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lunes, 29 de abril de 2019

CARTA DE UN ASESINO CONFESO

       Aquella mañana de primavera, en aquella playa de la Costa Azul, tras muchos meses de frío, y de ir y salir continuamente de los calabozos del juzgado de Londres para ver a su cliente, y donde enfermó gravemente, se encontraba bien, era como si hubiese despertado de una pesadilla, o de un mal sueño. Incluso tenía buen aspecto, sin su bigote, que le había acompañado durante media vida o más, parecía más joven y saludable. Sentado en la arena con su traje blanco, inspiró profundamente, llenándose cuanto podía de aquel olor a mar, con los ojos cerrados, escuchando las olas rompiendo al llegar a la orilla, se sentía bien y tranquilo.

Dejándose llevar por ese momento de paz, un cuerpo le hizo sombra, y le despertó, nombrándole con su acento francés, al tiempo que le acercaba un sobre, una carta. Él la tomó agradeciéndole en inglés, olvidando donde estaba y que tal vez, aquella persona pudiera no hablarlo, no se percató de aquello en absoluto. Se quedó mirando el sobre, sorprendido, casi sin saber que hacer, no entendía quien podía escribirle ahí, si no le había dicho a nadie donde estaría, solo su esposa que lo acompañó, podría habérselo dicho a alguien, aunque lo dudaba, fue ella quien le insistió en no decírselo a nadie. En cualquier caso, la carta era para solo él, estaba a su nombre, sin dirección ni remitente. Se puso las gafas y la abrió, entre la sorpresa y la desgana de hacerlo. La leyó, y aunque al principio no entendía nada, su cara fue tornándose en sorpresa y estupor, tanto que la tuvo que leer de nuevo, sin poder o querer creerse cada línea.

La carta, resultó ser de aquel cliente de Londres al que salvó de una larga condena, en ella, le agradecía sus servicios, su interés e insistencia ante un caso que cualquier otro abogado no habría querido coger, en ella, además del agradecimiento, sentía su ingenuidad al haberle creído inocente de aquello, sentía que se hubiese creído a su esposa en su papel de despechada por una infidelidad buscada. Literalmente la carta decía así:

"Estimado abogado Matthew Jones, no podía irme sin despedirme, y sin agradecerle todo el tiempo y el esfuerzo empleados en mi, toda la fe que puso en mi y en mi inocencia, donde y cuando nadie más quiso ni se atrevió a hacerlo, es algo que nunca podré ni tendré como pagarle. 

Lamento todas las molestias personales que le haya podido causar, tanto por el tiempo que le quité con su esposa, como los problemas de salud que le causaron las entradas y las salidas en nuestros encuentros en aquellos lúgubres calabozos. 

También siento haberme aprovechado de su ingenuidad al creerme inocente de los delitos que realmente si cometí, pero mi esposa y yo debíamos buscar la manera de salir de todo aquello y evitar la irreversible condena que me hubiese caído en manos de toda esa corte que deseaba declararme culpable. Pero sabíamos y debíamos invalidar de algún modo el testimonio de la criada de aquella vieja que pretendía adueñarse de mi juventud, y de la cual yo solo pretendía su dinero. 

Gracias a la teatralidad de mi esposa y a su ingenuidad, aquella criada a la que no le caía nada bien, pareció despechada ante la posibilidad de no recibir aquello que creía y era justo por tantos años de fidelidad, y que podría, y pude llevarme yo. 

Solo me queda agradecerle todo lo hecho por mi, una vez más, y desearle una felices vacaciones, antes de su vuelta a nuestra lluviosa Londres. 

Con cariño, Conrad y Lorraine". 

Aún después de haberla leído y releído, no podía dar crédito a todo aquello, tras el caso todo el mundo le creía un gran abogado, o al menos un buen abogado, él siempre pensó que hacía lo correcto, se lo creyó todo, y ahí sentado veía, sin querer aceptar, que había sido objeto de una vil y miserable mentira. 

Todo aquello no podía ser verdad, se decía una y otra vez que no podía ser, tal era su nivel de negación que el pulso se le aceleró, su corazón galopaba, sudaba y sus manos temblaban tanto que dejó caer la carta que se vio arrastrada a la orilla hasta que el mar la engulló llevándose la confesión y dejándole la culpa de haber sido él, el inocente en manos de una retorcida y siniestra mente culpable.

lunes, 22 de abril de 2019

UNA PISTOLA APUNTANDO A MI CABEZA

       Una pistola apuntaba a mi cabeza, estaba fría, como quien me apuntaba con ella, su frío metal me recorría el cuerpo, poniéndome la piel de gallina. 

Tenía dos minutos o menos para decidir si era un soplón o fiel a quienes les guardaba el secreto por el que me apuntaban. 

Un pocos años, aunque me parecían mil, habían pasado desde el momento en el que decidí quedarme en el que resultó ser el lado equivocado de todo aquel follón, me quedé por estupidez, me quedé por amor a alguien que no sabía que existía, a pesar de estar siempre ahí, a su lado. 

Las decisiones que tomé a veces con el corazón, a veces con la bragueta, no te digo que no, no fueron acertadas, más bien fueron monumentales cagadas, unas más de las muchas que tomo, fueron chispazos eléctricos que me complicaron la existencia. Lo sabía cuando las tomé, y aún así seguí, y lo sabía ahora, siempre lo supe. 

Varias fueron las veces que escapé de lo peor, como varias eran las cicatrices que me recuerdan los caminos por los que nunca debí transitar, varias son las veces que se me cruzan todos esos pensamientos, de los que en el fondo casi no se arrepiento. 

Notaba que la pistola, ya gélida, se apretaba aún más a mi cabeza. Sonó un chasquido que casi me cortaba la respiración , el martillo de la pistola ponía una bala en la casilla de salida, rumbo a mi cabeza, al tiempo que quien me apuntaba con ella, dejaba esa pose fría y se impacientaba ante mi silencio y su insistente teléfono que no dejaba de sonar, reclamado por quien le mandó a mi para hacer el trabajo sucio, aquel que le pagaba, supongo que bien, para hacerme cantar. Se le oía lejos al descolgar el teléfono, y aunque no escuchaba bien que decía, le intuía igual o más impaciente que mi sicario, tenía que hacer algo ya, tenía que decidir en ese momento, y en ese lugar oscuro, feo y gris, con una pistola apuntando a mi cabeza.

lunes, 15 de abril de 2019

UN PIANO AHOGADO

     Muchas fueron las veces que había visto aquel viejo cuadro, a aquella señora de bien y respetada, que una buena mañana de Abril, se encontró aquel viejo piano ahogado que sin avisar apareció en la playa una temprana mañana, arrastrado por la brava mar de ese día. 

Dicen que la señora pasó largos minutos, quizá horas junto al piano, que nadie sabía de donde había venido, y que a pesar del mar, no parecía estar muy destrozado, dicen que a la señora, al verlo allí, abandonado, le invadió alta pena, tal vez nostalgia, y en su paseo de pies descalzos por la playa, no pudo ignorarlo y pasar de largo. 

