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viernes, 22 de octubre de 2021

BAJO LA CREMALLERA

Te miro y me miras, sonreímos entre amigos, complices de nuestro silencio porque tú y yo sabemos lo guardas para mi bajo la cremallera, no puedes negarmelo. Sabemos que bajo la cremallera llevas ese top de redecilla que tanto me pone, y a ti también. Sabemos que por él están sujetos tus calientes y suaves pechos que tanto ansías que apriete entre mis manos, sabemos que por los agujeros del top asoman tus pezones deseosos de jugar entre mis manos, pero intentas no pensarlo hasta que no estemos solos. A mi me pasa igual. 

Finjo no pensar en ti, intento no centrarme mucho en ti para disimular, aunque por debajo de la cremallera del pantalón, mi verga arde de ganas de quedarse a solas contigo, tiene prisa por jugar entre tus piernas rebosantes de calor; mis labios no ven la hora de juntarse con los tuyos y que mi boca coma la tuya. Necesito una copa que aplaque las ganas que tengo de ti, las ganas que tengo de contar tus pulsaciones cuando ponga mi cara entre tus tetas calientes y que tus pezones erectos, duros como diamantes llenen mi boca. 

Se me pone dura solo de imaginar tu boca entre mis piernas, tus labios cerrados entorno a mi impaciente erección por ti. Guardas bajo la cremallera los tesoros que tanto quiero tomar, el dulce néctar de tu cálida flor que sabes cuanto me gusta saborear. No veo el momento en el que abras tus pétalos a mi, follarte y apretarte entre mis gemidos y los tuyos, quemarme con tu piel desnuda con la mía, tus piernas cerrándose sobre mi para no dejarme escapar, jadear y exigir más, gemir hasta casi gritar.

Y todo por eso que traes bajo la cremallera.

lunes, 18 de octubre de 2021

EL AMOR NO ES PARA TRES, ¿O SI?

Mucho se habla del amor, y de lo mucho que se habla, se dice que el amor es solo cosa de dos, que tres son multitud..., vaya, que el amor no es para tres, ¿o si?. Lo que está claro que es el amor es muy complicado, y yo lo tengo aún más claro, desde esta noche, a la que asisto a la cena que organizan unos amigos en su casa. Bueno, la cena la organizan entre varias parejas que se conocen desde hace mucho tiempo, yo llegué bastante después a sus vidas.

Por un lado de la cena están los anfitriones de la casa, Elsa y Enrique, una pareja que se conoció en la Facultad de Derecho y que lleva 20 años de matrimonio. Si uno les ve, no piensa que lleven tanto tiempo, no parecen tan mayores como para tantos años, pero si, hace mucho que sus caminos se cruzaron, aunque ultimamente se separan más que se cruzan, es como si de repente ya no se entendieran. Todo son malos entendidos y desacuerdos, tanto así que han acordado darse un tiempo por separado y la oportunidad de conocer a otros, aunque yo creo que no es lo que realmente quieren; lo cierto es que cualquiera diría que estan echos el uno para el otro, aunque ellos no parecen verlo. Para mi gran sorpresa, cada uno de ellos ha decidido invitar a ese otro y esa otra que han conocido, toda una escena de película para cualquiera que la vea. Elsa por su parte, ha invitado a Marcos, un periodista y escritor con alma de filántropo y bastante buena percha, algo más alto que Enrique, barba de macho-man y que al lado de Enrique, y sin querer que esto suene mal, parece bastante más empotrador que él. Les veo y seguro de que a Enrique se le riza aún más el pelo de lo que ya lo tiene al ver a ese maromo al lado de la que todavía es su mujer. En lo que a Enrique se refiere, ha invitado a la cena a una vieja amiga que se ha agenciado como su pareja, Carlota, un pivón más joven que Enrique y que Elsa. Carlota es una mujer con mucha personalidad y que se hace notar donde va, ha venido muy arreglada, como si de una modelo se tratara, vestido rojo, muy llamativo que acentua mucho sus pronunciadas curvas, que claramente son operadas. Está claro que no ha escatimado en arreglarse y acerse destacar, algo que ha tenido fácil desde en su divorcio, le sacó todo a su ex. En ese litigio conoció a Enrique, aunque eso fue hace tiempo y entonces no hubo nada entre ellos, a pesar de que Carlota ya le había echado el ojo a él, se la ve que no pierde el tiempo. Entre las amigas de Elsa, es conocida como Lady Silicona. Verles a los cuatro es casi cómico, yo lo siento por Marcos y Carlota que está en medio de ambos. Dos tríos enlazados entre sí.

