. Agradecía que el sol lo acompañara, mientras buscaba la dirección en todos los bolsillos que llevaba. No sabía si lo encontraría, ni que haría, ni que diría al llegar. Fue a paso lento mientras la buscaba, mirando a todas partes, grabando en su interior cualquier lugar, a cada persona con la que se cruzaba, los corrillos de vecinas que iban o volvían de ir a por el pan, y hablaban y reían a las puerta de sus casas, o en escalones de callejuelas que se perdían... Miraba a los escaparates de las tiendas que en sus días no estaban, o por las puertas de los bares que regentaban los hijos de los que entonces con él jugaban. Su corazón galopaba, todo aquello le superaba. Preguntaba aquí y allá por la calle y llegando a ella, se hacía mil preguntas, mil dudas le asaltaban, sin embargo no dejaba de avanzar, no se detenía, ni volvía atrás. Más que andar, flotaba sobre los adoquines y las piedras de aquellas calles, para él casi nuevas, sin soltar la maleta, que parecía pesar cada vez más 

Llegando a una esquina, se paró, dejó la maleta en el suelo y suspiró. Delante de él, había una fachada, que aunque renovada y restaurada, si reconocía, estaba al lado de una tienda de toda la vida, vida que había pasado él comprando y jugando, y de la que muchas veces, casi ni salía. 

Tras pasarle por encima mil y un recuerdos de aquellos años grises que nunca se olvidan, cogió su maleta, diciéndose, -¡qué demonios!, y avanzó hasta llegar a la puerta, y ante ella, plantado y esta vez, sin soltar la maleta, llamó, y después de tantos años, aquella puerta se abrió.