Lo tocó, lo acarició como queriendo consolarlo y calmarlo, se quedó junto a él medio sentada, mirándolo, preguntándose de quien era y de donde venía, y sin poder y casi sin querer evitarlo, lo tocó, tocó sus teclas, con el deseo de despertarlo, de devolverlo a la vida, pero el viejo piano, en su naufragio, tragó mucha agua, se atragantaba con cada nota que la señora pretendía arrancar de sus teclas, y aunque ambos, piano y señora querían, apenas salía una nota oxidada y pesada que llenaba la playa de lo que parecía ser su último aliento. 

Nadie sabe que fue del piano, nadie le preguntó a la señora, ni la señora habló mucho de él, la gente de aquella pequeña ciudad, apenas le prestó atención al caso, y poco se habló de él, Para ellos solo fue una anécdota más, algo pasajero sobre un piano ahogado.

lunes, 8 de abril de 2019

ABISMO: ENTRE LA ESPOSA Y LA AMANTE

          Caminaba al borde del abismo, en la cuerda floja, y aunque por un lado no podía evitar sentir cierto miedo o vértigo al hacerlo, por otro lado le gustaba esa sensación de estar ahí, apunto de resbalar y caer, y quien sabe si en la caída, dejarse llevar, le gustaba ese subidón de adrenalina que le recorría todo el cuerpo y le hacía querer más. Eran dos lados totalmente opuestos, y eso es lo que le gustaba, lo que le ponía, le gustaba ese lado salvaje y desatado que había descubierto de si mismo.

Por un lado estaba ella, la esposa, con la que llevaba tanto tiempo y que le daba estabilidad y equilibrio a su vida, aunque tales cosas en ese tiempo, se habían vuelto algo rutinarias y repetitivas, tal vez monótonas, y por ello le gustaba tanto ese otro lado en el que no hacía tanto que se había adentrado, y por ese lado, estaba la otra, la amante que le daba todo lo contrario, le desequilibraba y le desestabilizaba, y eso, ciertamente lejos de repelerle y hacerle huir, le atraía cada vez más y más.

Con el tiempo, necesitaba con más frecuencia ese lado prohibido y que ocultaba a los demás, que tenía solo para si mismo, necesitaba estar ahí, sin ataduras de ningún tipo, sentirse libre como solo ella le hacía sentir, sin etiquetas, sin razones ni porqués, sin horas, ni días.

Tal vez era lo que había estado buscando toda la vida, tal vez ese era su verdadero ser, el que había ocultado toda la vida por hacer lo correcto, lo que querían y hacían los demás, pero ya no, ya no lo haría más, al menos no del todo, porque ya no sentía ser así, ni quería serlo, solo quería ser libre, poder volar a donde quisiera, sin fronteras, ni peajes, y allí, con ella, con su amante salvaje y libre, podía hacerlo, podía ser todo eso que siempre quiso y reprimió ser y hacer, aunque para ello tuviera que andar en ciertos momentos en el abismo, entre la esposa y la amante.

lunes, 1 de abril de 2019

EL INFIEL CONFESO

             Lo reconozco, no lo niego, fui débil y te engañé, te fui infiel, no pude resistirme ante esa piel preciosa de color chocolate, ante su aroma dulce y ese rico sabor que inundaron mis labios al tocarla, cada sorbo, cada roce, con su intenso calor llenándome, fue un momento de placer infinito, que saboreé lentamente y con gusto.

No es que no me guste tu piel color café, ni tu aroma intenso al estar junto a mi, ni ese sabor igual de intenso que me queda en el paladar cada vez que estamos juntos, todo lo contrario, pero esa mañana no pude resistirme, ni decir que no, no pude dejar aquella ocasión única y de la que no puedo decir que no se repetirá jamás, porque soy así, y aunque siempre estaré junto a ti, a veces, solo a veces, necesito cambiar, esto solo ha sido un paréntesis entre los dos.

Sabes, que a pesar de eso, te quiero y te deseo, sabes que siempre vuelvo a ti, pero aquella mañana no pude rechazar aquel chocolate a la taza de toda la vida, fue algo que no se da todos los días, fue especial, como un día de fiesta, pero tú, mi querida taza de café intenso de cada mañana, eres única para mi, insustituible.

Siempre estaré ahí para saborearte y llenarme de placer con gusto de tostado amargo que me das, para llenarme de tu calor, al sentirte dentro de mi, al tenerte entre mis manos.

Te pido perdón por este desliz, y te pido que me des una nueva oportunidad, porque esto tan bonito que que tenemos entre los dos, ningún chocolate lo podrá cambiar.

lunes, 25 de marzo de 2019

EL NIÑO QUE SOÑABA SER COMO LOS DIOSES

     De niño miraba al cielo, lo miraba durante largos minutos, tal vez horas, miraba y pensaba, e incluso soñaba, soñaba con alcanzarlo, soñaba con llegar más allá de las nubes, y literalmente tener el mundo a los pies, soñaba con ser un Dios. 

Soñaba con ser como los dioses, o al menos como se los imaginaba, se veía así mismo grande, muy grande, casi gigante, gigante y fuerte, tan fuerte como diez mil hombres, y ataviado con una larga capa, tan larga como el cielo, y se imaginaba volar, volar con unas alas tan grandes como las nubes que cubren el cielo un día de tormenta. 

Soñaba con tener el mundo en la palma de su mano, domar el mar como Poseidón con su tridente, y cubrir el cielo de nubes a golpe de rayo como Zeus, soñaba con ser como ellos, ser tan grande como sus leyendas y todas aquellas historias que desde hacía generaciones se contaban. 

Mirando al cielo sus sueños iban más allá, soñaba con ser el dios de dioses, el hombre de hombres, el más fuerte y poderoso de todos ellos, sería el creador de un universo infinito, un creador de mundos, mundos todos ellos envuelto por sus manos, siempre bajo su atenta mirada, siempre obedientes a su voz. Sería el escritor de su destino. 

De niño miraba al cielo, más allá de donde se perdía el horizonte, soñando ser tan infinito como él, soñaba con ser como los dioses.

lunes, 18 de marzo de 2019

UN AMOR DE PRINCIPES Y PRINCESAS

         Aunque a ojos de propios y extraños se veía joven, ante el espejo no se veía así, se veía mayor y con con madurez, la suficiente para tener ya esos sueños y anhelos que cualquier persona mayor y madura pudiera tener, o tal vez fuesen fantasías de esa persona que era ante los demás, por eso no se las contaba a nadie, tan solo a ese montón de folios sueltos que hacían de diario y confidente, a quienes se los revelaba, a ellos y a la noche, a cada noche de cada día.

Soñaba ya con el amor, ese amor del que hablaban ya los que eran, se creían y se veían mayores a su lado, ese amor con el que soñaban y fantaseaban en voz alta, mientras el suyo callaba. 

A su diario de hojas sueltas, le contaba que soñaba con un amor de principes y princesas, uno de esos de novelas en las que todo lo podían, uno de esos donde se desafiaba a la naturaleza, y se cruzaban fronteras, uno de esos donde había villanos, y villanas también, y grandes espadas de caballeros que defendían a sus princesas. Un amor de aventuras y locuras, y en el que se perdía la cordura. 

