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lunes, 9 de septiembre de 2024

El camino


Volví a perderme en el camino. ¡Estaba tan animado de haberlo encontrado!. Entusiasmado y asustado a la vez, era casi pánico antes dar el primer paso. 

Al principio avancé  a paso firme sobre el sendero, sin importar los baches, sin mirar si estaba empedrado, barro y oscuridad me perseguían a paso lento, o quizás lo hacían más rápido de lo que quería ver. Intento recordar como me perdí, en que momento exacto sucedió, y como de repente me encontraba en medio de la nada, sin ánimo, con rabia, con miedo, perdido otra vez. 

Por primera había pensado que todo iría bien, y que si algún día iba mal, solo sería un día y pasaría pronto, pero, aquí estoy de nuevo, perdido, y la frustración de no encontrar el rumbo me bloquea, y sin motivación para moverme, me quedo quieto y agazapado como un niño aterrado. Me encontraba perdido otra vez, sin saber por qué.

miércoles, 18 de noviembre de 2020

EL FACTOR SORPRESA

Había conducido durante más de una hora su viejo Ford de los 80 que todavía, y sin quejarse, le llevaba a todas partes. No había avisado a nadie que de saldría de la ciudad, ni de que iría a ver a su familia por el cumpleaños de su pequeña nieta que ya se hacía mayor y al que en su momento no pudo asistir, ni siquiera a ellos les dijo nada, quería darles una sorpresa. 

La casa en la que vivían estaba tan alejada de todo, que ni se podía considerar de pueblo, estaba apartada de la civilización, apartada del mundanal ruido, en medio de un silencio casi tétrico, solo una desgastada carretera rompía la virginidad de aquellas tierras. Al llegar, aparcó relativamente lejos de la casa, no quería que ni el ruido del viejo motor le delatara y le estropease el factor sorpresa con el que fantaseaba. Se bajó del coche y sacó del maletero varias bolsas de la compra que había guardado y que ese día había llenado de todo lo que se le ocurrió que pudieran necesitar, además del regalo que con bastante antelación al cumpleaños, había comprado. Se repartió las bolsas entre las dos manos y echó a andar hacia la casa campo a través, intentando evitar que le vieran llegar por la entrada principal.

El camino estaba cubierto de árboles bien tupidos que en verano daban una agradable sombra en la que refugiarse del tremendo calor, sin embargo, en esos días en los que el otoño ya estaba en plenitud, dejaban el suelo repleto de hojas secas, coloreando el paseo de un marrón verdoso y seco que era casi acogedor. Llegando a la casa, aminoró el paso por el crujir de las hojas que chivarían su llegada. Cada pisada de sus viejas botas eran una señal de alarma que saltaba diciendo que se alguien llegaba. Procuraba pisar despacio, no sabía si pisar de punta o con el tacón. Las hojas no hacían más que quejarse a modo de crujido con cada una de sus pisadas que las machacaban y las partían. 

Cuando ya la tenía a la vista, se quedó detrás de un árbol, intentando ver por alguna de sus ventanas si alguien le pudiera ver llegar, no le pareció ver a nadie y supuso que estarían por las habitaciones, o el sótano quizá. Conservando el factor sorpresa de su llegada, apresuró el paso para evitar que le viesen. Algo cansado, pues había tomado el camino más largo para llegar, se plantó delante de la puerta y antes de llamar, se paró y tomo aire, aire puro del campo, sin contaminar, no como el de la ciudad que olía a gasolina y quien sabe a cuantas mierdas más que respiraba cada día. Más relajado, cogió las bolsas con una sola mano y con la otra llamó a la puerta con los nudillos, dando tres o cuatro golpes, quizá cinco. Esperó un rato hasta que escuchó pisadas que corrían a la puerta, seguramente era la cumpleañera a la que daría una gran sorpresa, y se la dió.

Era ella quien corría y quien abrió la puerta, la puerta y la boca ante la llegada de su abuelo a quien no esperaban ese día. Le gritó a su madre -¡mamá, es el abuelo!, mirando a las escaleras que llevaban al piso de arriba, a las habitaciones. Poco tardó en bajar junto a su marido, con la misma cara de sorpresa que puso la niña al abrir. 

Hubo besos y abrazos en lo que iba a ser una mañana cualquiera. Había logrado lo que quería, conservando hasta su llegada, el factor sorpresa.

jueves, 24 de mayo de 2018

¿CUÁNDO SE CONVIRTIÓ EN AMOR?