Por otra parte están María y David, una ex-pareja que se ha reencontrado después de estar mucho tiempo separada y sin verse. David se fue años atrás a recorrer mundo, y ahora ha vuelto para echar raices aquí y asentar la cabeza, y como donde hubo fuego, cenizas quedan, estas han vuelto a arder entre ellos otra vez, el problema  es que esas cenizas ya no son cosa de dos, sino que en ellas hay una tercera persona, Andrés, el en ausencia de David, se ha convertido en el marido de María. Esta es otra situación digna de un libro, y es que con la vuelta de David y el rebrote de las llamas, María está hecha un lío, porque vuelve a sentir aquella vieja atracción por David, pero al mismo tiempo siente que no puede dejar a Andrés, al fin y al cabo ha estado con ella todos estos años, ha sido su compañero de vida y ahora, de un día para otro, no puede dejarle tirado sin más por un viejo amor. A mi particularmente María y David es una pareja que no me pega mucho, María no es especialmente guapa ni que destaque por nada entre otras mujeres, y David parece ser el típico tío que anda con mujeres más jóvenes que María, quizás más tipo Carlota, pero como el amor es ¡tan raro!, pues es capaz de mezclar huevos con naranjas, y ¿quién soy yo para cuestionar quien se junta con quién?, nadie, ¡si yo soy un cuarentón que se está quedando para vestir santos!.

Y para finalizar, tenemos la otra pata de la mesa, la tercera pareja, o mejor dicho el tercer trío, el cuál me tiene totalmente alucinado, sobre todo por parte de él. Os los presento. Él es Héctor, un tipo anodino y del montón, que no sé como llegó a enamorar a dos pivones que no sé que ven en él. Héctor, por un lado está con Sofía, una mujer sencilla pero muy atractiva, es buena gente y da la impresión de ser mujer de un solo hombre: por otro lado Héctor está con Silvia, una mujer de gran presencia, sofisticada, muy urbanita, muy de ciudad, alta y de grandes pechos, sin operar. Silvia, a la que se ve con buen fondo, es de personalidad intensa y acaparadora, como si todo girase en torno a ella. Lo que me flipa de todo esto es como Héctor ha conseguido no enredarse en este trío, ninguna sabe de la otra, y cuando parece que si puede enredarse, consigue salir de los charcos sin mojarse, da igual si el charco en el que se mete es mayor que el anterior, algo que le suele pasar, el tío logra salir de ellos. Héctor es como un crío, un adolescente que, no sé por que, es incapaz de decir la verdad, y sale de cada situación con una mentira aún mayor que la anterior. Es un mamón con suerte.

Y aquí estoy yo, recién llegado a la casa de Enrique y Elsa, viendo el panorama y pensando en la suerte y la tranquilidad que tengo de no estar con nadie, ni en medio de nada, sin líos ni situaciones estrambóticas.

miércoles, 13 de octubre de 2021

RESEÑA DE "DIME QUIEN SOY"

Hace tres meses dije por aquí que tras ver la adaptación televisiva de "Dime quien soy", de Julia Navarro, tenía intención de leer su obra, pues hoy puedo decir que ayer terminé de leerla, y como esperaba, no me defraudó. 