Soñaba con un amor de esos que se contaban y se cantaban al pie de la ventana, a altas horas de la madrugada, y donde se decía todo con miradas de las que nadie se enteraba. Los vivía en sueños, y los soñaba con los ojos abiertos, esperando que llegase un día de esos, mientras se distraía en clase ante sus maestros. 

Un amor de principes y princesas, o tal vez duques y duquesas.

lunes, 11 de marzo de 2019

DE MADRUGADA

      De madrugada, casi amaneciendo, caminaba con calma, casi sin pisar el suelo, aquellos tacones de aguja, y tras una larga noche, se le hacían largos. Tenía toda la calle para ella, una calle silenciosa y vacía, como sin poner aún. Los demás ya se habían ido hace rato, dejándola sola y con frío, solo acompañada del cansancio que la empujaba a querer llegar cuanto antes a su casa, y a su cama. Solo escuchaba el golpeteo de sus tacones sobre las calles empedradas y que por momentos casi la hacen caer, y preguntándose porque coño los lleva. 

Una voz rompe el silencio, y el repicar de sus tacones, haciéndole frenar en seco y preguntarse de donde viene la voz, al tiempo que la busca. La voz, borracha y con medio cigarro en la mano, estaba sentada en un banco, con la chaqueta sin poner a pesar el frío. Ella no le había visto, no se percató de sus presencia, aún habiéndole llegado el olor a tabaco. No respondió, se dio la vuelta y caminó con un paso más ligero, esperando dejarle atrás. La voz borracha, se levantó y la empezó a seguir, al tiempo que pregunta que a donde va con tanta prisa. 

Ella, nerviosa, coge el móvil para llamar, y la voz pregunta que a quien va a llamar. Marca el primer número de la lista, suena un primer tono a la vez que ella espera que respondan ya, en la espera la voz borracha la alcanza poniéndole la mano en el hombro, ella se da la vuelta y grita, y del miedo el teléfono se le cae, no le da tiempo a oír ninguna respuesta del otro lado. Llevada por el miedo, y sin pensar, le da una sonora bofetada a la voz, haciéndole tambalear, le grita y le insulta, llenando con su miedo el silencio de la noche. Camina como puede hacia atrás, pidiendo que la deje en paz, dejándose el móvil tirado. 

La voz, que logra no caerse, avanza hacia ella. Algunas luces se encienden, y alguien, alarmado por la mujer, sale de un portal, la voz no se percata, no lo ve, y ese alguien que no sabe quien es, le empuja, facilmente le hace caer. Coge el móvil y se lo da, interponiéndose entre ella y la voz, a la que no deja levantar del suelo. Ella no sabe que decir, no puede contestar, solo mira con la respiración casi ahogada, hasta que consigue respirar y dar las gracias, a la vez que la dice que es peligroso ir sola por esas calles, y de madrugada.

lunes, 4 de marzo de 2019

AQUELLOS AÑOS GRISES QUE NUNCA SE OLVIDAN

   Llevaba su vieja maleta en la mano, esa con la que tanto había viajado, y una dirección en uno de sus muchos bolsillos, con una calle que no conocía, que no había visto en su vida. No tenía el número de la calle, tan solo el nombre. 

Cuando llegaron a buscarle, el tren ya se había ido, apenas quedaban unas cuantas personas en el andén de esa vieja estación, que antaño se veía muy poblada, y hoy casi parecía abandonada. Se vio un poco desbordado a su llegada, le hacían fotos con teléfonos que ni cable llevaban. 

Le impresionaba sentir las mismas cosas que no sentía desde que dejó aquel pueblo que hoy veía tan cambiado. Tal vez fuese porque lo recordaba bajo la huella de la guerra de la que huyó, y veía como nuevas sus calles y sus plazas, pequeños rincones que recordaba viejos y grises, y hoy tenían color. 

Se emocionaba y sonreía al oír el ruido de la nueva vida que había en sus calles, y que casi le apagaba el de aquellos días grises de miedo y tensión que aún escuchaba en su cabeza y que durante tanto tiempo había guardado en su corazón. 

Había flores y plantas por todas partes, en balcones y terrazas, dando color a las viejas fachadas. Agradecía que el sol lo acompañara, mientras buscaba la dirección en todos los bolsillos que llevaba. No sabía si lo encontraría, ni que haría, ni que diría al llegar. Fue a paso lento mientras la buscaba, mirando a todas partes, grabando en su interior cualquier lugar, a cada persona con la que se cruzaba, los corrillos de vecinas que iban o volvían de ir a por el pan, y hablaban y reían a las puerta de sus casas, o en escalones de callejuelas que se perdían... Miraba a los escaparates de las tiendas que en sus días no estaban, o por las puertas de los bares que regentaban los hijos de los que entonces con él jugaban. Su corazón galopaba, todo aquello le superaba. Preguntaba aquí y allá por la calle y llegando a ella, se hacía mil preguntas, mil dudas le asaltaban, sin embargo no dejaba de avanzar, no se detenía, ni volvía atrás. Más que andar, flotaba sobre los adoquines y las piedras de aquellas calles, para él casi nuevas, sin soltar la maleta, que parecía pesar cada vez más 

Llegando a una esquina, se paró, dejó la maleta en el suelo y suspiró. Delante de él, había una fachada, que aunque renovada y restaurada, si reconocía, estaba al lado de una tienda de toda la vida, vida que había pasado él comprando y jugando, y de la que muchas veces, casi ni salía. 

Tras pasarle por encima mil y un recuerdos de aquellos años grises que nunca se olvidan, cogió su maleta, diciéndose, -¡qué demonios!, y avanzó hasta llegar a la puerta, y ante ella, plantado y esta vez, sin soltar la maleta, llamó, y después de tantos años, aquella puerta se abrió.

lunes, 25 de febrero de 2019

LA FELICIDAD

   La felicidad vive ahí, al lado de la culpa, al lado del peligro, al lado del miedo. 

Es frágil, en cualquier momento, sus tres compañeros con los que hace frontera, la pueden hacer saltar y romper, cualquiera de ellos, la pueden hacer efímera como una estrella fugaz, su eternidad puede durar un momento, pero no por ello, se deja de disfrutar, ni se deja escapar. 

Si pasa, la tienes que agarrar, cogerla al vuelo, fuerte, y no dejarla ir, tienes que hacerla tuya, y que sea plena, y más que plena, inmensa, aunque esa inmensidad no sea eterna. 

La felicidad está ahí para hacerle frente a la culpa, al peligro y al miedo, es como la Cenicienta y sus hermanastras, es la luz ante esas tres nubes negras que siempre, más o menos cerca, están ahí, acechándonos, esperándonos como depredadores a su presa. 

Es el sol, que aunque escondido detrás de las nubes, u oculto por el manto de la noche, siempre está, siempre sale a despejar nuestros cielos, y darnos luz y calor, a calmar nuestros mares tras la tormenta. La felicidad, nos saca del ahogo, permitiéndonos respirar, son alas que nos hacen volar hacia la paz.

