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lunes, 15 de abril de 2019

UN PIANO AHOGADO

     Muchas fueron las veces que había visto aquel viejo cuadro, a aquella señora de bien y respetada, que una buena mañana de Abril, se encontró aquel viejo piano ahogado que sin avisar apareció en la playa una temprana mañana, arrastrado por la brava mar de ese día. 

Dicen que la señora pasó largos minutos, quizá horas junto al piano, que nadie sabía de donde había venido, y que a pesar del mar, no parecía estar muy destrozado, dicen que a la señora, al verlo allí, abandonado, le invadió alta pena, tal vez nostalgia, y en su paseo de pies descalzos por la playa, no pudo ignorarlo y pasar de largo. 

Lo tocó, lo acarició como queriendo consolarlo y calmarlo, se quedó junto a él medio sentada, mirándolo, preguntándose de quien era y de donde venía, y sin poder y casi sin querer evitarlo, lo tocó, tocó sus teclas, con el deseo de despertarlo, de devolverlo a la vida, pero el viejo piano, en su naufragio, tragó mucha agua, se atragantaba con cada nota que la señora pretendía arrancar de sus teclas, y aunque ambos, piano y señora querían, apenas salía una nota oxidada y pesada que llenaba la playa de lo que parecía ser su último aliento. 

Nadie sabe que fue del piano, nadie le preguntó a la señora, ni la señora habló mucho de él, la gente de aquella pequeña ciudad, apenas le prestó atención al caso, y poco se habló de él, Para ellos solo fue una anécdota más, algo pasajero sobre un piano ahogado.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

SOY PUTA

       
    ¿Que soy puta?, si, y bien puta gracias a Dios, pensaba, para eso andaba y era soltera, para putear todo lo quisiera, sin engañar a nadie, porque prefería que la dijeran puta y no señora como a otras que hacían lo mismo que ella con quienes quisieran y se le cruzaban, con esos bien que andaban. 

Señoras que con sus maridos al lado se hacían las dignas y las santas teniendo más caminatas que un peregrino al Camino de Santiago y se quieren hacer las señoras con ella, a pesar de tener lenguas de serpiente para quienes de verdad, para quienes eran valientes; señoras de lenguas viperinas que las ahogaban en sus palabras que pronunciaban sus labios y salían de sus almas, fundidas en versos de noches de sexo que con extraños eran mantenidas, señoras que luego iban por la calle con la cabeza alta y bien erguidas mientras no dudaban en soltar sus lenguas venenosas y viperinas como las espinas que rodean a las rosas.

Soy puta, pero puta de bien, sin soltar veneno como aquellas que llenaban sus bocas de todo menos de miel, y sin disfrazarme ni esconderme debajo de esos vestidos de tiro largo con los que se hacían llamar doña aunque parezca de coña. Y soy señora, más que esas escondiendo su envidia que la sangre las deja tibias, de mi hablan ahora, y me critican porque ahí les pica, porque me ven joven y estoy más rica, y  por eso se joden, porque por más que me imiten, no tienen nada con lo que me copien. 

¿Que soy puta?, si, y bien puta, algo que las quema y nos las gusta, porque ellas, al contrario que yo, no lo disfrutan, porque se tienen que esconder mientras yo me dejo ver, porque están casadas y arrugadas, y con canas teñidas y disfrazadas como sus mentiras de señora que su juventud de niña bien añora y habrían vivido de otra manera ahora.