      De repente, un día, una persona se cruza en tu camino, por circunstancias de la vida o por capricho del destino tu vida empieza a ser parte de la suya y viceversa, se convierte en parte de tu rutina diaria y tú de la suya, os conocéis. 

Al principio es un poco extraño, os invade la desconfianza, la incertidumbre y hasta probablemente la timidez, os saludáis, habláis, y por causas de fuerza mayor os vais acercando el uno al otro más y más, rompiendo día a día esa timidez, esa desconfianza...os encontráis cada vez más agusto el uno con el otro, os abrís mutuamente, hasta que llega el día en que todo es como si os conocierais de casi toda la vida, o al menos desde hace mucho tiempo, tanto que ni recuerdas que día ni como empezó todo. 

Sencillamente pasa y fluye, y se da de tal manera que hasta te llegas a dar cuenta de que te gusta, y te gusta mucho, y no solo físicamente, te gusta todo de esa persona, como es, como se da todo entre vosotros, como te hace sentir, es todo tan bonito, se da todo tan bien que quieres más de esa persona, quieres verla ya, y tenerla cerca, oírla, olerla, tocarla y hasta besarla, estaríais juntos todo el día, sería un día que no acabase nunca, un día en el que te das cuenta de que ese sentimiento, esas ganas van a más, tanto que eso que sientes, que deseas y hasta ansías, resulta ser amor.

¿Cuándo se convirtió en amor?, no lo sabes, al menos no sabes bien como explicarlo, o si, porque es como un chispazo, un instante, un segundo en el que todo cambia, tu mundo es diferente, o al menos lo ves o quieres que sea así. Todo se transforma cobrando otra dimensión que ni por asomo te habías planteado tiempo atrás.

Quieres y hasta necesitas que esa persona sea tu nuevo camino, te lleve a un nuevo mundo con el que probablemente hayas llegado a soñar, y por soñar, sueñas a esa persona, te la imaginas y la sientes de mil maneras, la deseas.

Es un deseo que llega a ser pecaminoso de pensamiento, aunque mayor pecado sería negarte la mayor, negarte todas esas mariposas que te invaden, que te hacen sentir nervios, calor y hasta ansiedad. La adrenalina se dispara.

¿Y a partir de ahí, qué?, deseas que por su parte fuera igual, quieres contagiarle tus sentimientos y sensaciones, tus deseos, que te necesite y ansíe igual, tu corazón lo pide a gritos, gritos que callas y que casi no te puedes aguantar, pero tu cabeza dice que pares, porque sabes que por su parte, es muy posible que no todo sea igual, que donde tu sientes amor, esa persona vea solo amistad, una buena amistad.

Así pues te toca desacelerar, ir momento a momento, día a día aunque quieras volar, y sin dejar de sentirlo, de pensarlo y soñarlo, no te dejas de preguntar cuando se convirtió en amor.


lunes, 14 de mayo de 2018

EL CAMINO

      Sigo el camino hacia ningún lugar, un camino donde disfrutar, gozar y compartir, un camino donde desprenderme de todo lo que traigo, y abrirme a todo, sigo un camino en el que poder reconocerme en cada paso que doy, en lo de dentro y en lo de fuera, en lo malo y en lo bueno.

Ando por un camino que se que no es perdido, seguro de manera profunda y racional dentro de lo irracional, de que cada cosa y cada persona está en su lugar, seguro de que ese miedo que siento es una ilusión cerebral para desviarme de el camino, sin ser más y sin ser menos, sin saber como eras, eres ni serás antes de llegar a este presente de futuro incierto y de un pasado por olvidar.

Hablo conmigo mismo y me repito frases y palabras en esos momento de debilidad física y emocional, que me permiten avanzar.

Recuerdo seguir vivo con cada sensación, con cada recuerdo de risas y sonrisas, con cada roce del viento en mi cara.

Subir y bajar, parar y seguir, avanzar y regresar; todo son momentos que vienen y van, unos vuelven y otros no regresarán en mucho tiempo o jamás, y con ellos voy y vuelvo entre circunstancias, entre elecciones buenas y malas. Llevo conmigo esas sensaciones que me rodean de enfado y alegría, de guerra y paz a la par en mi corazón, y que me llevan a lo que soy o tengo que ser.

Ando el camino sin lamentos por la tristeza y el dolor en mi mundo bipolar de momentos únicos e irrepetibles. Es un viaje hacia el centro de mi existencia universal.

Es el camino.