La felicidad vive ahí, al lado de la culpa, al lado del peligro, al lado del miedo, pero también, junto a nosotros, a nuestro lado.

lunes, 18 de febrero de 2019

EN MEDIO DE NINGÚN LUGAR

    Llegó allí sin pensar en aquel lugar, sin planear que aquel fuera su destino, casi sin saber como. Se despertó en la arena, casi húmedo y con olor a mar, y sin poder explicárselo, desnudo, no veía su ropa, ni sus cosas por ningún lugar. 

Se sentía aletargado, resacoso y con sabor a agrio coñac, estaba claro que había bebido, y mucho, se sentía aún en estado de embriaguez. Hacía ya algunas horas que había amanecido y no sabía muy bien que había pasado esa noche, ni que había hecho, se sentía perdido, allí sentado y desnudo en medio de ningún lugar. 

Se levantó como si pesara tres veces más de lo normal, lento y casi torpe, respiró y tapándose sus partes, casi escondidas por el frío de la noche y el amanecer, como buenamente podía, echó a andar a ninguna parte, sin saber muy bien a donde ir, y en ese caminar a ningún lugar, se fue acercando un coche, le oía, pero no se atrevía a mirar, se debatía consiguió mismo, porque una parte de él quería que parase y le ayudara, la otra quería pasara de largo como si no le hubiese visto, al tiempo que se decía "tierra trágame", pero le vio, y no solo le vio, sino que según se le acercaba, aminoró la marcha hasta estar a su altura.

Él continuó caminando, sin mirar, abochornado y casi colorado por la situación, y con él continuó aquel coche a marcha lenta. No quería mirar, temía que fuera la guardia civil y se lo llevaran esposado y desnudo por quien sabe que cargos; o peor aún, que fuera algún conocido que quien sabe porque maldita razón, se encontrase, precisamente allí, y de todas las situaciones imaginables, y que se pudieran dar, se dio una que si bien no era la peor, tampoco llegaba a ser la mejor, en aquel coche, y casi parada a su lado, se encontraba una mujer, sonriendo divertida, por lo cómico de la situación. Al final se rindió y paró, y ella también, y evidentemente se tuvo que explicar, si es que era posible explicarlo, ni siquiera sabía muy bien como, lo cual para él hacía que todo aquello fuera mucho más bochornoso, y para ella más divertido aún. 

Con ambos parados, ella se bajó, y le ayudó, le cubrió con una manta, que si bien, con aquel calor no era lo mejor, fue una buena solución, y ya cubierto, se lo llevó a su casa, que a buen seguro quedaría más cerca que de donde él estuviera o pudiera ir. Y allí, pasó unos días, o unas semanas que le parecieron días, hasta que, gracias a ella, pudo ponerlo todo más o menos en orden y recuperar su vida, aunque desde entonces, y desde aquel lugar, ya no sería igual, porque se había enamorado de ella, y de aquel paisaje perdido en medio de ningún lugar que jamás podría olvidar.

martes, 20 de noviembre de 2018

EL TIEMPO EN SUS MANOS

       El tiempo en sus manos, ese eras su sueño, poder dominar el tiempo, hacer con él cuanto quisiera, soñaba con adelantarlo o atrasarlo a voluntad, cada vez que le diera la gana. 

Podría ir hacia al futuro y al pasada cuanto quisiese, podría cambiar esas cagadas del pasado que todos tenemos, borraría casi de un plumazo todas esas cosas que hizo o simplemente le salieron mal, todo aquello que en su día no quiso pero tuvo que hacer, regresaría una y otra vez. 

Reviviría todos los buenos momentos que vivió, e incluso serían mejores, el primer beso, el primer amor, aquél concierto al que fue a escondidas, su primera borrachera, o la última tal vez, o simplemente esa cervecita fresquita que entraba tan bien. 

Deseaba conocer el futuro, quería saber, saber que le pasaría esa semana, y a la siguiente también, o lo que ocurriría en un año o no yendo tan lejos, en un mes. Así se mentalizaría, e incluso se anticiparía a él. Sería como Marti McFly viviendo su propio Regreso Al Futuro, controlaría el tiempo a placer. 

Poder, a eso se reducía todo, a tener poder, el poder de manejar el tiempo como un títere maneja a su marioneta, moviendo las agujas del reloj, adelante y atrás. Saldría el sol, y se pondría la luna cuando le diese la gana, sin que nadie le dijera cuando tener que acostarse o levantarse, dominaría el día y la noche, jugando con ellos como un niño que juega con su pelota.

Tendría el tiempo en sus manos.

martes, 6 de noviembre de 2018

LOBORUCITA

  ¿Y si el cuento no acabó como nos lo contaron?, ¿y si el lobo no cayó al arroyo y murió allí?. No todo es como lo cuentan...

Porque cuentan, dicen por ahí que Caperucita, tras su episodio con el malvado lobo, enloqueció, perdió la razón, e iba de casa en casa asustando y comiendo niños y abuelos, pero ¡no!, ¡no era Caperucita!, era el lobo disfrazado de ella, oculto bajo su caperuza roja, que logro sobrevivir y continuaba con sus fechorías, engañándolos con fingida voz de niña para atraparlos. 

Cansados del lobo, todos los leñadores del bosque, se reunieron y armaron con cuanto les pudiera servir de arma, y decidieron no quitarle ojo al lobo, y seguirle a donde fuera para poder atraparle. Y así lo hicieron, turnándose, le seguían a todas partes, hasta que un buen día le rodearon bosque adentro, y justo y por pura casualidad, al borde de un arroyo, otra vez. 

El lobo al verse atrapado y descubierto otra vez, se quitó la caperuza, y para ocultar el miedo que le atenazaba por verse nuevamente en aquella situación, se mostró más feroz y más hostil que nunca, aunque de poco o nada le sirvió. 

Asustado y sin pensarlo, dio la vuelta adentrándose sin darse cuenta, en el arroyo. Aquello lo aprovecharon los leñadores amenazantes con sus armas, para acabar con él, haciéndole quedar atrapado en sus aguas, de las que esta vez, se asegurarían de que no saliera con vida. 

Y así fue, el lobo pereció en el aquel implacable ataque, haciendo que tras tanto tiempo de tropelías, volviera la calma al bosque y a la vida de los leñadores.

domingo, 4 de noviembre de 2018

CIEN RELATOS CONTIGO

           Hace ya más de seis meses cumplíamos 50 Relatos Juntos, hoy, tanto tiempo después, y más de tres años también, cumplo, Cien Relatos Contigo, cien relatos, miles de líneas y de palabras, en otros tantos pensamientos y sentimientos compartidos solo contigo. Lo más intimo y profundo de mi, escrito solo para ti. 

De los cien, unos te habrán llegado más, te habrán hecho sentir y reir, o llorar y temblar, otros no, en cualquier caso, espero y deseo que en ninguno o casi ninguno, dejaras de sentir frío o calor, de ser así, logré mi propósito, el cual extiendo a los próximos cincuenta y cien más que pueda escribir. 

Estos como aquellos, no sé como saldrán, no sé si serán buenos o malos, oscuros o no, pero si sé que como entonces, saldrán unos del alma, del corazón, y por supuesto, de la imaginación, de la fantasía, esa fantasía que no dejará de tener un toque de realidad. 