Han sido 516 páginas en PDF de una intensa y apasionante historia. Sé que no es lo mismo que tener el libro, oler sus páginas cada vez que lo abres..., pero se puede leer y disfrutar perfectamente en la pantalla del ordenador, el iPad..., todo es adaptarse a los nuevos tiempos, y buscar ese momento en el que poder disfrutar de la novela. 

Argumento: Guillermo Abi es un periodista al que su tía le encarga investigar la vida de su bisabuela, Amelia Garayoa, una mujer de la que sólo se sabe que lo dejó todo, a su familia, a su marido y a su hijo poco antes de la Guerra Civil. Para sacarla del olvido, Guillermo reconstruirá su historia desde el principio, siguiendo sus pasos por medio mundo y encajando,todas las piezas del inmenso y extraordinario puzzle de su vida. Marcada por el amor y los hombres que pasaron por su vida, desde su marido, Santiago Carranza, el revolucionario francés Pierre Comte con quien huye por amor, hasta el periodista estadounidense Albert James y el médico militar vinculado al nazismo Max von Schumann, por quien sacrifica su vida hasta su vejez y la muerte de este. La historia abarca desde la España republicana hasta la caída del Muro de Berlín, pasando por la Segunda Guerra mundial y los oscuros años de la Guerra fría. Amelia Garayoa, de familia burguesa y acomodada, es una revolucionaria, esposa, amante y espía, que actuará siempre de acuerdo a sus principios, enfrentándose a todo y cometiendo errores que no terminará de pagar nunca.
 
Lo que menos me gustó:
Como no toda la novela podía ser maravillosa y perfecta, podría decir que lo que menos me gustó es que por momentos se enreda mucho en el politiqueo y su vocabulario, siendo esos tramos un tanto grises y pesados. 

Lo que más me gustó: 1.- La vida en sí misma de Amelia Garayoa y cuanto tiene que hacer y padecer por llevar a cabo sus misiones, a la vez que ha de proteger a quienes ama y la rodean, aún siendo compañías que no la traerán paz precisamente. 2.- El final de la novela, totalmente inesperado. Ese tendría que haber sido el final de la adaptación en televisión. 

Sin duda, y aunque no hayas leído antes a Julia Navarro (como yo), Dime quien soy es una novela muy recomendable y que te puede enganchar o reenganchar a la lectura, como a mi tras años sin leer una. 
 
Siguiente parada: La trilogía del Baztan y su precuela.

lunes, 4 de octubre de 2021

EL SOLDADO DE SANTA ROSA

Santa Rosa era un pequeño pueblo colombiano olvidado de la mano de Dios, situado entre Tolima y Meta. El pueblo era tan pequeño que algunos ni lo consideraban pueblo. En él vivían unas cuantas familias que aún permanecían en él, bien porque nacieron allí o bien porque no tenían medios suficientes para abandonarlo, y tampoco querían dejar solos a sus mayores, aquellos que en su día fueron los jóvenes del pueblo y le dieron vida. Esos mayores, aún hoy recuerdan y hablan de aquel soldado americano que en plena guerra contra la mafia y el terrorismo de Pablo Escobar, llegó malherido al pueblo. Le llamaban el soldado de Santa Rosa. 
 
