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jueves, 25 de octubre de 2018

DEAR JACK

        Dear Jack, o Querido Jack, así comenzaban todas sus cartas, cartas que le escribía cada semana, o a lo más tardar cada mes, cartas en las que siempre le decía acordarse de él. 

En ellas le preguntaba como estaba, que hacía, y como estaba mamá, y hablaba de él, de por que estaba allí, tan lejos de casa, por que estaba en un lugar del que no sabía si iba a volver, aunque eso en ellas no lo plasmara, y siempre le decía, aunque a veces fuese mentira, que estaba bien.

En sus cartas, siempre le contaba como él y sus compañeros ayudaban a la gente, gente que sufría y padecía, y que ellos con unos simples gestos y una sonrisa, aliviaban. Y le contaba como aquellas personas tanto se lo agradecían, como con cosas sencillas como un plato de arroz, o de sopa o tan solo un trozo de pan, sentían que les salvaban la vida. No le contaba que imágenes quedaban grabadas en su retina, que sonidos guardaría para siempre en su cabeza de aquella horrible y cruenta guerra que tanto daño en el camino dejaba, no le escribía de sus noches de frío y en vela, ni del hambre que él mismo a veces aguantaba, ni de cuantas balas y bombas a su alrededor silbaban, provocando temblores como si de terremotos se tratara, en el suelo que pisaba.

Decía acordarse mucho de él, y de su madre, de los dos, decía echarles mucho de menos, y de cuantas ganas tenía de estar con ellos, juntos los tres otra vez; le mandaba saludos de sus compañeros, a los que probablemente, nunca llegase a conocer.

Y siempre, para finalizar, le decía..."cuida de mamá, y cuidate tú también."...Dad.

viernes, 8 de diciembre de 2017

LLUEVE

    Cae agua sobre la ciudad en la que nunca llueve ni cae nieve. 

Prisas y estrés a la hora del trabajo y el café, contaminación que nos hace caminar bajo una nube de polución que va en todas sus tonalidades del gris al marrón. 

Gente que a la carrera se guarda y resguarda bajo la lluvia que no amaina y les deja encerrados para no quedar hasta los huesos calados. 

Pies del derecho y del revés que a buen ritmo no dejan de andar sobre calles que se mojan sin parar, sin paraguas y solo bajo sus abrigos sin importar cuanto se puedan mojar hasta empapar. 

Dejan lágrimas en esas huellas que quedan en el camino esperando que pronto bajo otros pies hayan desaparecido. 

Miradas extrañas en caras de las que ni se percatan pero que sonrisas para dentro sacan, esperando que alguien les pregunten si bajo la música de la lluvia, bailan.