No serán relatos perfectos, ni de esos grandes escritores que los medios adulan a voces, pero serán honestos, y serán nuestros, míos y tuyos, contados desde mi verdad, a mi manera, que es como creo que mejor te los puedo relatar. 

Y como entonces, no me quiero despedir sin antes poderte decir, que te estoy muy agradecido por este tiempo que me has dado, en el que me has comentado, y en el que me has leído.

Así pues nos leemos en los siguientes cincuenta y cien. Cien relatos contigo.

lunes, 29 de octubre de 2018

CUANDO CONOCÍ A MR. PERRILTON

El día que entré en sus oficinas, no sabía que tanto me depararía el día, pero al cabo del mismo, si puedo decir que fue para no perdérselo, o si. 

Me desperté con una mezcla de seguridad en mi y un leve nudo en el estómago que no dejaba de hormiguear, tanto era, que no sabía si desayunar, o pedir un café al llegar. Al llegar, me daba miedo, o al menos respeto hasta respirar, no se oía casi ningún ruido, salvo el de la chica detrás del mostrador que te recibía, te anunciaba, y cuando él daba su permiso, te decía donde ir. Y fui, subí piso tras piso en ese ascensor casi silencioso hasta llegar a su planta, y salí encontrándome el mismo silencio que hacía parecer que la vida allí se hubiera parado, y al entrar en su despacho lo parecía aún más. Mejor dicho, era como si hubiera viajado en el tiempo al pasado.

Entré en su despacho, que casi se asemejaba más a un apartamento de soltero, o uno de esos que tienes para escapar de todo. Saludé timidamente en medio de ese silencio que envuelve todo el edificio y sus alrededores, y me respondió casi a lo lejos una voz que aún se esforzaba por parecer grave y no perder su posición, pero que inevitablemente, con el paso de los años pierde fuerza. Seguí el camino por el que me parecía que había llegado esa voz hasta llegar a una sala al menos pretendía ser una mezcla de despacho y cuarto de estar, medianamente grande, luminosa y acogedora. Y allí estaba él, casi imponía tanto como la foto de sus mejores años que destacaba en aquella estantería llena de libros que probablemente nunca o casi nunca leía.

Miraba por la ventana, en silencio. Yo me paré a unos pasos de su escritorio sin decir nada, sin saber que hacer, y entonces me miró, serio, como si casi no supiera que pasaba, se acercó a su mesa y me preguntó si era quien mandaban como su asistente, Asentí, y con un gesto me invitó o me hizo sentar. Se presentó con su acento inglés, ese acento con el que te parece que te habla con un chicle en la boca, pero en el que se le entendía bien. Se presentó como Mister Perrilton o Señor Perrilton, jamás había oído un apellido así, aunque no lo cuestioné, por lo inglés que se oía, y como él decía, casi con gracia, tampoco lo había oído ni visto en otros, salvo en si mismo.

Nos pasamos el tiempo frente a frente, conociéndonos, hablando de cada cual, o más bien sometiéndome a su interrogatorio en el que me dio la sensación de que era un poco tocapelotas. Todo lo cuestionaba con escepticismo, como si ya no creyera en nada o simplemente lo hiciera por diversión, parecía ser esa clase de gente que con el tiempo pierde la fe en todo. Decidí tenerle paciencia e intentar no juzgarle tan pronto, al fin y al cabo no le conocía de verdad, y podría ser que con el tiempo dejase ver a alguien distinto.

Mister Perrilton, o el Señor Perrilton era o pretendía ser o seguir siendo el típico caballero inglés, del centro de Londres, entrado en años, delgado, casi huesudo, siempre lo fue, al que el alzheimer empezaba a memar y borrar sus recuerdos, como quien formatea un ordenador. Mi labor, en los meses que pasaríamos juntos, era, básicamente, la de ser su memoria en esos momentos de olvido, que por entonces no eran todavía muchos ni notables.

El Señor Perrilton llegó hace ya unas decadas, enamorado, pero no de una mujer, enamorado del país, de su gente y su cultura, y no fue capaz de dejarlo, por mucho que añorase su querido Londres.

Así pues, cada día iba a esa especie de despacho-apartamento, y le leía sus correos, correos que a pesar ser o pretender seguir siendo un caballero inglés, guardaba por e-mail. Se los leía, escribía y mandaba. También, varias veces a la semana, le leía el periódico, unas veces alguno local o nacional que me mandaba comprar, en el que le leía de política, otras, pocas veces y solo por que le apetecía criticar, de sociedad, y a veces, tanta como de política, le leía de deportes. Otras veces, por internet, le buscaba alguno inglés, tras traducirlo claro, no hablaba nada de inglés, ignorancia la mía que le causaba gracia, y le leía sobre lo que le acontecía por aquellos lares, que tanto tiempo llevaba ya sin ver, y que más pronto que tarde quedarían en el olvido.

Con el tiempo me tomando confianza, y con ella me dejó conocerle un poco más, aunque no por ello dejaba del todo ese lado cabroncete que le habían dado los años, o posiblemente nosotros y nuestra forma de ser. Me toleraba ciertas confianzas con él, aunque procuraba ser prudente, por lo que nunca me terminé de soltar del todo. Supongo que esas distancias y ese respeto fue el que dio pie a tenernos confianza.

Hoy, que ya no estoy con él, puedo decir que con el tiempo vi en Mister Perrilton a otra persona, al verdadero Señor Perrilton, para bien y para mal. Solo espero que en su mundo, y en el olvido en el que ya estará sumido, sea feliz, y que a ratos, aunque pequeños, se acuerde de mi, porque yo si me acuerdo de él.

jueves, 25 de octubre de 2018

DEAR JACK

        Dear Jack, o Querido Jack, así comenzaban todas sus cartas, cartas que le escribía cada semana, o a lo más tardar cada mes, cartas en las que siempre le decía acordarse de él. 

En ellas le preguntaba como estaba, que hacía, y como estaba mamá, y hablaba de él, de por que estaba allí, tan lejos de casa, por que estaba en un lugar del que no sabía si iba a volver, aunque eso en ellas no lo plasmara, y siempre le decía, aunque a veces fuese mentira, que estaba bien.

En sus cartas, siempre le contaba como él y sus compañeros ayudaban a la gente, gente que sufría y padecía, y que ellos con unos simples gestos y una sonrisa, aliviaban. Y le contaba como aquellas personas tanto se lo agradecían, como con cosas sencillas como un plato de arroz, o de sopa o tan solo un trozo de pan, sentían que les salvaban la vida. No le contaba que imágenes quedaban grabadas en su retina, que sonidos guardaría para siempre en su cabeza de aquella horrible y cruenta guerra que tanto daño en el camino dejaba, no le escribía de sus noches de frío y en vela, ni del hambre que él mismo a veces aguantaba, ni de cuantas balas y bombas a su alrededor silbaban, provocando temblores como si de terremotos se tratara, en el suelo que pisaba.

Decía acordarse mucho de él, y de su madre, de los dos, decía echarles mucho de menos, y de cuantas ganas tenía de estar con ellos, juntos los tres otra vez; le mandaba saludos de sus compañeros, a los que probablemente, nunca llegase a conocer.