No sabían como había logrado llegar hasta allí en aquella vieja camioneta que seguramente había cogido para huir. Las condiciones en las que lo encontraron eran bastante malas. Para empezar, lo encontraron unos niños jugando a la entrada del pueblo, a lo lejos vieron una vieja camioneta medio caída hacia un lado. En principio no vieron a nadie en ella, pero la curiosidad puede a cualquier niño, estos se acercaron a curiosear. Ya de cerca si pudieron ver al soldado caído sobre su ventana, como si durmiera, sin embargo pudieron ver que estaba bastante manchado de sangre que aún brillaba. Asustados e impresionados por la sangre, corrieron a avisar al primer adulto que se encontraron. En la carrera, vieron a Dón Julían, el viejo farmaceútico del pueblo, quien corrió en busca de sus dos hijos varones para que le ayudasen a averiguar que pasaba. Guiados por los niños llegaron a la camioneta, donde el cuerpo del soldado seguía igual. Marco, el mayor de sus hijos se sentó en el lado del copiloto para saber como se encontraba el soldado, le encontró muy pálido, pareciera que estuviese muerto, pero no, aún tenía pulso, muy débil, pero se dejaba notar. Andrés, el hijo pequeño de Dón Julián, estaba al otro lado, en la puerta del conductor junto a su padre. Este abrió la puerta muy despacio para que Andrés pudiera sujetar el cuerpo para poder sacarlo. Le sacaron y entre los hijos, con mucho esfuerzo le llevaron a la trastienda de la farmacia. Allí, Dón Julián pudo verle más detenidamente, y pudo comprobar que el soldado tenía tres heridas de bala, la peor, una que le había dado en el higado y por la que había perdido mucha sangre. Aunque Dón Julían tenía conocimientos en medicina, no contaba con el material suficiente para poder curarle, por lo que tuvo que llamar al médico, Dón Humberto, quien se demoró un rato en llegar a ver al soldado. Aunque Dón Humberto ya había visto heridas sangrantes de casi todo tipo, no pudo evitar alarmarse al ver estas, pues nunca vio tan de cerca una de bala. Se preguntaba que le había pasado a ese hombre y de donde había salido. Preguntó si le habían visto alguna identificación con su nombre y buscándole vieron en su pecho una especie de etiqueta o placa en la que se leía Reynolds, sería su apellido, sería el soldado Reynolds, quien evidentemente no era de por allá. Seguramente le habría enviado al DEA en su lucha contra Escobar. Tan pronto Dón Humberto le dio los primeros cuidados, le trasladaron como buenamente pudieron al pequeño hospital del pueblo, aunque más que hospital, aquello era una clínica casi improvisada para que sus habitantes no tuvieran que trasladarse al de Villavicencio o Neiva, que eran los más cercanos. 

El soldado Reynolds pasó allí varias semanas hasta que recobró la consciencia. Cuando despertó, estaba desorientado y apenas pudo hablar, aún estaba débil por la sangre perdida y le costó situarse. Apenas hablaba español, aunque más o menos lo entendía, y le costaba pronunciar, pero con el paso de los días se hacía entender. Desde luego tuvo mucha suerte de dar con aquel lugar y con aquella gente tan hospitalaria que con lo poco que tenían, le daban cuanto podían. Reynolds les agradecía tanta atención y cuidados, y a medida que se fue recuperando en las semanas siguientes, les intentabaa devolver todo aquello como buenamente podía, e intentaba ser lo menos problemático posible. Quiso marcharse en un par de ocasiones, pero su estado aún no le permitía irse por su propio pie, y ni tan siquiera conducir, así que casi a regañadientes tuvo que aceptar seguir allí. Reynolds temía que la gente a la que se había enfrentado, le buscase y le encontrase, en aquel pueblo y con aquella gente que nada tenía que ver en todo aquello y a la que no quería implicar. Temor que un tiempo después se acabaría haciendo realidad. 

Aquel fue un episodio en las vidas de aquellos mayores que nunca pudieron olvidar y que recordaban y contaban como esas historias que cuentan los abuelos, con todo detalle y tan fresca que pareciera reciente. Fue la historia de el soldado de Santa Rosa.

 

sábado, 2 de octubre de 2021

SU AMANTE PERFECTA

Al nacer, sus padres la veían como a una dulce e inocente virgen, de ahí su nombre, pero ya siendo mujer, e incluso antes de llegar a serlo, ella sentía dentro que no era tan inocente, y desde luego, ya siendo mujer, era cualquier cosa menos virgen. Perdió su inocencia bastante joven, sin poder ni querer evitarlo, porque siempre sintió una necesidad física de estar en contacto con los demás, y no con abrazos ni carantoñas, su necesidad era sexual, necesitaba besar, necesitaba tocar y que la tocaran.