Y siempre, para finalizar, le decía..."cuida de mamá, y cuidate tú también."...Dad.

viernes, 19 de octubre de 2018

LA CIUDAD DE LA FELICIDAD

   Espero a que cese la lluvia para poder salir a caminar por las calles hoy encharcadas de esta vieja ciudad, esta ciudad que la gente de hoy ve fotografiada en blanco y negro, esta ciudad que me vio nacer. 

Camino por sus calles tranquilas y a la vez llenas de vida, mirando a esa gente y esas caras de aquellos hijos y aquellos nietos de aquellos con los que pasé mi infancia y mi juventud, aquellos con los que jugé, y con los que se escapaba de la escuela para ver a las que entonces llamabamos mozas.

Caminando, me vienen a la memoria momentos y sonidos de aquellos años en los que entonces todo era más sencillo, más simple, donde toda la gente se comunicaba más entre si, donde se asociaba más. Recuerdo olores y aromas ahora perdidos de aquella que los de mi generación ya casi extinta, llamamos "la ciudad de la felicidad", felicidad por todos aquellos recuerdos de una vida que se fue y no volverá a ser, momentos de una vida a la que a la gente de hoy invitaría a vivir, una vida en fotos que recuerdo sin tanto estrés y menos autómata que la de nuestros días. 

Eran días sin televisión, días de radio hoy añeja pero familiar y hogareña que llenaba esos ratos entre chato y chato, porque chatear por aquel entonces era una actividad mucho más social que la de hoy en día, chatear era otra cosa. Eran días de periódico de papel, de periódico menos universal, sin champions y tal. 

Eran días donde como hoy, salía a caminar por las calles de mi ciudad, mi ciudad de la felicidad.

viernes, 12 de octubre de 2018

NOCHE DE VINO, DÍA DE RESACA

    Desperté, creía que aún me duraba la borrachera, miré la hora y vi que era pronto, muy pronto aún para hacer nada, los efectos de aquellas copas de vino y algo más aún me invadían, era como si cada poro de mi piel aún estuviera bebiéndolo, dejándome sumido en la embriaguez, era como estar bañado en aquel vino, buen vino. 

Tras mirar la hora y ver que había dormido menos de cinco horas, caí en que no estaba borracho todavía, era resaca, ¿resaca yo?, casi nunca me pasa, de hecho esta es la segunda vez, habiéndome emborrachado muchas más de diez, el gusto a aquella segunda botella de vino aún me duraba, como si la hubiese estado bebiendo toda la noche con la sensación de borrachera permanente. 

Con la tensión probablemente disparada, no lo sé, el cuerpo me pedía mil cosas a la vez, quería agua, chorros de agua que se llevasen ese torrente de sensaciones embriagadas, me pedía dormir, dormir más, que con el despertar tan temprano, se acentuaba más, quería dormir hasta que el más profundo de los sueños, se llevase aquella maldita resaca; también y no sé por que, me pedía azúcar, ¿será que el azúcar puede batallar con la resaca y ganarla en la pelea?, quien sabe, igual es cuestión de probar, al fin y al cabo lo peor que me puede pasar es seguir en su compañía, dejando que cada una de mis células se conviertan en gotas de vino que me recorren y me emborrachan los sentidos.

En cualquier caso decido no dormir, eso lo dejo para más tarde, optando por hacer caso a la primera petición de mis neuronas, agua, mucha agua que sustituya a todo lo demás, y así paso el día, y con su paso, la resaca se va, dejándome solo ganas de dormir más que las mantas.

Y dormiré, dormiré hasta que me embriague otra vez y vuelva la resaca.

viernes, 5 de octubre de 2018

BURBUJA

      Unos lo llamarán química, otros milagro de la vida o de la naturaleza, en cualquier caso, lo cierto es que difícil imaginar como empieza todo, como llegas casi de la nada, ni como te sientes ahí dentro. 

Es difícil imaginar si oyes y sientes todo lo que pasa aquí afuera, mientras estás ahí en tu burbuja de paz, es difícil imaginar si entiendes lo que pasa o te preguntas donde estás, es difícil si quieres estar ahí dentro, donde nadie te molesta, o quieres salir ya, es dificil imaginar si compartes sensaciones, dolores y angustias, alegrías y tristezas, es difícil imaginar si ríes o lloras al mismo tiempo que lo hace ella?. 

Es difícil imaginar a que juegas, es difícil imaginar si ahi dentro tienes hambre o pasas sed, o si ves algo ahi dentro o todo es oscuridad, es dificil imaginar que vida te pueda esperar.

Das patadas, te mueves de aquí para allá en esa burbuja que con el paso de los meses en los que te alimentas y creces, se va achicando sin que seas consciente de lo que ella contigo en cada momento siente. Siente tanto que sin tú saberlo le provocas risa y le provocas llanto.

Eres vida, vida dentro de otra,  vida que viéndote tan pequeña, eres una gran gota, vida que tanto alborota, dentro de esa burbuja que con el tiempo cae como una hoja, hoja que de las entrañas nace y brota, nace y florece, florece y crece.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

ESTO NO ES UN ADIÓS

      A ti que sabes más de lo que aquí escribo y más de lo que se pueda leer, te digo que esto no es un adiós, porque un adiós implica un punto y final que aquí no se da, un adiós es una última página que aquí y ahora no tenemos, y no la tenemos porque esta historia, nuestra historia, tuya, mía y de todos los que nos rodean, continúa, no se acaba. 

No sé como ni cuando continuará, pero seguirá, porque así ha de ser, porque queremos, porque la vida no nos cruzó en el camino, para ahora, por capricho, tenernos que separar. 

Nos volveremos a ver, volveremos a hablar, a reír y sonreír; volveremos a dar color a la vida, a nuestras vidas, que hoy, solo hoy se tornan un tanto gris e incoloras.

Esto es solo un descanso, un paréntesis en nuestras vidas, hasta que nos volvamos a encontrar. Por todo ello te digo que esto no es un adiós, ni un final, esto, mi vida, es un hasta luego, o hasta la vista, o como quiera que se diga por allá.

Descansa y no dejes de cuidarte, porque tras este punto y aparte, no tendré que extrañarte.

jueves, 20 de septiembre de 2018

SI NO ERES TÚ

      No me vale si no eres tú, si no es tu voz la que oigo al abrir la puerta, no me vale si no es tu risa la que ríe, si esa canción no la cantas tú, porque no suena a ti, porque no es a ti a quien voy a ver, y si no te veo, nada me vale si no eres tú. 

Porque nada es igual sin ti, el tiempo no pasa ni corre igual, nada tiene el mismo sonido, ni la misma música, ni tan siquiera tiene el mismo color, nada suena igual si no eres tú, porque nada se siente igual, no hay la misma alegría, la vida no se vive igual si no eres tú con quien la puedo vivir, con quien me puedo reír, ni cantar, y en tu infinita ausencia, solo te puedo extrañar, porque sin ti nada pinta igual. 

Aunque te parezca absurdo, sin ti todo se tiñe de gris oscuro, y en esta garganta que no te puede hablar, solo hay nudos que me dejan mudo, porque ¿a quien voy a hablar si no eres tú?. 

Si no eres tú, yo no soy yo, nada en mi es igual, no tengo la misma energía, ni las mismas ganas ni alegría; si no eres tú, el sol no luce igual en este día. 

Y en la despedida, no es a ti a quien digo adios, ni hasta más ver, porque por suerte, es a ti a quien veré la próxima vez, y entonces todo cambiará, todo irá bien. 

Y entonces no te diré como son las cosas, si no eres tú.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

LA VIDA ES BESO

     La vida es beso, y el beso es vida, es el mejor lenguaje que podemos hablar, es universal, todo el mundo lo maneja y lo sabe interpretar.

En un beso se reunen todos los sentimientos que uno puede albergar, es posiblemente la mayor muestra de todos ellos en un solo gesto, en un solo momento, así que...¿por qué no besamos más?. Deberíamos hacerlo, al menos intentarlo y probar, probablemente nos entenderíamos mejor, nos entenderíamos más, porque, ¿qué mejor muestra de cariño, de amor y hasta de perdón podemos y nos pueden dar?.

Con un beso sobran las palabras, no hace falta decir nada, no tienes nada que contar, todo se dice y todo se cuenta en ese simple y sencillo gesto, que puede ser breve o puede ser prolongado, depende de cada cual. Con él, se siente y se deja sentir todo, el tacto, el calor, los latidos..., todo va en ese beso que no necesita nada más, por mucho más que se le pueda dar.

Se puede recibir bien o se puede recibir mal, pero a casi nadie un beso le cae mal, muchos lo ansian recibir, y muchos lo anhelan dar, en cualquier caso, un beso no se puede negar, no se debe rechazar, porque a veces pocos tienes ocasión de recibir, y pocos tienes ocasión de dar.

El beso es vida y la vida es beso.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

EL ORBE DE LOS DESEOS

     Desde su más tierna infancia, lo guardaba y custodiaba celosamente como si de su guardián se tratara, años llevaba sin separarse de él, siempre escondido a la vista de los demás, guardado cada vez en un sitio distinto, e incluso a veces lo llevaba consigo para que nadie se lo pudiera quitar.

Era su joya, su más preciado tesoro, su secreto, nada valía más, era su orbe de los deseos.

Cada noche, cuando todos ya dormían y nadie podía escuchar, sacaba aquella bola que parecía como hecha de piedra y cristal, la sacaba en la oscuridad, solo iluminada por la luna que dejaba entrar por la ventana.

No recordaba donde ni cuando la encontró, solo que desde entonces de ella no se separó, siempre juntos por cualquier rincón del mundo

Bajo la luz de la luna, brillaba como ninguna, a sus ojos tornaba mágica con aquellos colores que alegremente bailaban, colores que iban del azul aguamar, al violeta caramelo. Se le iba la noche dándole vueltas entre sus manos teñidas por la luna de aquellos colores. 

Cada noche, cuando comenzaba a brillar, le contaba sus secretos, sus confidencias como si su mejor amigo fuese, y le pedía y hasta le rogaba sus más profundos deseos, esos que a nadie más contaba, con el convencimiento de que aquella bola mágica los escuchaba y se los concedería, creyendo firmemente que al menos la mayoría se cumplirían. Era su ritual mágico de cada día.

No sabía cuanto tiempo pasaba cada noche con ella, no sabía si eran horas o minutos o simplemente segundo, ni siquiera lo miraba, era como si todo se parase en ese momento, como si el reloj no corriese y la tierra dejase de girar, no existía nada más.

Y tras contarle todas sus cosas, todos sus miedos y todos sus anhelos, se dormía abranzdo su orbe, abrazando sus deseos como quien abraza su amor más grande, con la seguridad de que nada ni nadie en este mundo iba a separarles.

martes, 28 de agosto de 2018

UNA CAMA, UN MASAJE Y ALGO MÁS

   Llamo, espero y después de unos segundos oigo pasos tras la puerta, y abre. No sabía quien sería mi cliente ni que me esperaba, y me la encuentro a ella, una mujer más que atractiva, esbelta y de gran presencia, de mirada dulce, tan dulce que parece que me quiera proteger. 

Con toda la confianza del mundo me toma de la mano y me hace pasar, cierra y me lleva con ella hasta su habitación, al entrar en ella, cierra la puerta como si quisiera que nadie nos molestase aún estando solos, ya dentro deja caer la bata dejando ante mis ojos su cuerpo desnudo, ¡y que cuerpo!, es perfecto, el cuerpo que todo hombre, y diría que mujer también, pueda desear. Es perfecto, líneas y curvas perfectas, una piel de aspecto suave, pechos grande y redondos, de pezones como garbanzos que te los quisieras comer, ¡y que culo!, redondo y grande, desearías tenerlo sentado sobre ti.

Sin dejar de alegrarme la vista con ella, se tumba en la cama, cerró los ojos y deja que yo me encargue de todo, empiezo por sus largas y finas piernas echando un suave aceite relajante que extiendo con mis manos muy suavemente, entrando en calor al tocar su piel, recorriéndolas desde los tobillos hasta sus suaves y firmes muslos y casi más allá, me excito, y noto que ella también, la veo mordiéndose los labios levemente, y casi puedo jurar que está medio húmeda. Subo por sus caderas, inesperadamente me coge de las manos y las lleva a su pelvis haciendo que la masajee, y con el masaje nos excitamos los dos, tanto que ella no puede reprimir un gemido, lo que provoca que yo tenga una fuerte erección que espero, no llegue a ver, pero es inútil, en su excitación su mano busca mi miembro y lo encuentra, y sobre los pantalones lo masajea como yo la masajeo a ella. 

En aquél masaje mutuo, ella se mueve cada vez más, tiene la respiración más agitada y eso hace que sus pechos no dejen de moverse arriba y abajo, lo que me hace sin poder evitarlo, que mis manos vaya a ellos y masajee suave pero intensamente, intensidad que acrecienta nuestra excitación.

Me mira, me mira con lujuria, con ganas de devorarme, las mismas ganas que tengo yo de ella. Se sienta mirándome como un tigre mira a su presa, sin darme tiempo a reaccionar me desabrocha el cinturón y el pantalón, lo baja haciendo mi erección todavía más evidente, y me termina de desnudar de cintura para abajo, haciendo que mi verga casi la de en la cara. Se da mi aceite en sus manos y la masajea junto a todo lo demás, y gimo de un placer infinito, sonríe divertida y acto seguido se pierde en su boca al tiempo que mis pelotas descansan en sus manos calientes y aceitosas. 

Me termino de quitar la ropa mientras ella sigue mamando mi verga y todo lo demás, estoy muy cachondo. Se levanta rozando nuestros cuerpos, nos comemos la boca, la penetro y gemimos a la par, creo que se ha oído en toda la casa, y no puedo parar, no quiero parar, pringamos la cama de aceite, la revolvemos en aquel revolcón caliente como la lava de un volcán. 

Lo hacemos de todas las maneras y posturas que puedas imaginar, es un chorreo de excitación y ganas que no podemos frenar. El masaje se ha convertido en un polvo que no queremos acabar, pero no podemos más, estamos apunto de corrernos, tanto que estamos a punto de explotar. 