Tenía una necesidad muy grande de calor y de placer, pero no de darlo, si no de sentirlo, era una necesidad egoísta. Le daba igual si la otra persona, hombre o mujer, sentía placer, tenía que sentirlo ella. Necesitaba sentir unos labios en los suyos, necesitaba sentir otra piel en la suya, que la tocaran y la excitaran. Con el tiempo esa necesidad se acrecentaba más, la hacía sentirse más mujer, más que necesidad era deseo, y cada vez lo deseaba más. Se deseaba a si misma, deseaba tocarse y sentirse, deseaba ese calor sexual que le daba la otra piel, y la suya también. Deseaba sentir sus manos y las de los demás recorriendo su piel desnuda, e incluso bajo la ropa, imaginando sus pezones excitados bajo los dedos que los pellizcaban y jugaban con ellos. Deseaba sentir una lengua humeda en ellos, deseaba que la hicieran gemir de placer, le gustaba sentir su respiración agitada. Ansiaba unos labios y unas manos que recorrieran su cuerpo hasta su entrepierna y le quemaran con ellos el clítoris, de puro placer, deseaba que la devorasen hasta casi hacerla gritar, agitarse y sudar, no podía parar, no quería parar.

Su sexualidad y su promiscuidad eran exageradas, pero no le importaba, e incluso le gustaba, le gustaba ser esa niña traviesa en un muy deseable cuerpo de mujer. Ella sabía que atraía a los demás, su físico no dejaba indiferente a casi nadie, y su personalidad atraía a cuantos rodeaba. Le gustaba sexualizar a la gente, desnudarla y follarsela con la mirada, siempre fue así, con sus compañeros instituto, de la universidad, e incluso en el trabajo. Le gustaba imaginar que a ellos les sacaba su gordo y erecto pene por la bragueta y chuparselo, devorárselo hasta casi dolerles, a más de uno llegó a hacerselo, y le gustaba que la penetrasen, que se la follaran bien profundo, sentir el golpe de sus pelotas con ella, necesitaba que la reventasen con una buena polla ardiente que la quemara, necesitaba sentirla bien dentro incluso después de haberlo hecho, deseaba llenarse por todas partes de ella, era un animal en celo permanentemente; a ellas les miraba el escote y deseaba meter la mano entre sus pechos, besarlas en el cuello por la espalda y acariciar sus ardientes pezones. Le gustaban las chicas de pelo largo, sobre todo las morenas, aunque no hacía ascos a las demás, ya fueran rubias, castañas o incluso pelirrojas, estas últimas le parecían muy exóticas; y le ponían mucho las chicas con el pelo rizado, siempre le pareció muy sexual, ella misma alguna vez iba con el pelo rizado, y en cualquier caso, siempre largo para que estando desnuda, este tocase sus pechos y sus pezones haciéndose excitantes cosquillas en ellos, se gustaba y se deseaba mucho al verse así. Tampoco le importaba la raza, solo le importaba el sexo, su sexo.

Sola en su habitación, gustaba de verse desnuda o medio desnuda ante el espejo, le gustaba jugar consigo misma envuelta en sábanas o a medio vestir, le gustaba tocarse, sentir su propia piel en su pecho, jugar con la punta de su lengua en sus pezones y luego con su saliva sobre ellos; amaba tocarse entre las piernas con las puntas de sus dedos, meterlos en la vagina y empaparlos con el néctar de su flor que luego lamía y saboreaba; regaba sus pequeños pero firmes pechos con él, llenaba sus manos con su redondo culo, y volvía a jugar con los petalos de deliciosa y ardiente flor, retorciéndose de placer sobre si misma. Y no podía parar, cuanto más lo hacía, más quería, más lo deseaba. Y no quería ni deseaba a nadie más, solo asi misma, todo lo hacía por puro placer suyo, para su cuerpo hambriento y sediento de sexo.

Era su amante perfecta.