Gemidos y temblores acaban con lo que iba a ser, y empezó siendo un masaje y nada más.

lunes, 20 de agosto de 2018

NO VOLVERÉ A CONFESAR

       No volveré a confesar, no volveré a decir ni a contar lo que siento por ti, cuanto me llegas a gustar y cuanto me haces volar. 

Me lo guardaré para mi, dentro de mi, donde nadie lo pueda ver y donde nadie lo pueda escuchar, solo te lo diré si se da algo entre los dos, algo que indique qué eso que nos pasa, es más que amistad, algo que indique qué al menos es o puede ser amor, entonces y solo entonces, te abriré mi alma y mi corazón. 

Porque no quiero que todo lo bueno y todo lo bonito que se pueda dar entre tú y yo, lo pueda estropear un imposible amor. 

Por lo tanto, cuando nos crucemos en el camino, cuando nos veamos, cuando nos conozcamos, no volveré a confesar todo aquello que siento, todo aquello que me llego a guardar y tragar casi sin masticar.

Procuraré guardar la distancia que dos desconocidos se han de dar, procuraré guardar la distancia que la amistad exige marcar, y el destino y el camino dirán si nos debemos acercar un poco o mucho más.

Y si me acerqué demasiado, si algo más que amistad te confesé y con ello nuestra buena amistad estropeé, perdonamé, no debí, pero fui debil y caí, no aprendí y me prendí de ti, pero si lo hice, si llegué a hacerlo, si aprendí, entonces seguro que no volveré a confesar.

miércoles, 15 de agosto de 2018

CIELO GRIS

    ¿Qué hacer cuando tienes un día o un momento lluvioso?, no se sabe, es un momento que se presenta sin más, sin avisar, sin buscarlo ni esperarlo, llega de repente como en llega en un día gris, tu cielo se encapota, se nubla cubriéndose de negros nubarrones que amenazan lluvia, la lluvia que sin poder hacer nada, brota de tus ojos, nublando por completo tu día y tu cielo, una lluvia que te encoge el corazón y te hace sentir triste y melancólico como un día lluvioso, y no lo puedes evitar. 

Notas las lágrimas que se amotonan en tus ojos queriendo salir a borbotones atropellándose unas a otras, y no puedes hacer nada por impedírselo, porque de todas formas van a salir, necesitas que salgan y por tanto se lo permites, y lloras como llora el cielo, salen dejándose caer frías, recorriéndote la cara y bajando por el cuello, y no las paras, te da igual, necesitas descargar igual que descarga la tormenta hasta que no quede ni una en tu cielo nublando, y lo haces sabiendo que detrás de estas, probablemente vengan más como vienen mas nubes por detrás, para llover más y más. 

Dejas que llueva en silencio, sin que nadie de ello se pueda percatar, sin que nadie se pueda ni se llegue a mojar, porque es tu tormenta, es tu lluvia, y con ella, solo tú te has de mojar hasta que no quede ni una nube que te haga llorar más.

Dejas que las lágrimas arrecien como arrecia la lluvia en una tarde de otoño, fría, triste y gris, así como te sientes, como lluvia de otoño, y sabes que pasará, y que probablemente mañana salga el sol, pero hoy no, hoy no es su día, ni su momento, ni el tuyo tampoco, y lo llevas como puedes, te rindes y te dejas llevar hasta que de tus nubes, no pueda llover más, y lo dejarás pasar, esperando que mañana sea un día mejor, esperando que mañana quiera salir el sol.


miércoles, 8 de agosto de 2018

NUNCA, ES DEMASIADO TIEMPO

       Nunca, es demasiado tiempo, mucho, pero tal vez, solo tal vez, jamás llegues a saber, ni siquiera a pensar cuanto de ti hay dentro de mi, todo lo que me haces sentir, pensar e imaginar. 

Es posible que nunca llegues a hacerte una idea de cuanto me provocas, de cuanto se acelera mi corazón y mi adrenalina con solo saber que te tendré cerca, con solo saber que de mi, a ratos te acuerdas. 

Tal vez nunca te diga cuanto me duele tenerte lejos y saber que algún día aún más lejos de mi estarás, tanto que será una distancia que no podré salvar, tal vez nunca sepas que tan largos se hacen los días sin ti y que cortas son las horas y que rápido pasa el tiempo estándo a tu lado, aunque nunca, es demasiado tiempo.

Posiblemente nunca te haga saber que siempre esperé una señal en la que pudiera ver que tú sentías si no lo mismo, al menos la mitad de lo que yo siento por ti, posiblemente nunca me llegues a ver ni a mirar como yo te veo y te puedo mirar a ti, y de cuanto me gusta tu risa y tu sonrisa, ni de que por lejos que estés, nunca me olvidaré de ti, aunque nunca, es demasiado tiempo.

Probablemente nunca leas que todavía te sigo esperando, como nunca imaginé quererte tanto, ni que sin necesitarte para nada, te necesite tanto, aunque problablemente nunca, es demasiado tiempo.

viernes, 3 de agosto de 2018

EL AMOR ES COSA DEL DIABLO

      El amor es cosa del diablo, y que no me digan que no. 

Piénsalo, cuando te enamoras pecas, pecas de pensamiento, de lujuria, te invaden las ganas y el deseo, cuando te enamoras eres capaz de saltarte todas las normas, todas las barreras que te encuentras, no evalúas el riesgo, no lo ves, solo ves a esa persona y todo lo que con ella quieres y ansías hacer. 

Fantaseas con esa persona, con mil y una cosas que con ella imaginas hacer, te sube la adrenalina y te sube el calor, no te importa entrar en el infierno del pecado de la carne, es más, te tiras de cabeza, porque lo quieres, porque lo deseas, claro que lo deseas, ¡y de qué manera!.

Cuando te enamoras te duermes pensando en ella, pensando en él, y al despertar la piensas también, el amor se te mete en la sangre como veneno de serpiente, te recorre como la sangre invadiendo todo tu ser, sin antídoto posible, sin nada que poder ni querer hacer, porque te gusta esa sensación, te vienes arriba, sin vértigo, sin pensar en la caída ni como pueda ser, te arriesgas a caer.

Y cuando ya es tarde, muy tarde para dar marcha atrás, cuando ya es tarde para poderlo solucionar, el diablo, en su infinita maldad, te dice una vez más que ese amor no puede ser, que es un amor imposible, que otra vez ese amor no es para ti, y se regodea en tu sufrimiento, y mete el dedo en la yaga para hacer la herida más grande, y que sangre más. Y ahí se queda, mirándote y riéndose, disfrutando de tu pesar, viendo como te hundes más y más, y en ese instante y en cierto modo te arrepientes de haberte dejado llevar.

El amor en sus manos, tan bonito al principio, acaba siendo macabro y cruel, y cuanto más lo sientes más te quema la piel, y nada te consuela, nada te sirve de remedio ni alivio, solo el tiempo que ralentiza hasta la exasperación, te puede ayudar, y mientras pasa, te toca aguantar, mientras esperas que por el camino ese amor puedas y dejándo y olvidando.

Al final piensas que el amor es cosa del diablo.