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lunes, 4 de noviembre de 2019

MADRID, SON LAS 18 H Y ES DE NOCHE

Madrid, son las 18 h, seis de la tarde para los milenials, y es ¡de noche!. Muy lejos queda ya el verano, estar a plena luz del sol a estas horas, e incluso más tarde, muy lejos quedan ya las terrazas de los bares, el calor y el sudor, el poder ir en manga corta y sin los consabidos tres kilos de ropa que toca ya llevar. 

Ya nada es igual, la cerveza fría ya no sabe igual, ya no son tarde de helado ni agua fría, por las calles ya no se va igual. Ahora capas y capas de ropa como si fuéramos cebollas, nos envuelven hasta convertirnos en muñecos de nieve andante, apretados con nosotros mismos hasta que nos recogemos en casa hechos un ovillo con un café o un té hirviendo entre las manos. Las luces de la noche nos mal alumbran en las calles oscuras mientras la pagamos a millón sin que Madrid sea la jodida Las Vegas. 

Y por delante nos queda aún más frío en noches más largas, más capas de ropa nos queda por poner, más cafés, más tés, más estrés, más coches, más de todo, y el moco colgando como adorno de árbol de Navidad hasta que ya bien entrado el año próximo, el sol, que no el calor, por más tiempo nos quiera acompañar. 

Y aquí me quedo, al calor de mi habitación oscura en esta noche de otoño que aunque fría, por suerte no es lluviosa, aquí en Madrid, son las 18 h y es de noche.

lunes, 28 de octubre de 2019

CUANDO DESTAPAS LA CAJA DE LOS TRUENOS

Estaban a punto de soltar la bomba, de dejarla caer como un pesado y gigante pedrusco sobre las cabezas de todos ellos, y Antonio, quien siempre estuvo al frente de todo desde el principio, sabía muy bien que pasa cuando destapas la caja de los truenos. Es justo lo que iban a hacer ahora, destaparla y dejar salir todos los truenos que había en ella, y con los truenos, sus consecuencias, que serían muchas e imprivisibles, consecuencias desde lo profesional, lo político e incluso lo personal, porque él y todo su equipo se movía en ese ambiente, entre políticos y gente poderosa que manipulaba y mentía si lo tenía que hacer, gente que daba y quitaba, que hacía favores y los pedía de vuelta, se nutría de todos ellos, y esa vez en la que en ese momento tan tenso iba a hacer tanto daño, había decidido, después de mucho debatir, que iría con todo. 

Su diario, era un diario pequeño y humilde, de barrio que se guisaba y se comía su propio trabajo porque no tenía los medios que tienen los grandes y poderosos para poderlo hacer, y aún así, con aquel plato tan gordo, había decidido jugársela y soltar todo lo que sabían y tenían, porque ese era su cometido, por eso llevaba tantos años contando a la gente la realidad de todo lo que a su pequeña redacción llegaba. 

Llevaban meses jugándosela con todo ese material, meses e incluso años con algunas de las personas que en él había implicadas. Era un pez pequeño peleando en el océano contra peces enormes que a veces se lo querían comer, y esa vez iba a ponerse en boca de algunos de ellos consciente del peligro real de que de un bocado, o algo peor, le hicieran desaparecer. Se la jugó y aquella madrugada, mientras buena parte de la ciudad dormía, soltó el bombazo, todos aquellos soñadores se encontrarían el petardazo a la mañana siguiente al ir a trabajar, y a partir de ahí, a aguantar el chaparrón, a aguantar todo el enorme ruido que iba a generar y que levantaría una enorme polvareda. Ese día sería lo más parecido a la caída de Pompeya, sería como si llovieran piedras sobre ellos, sabía que casi con toda seguridad acabaría con la carrera política de más de una y de uno, había mucha gente implicada, y no era una implicación menor, en esa caja de Pandora se hablaba de delitos graves, delitos que implicaban cárcel y en la que había vidas en juego, la suya y las de los suyos también, porque bien sabía que se movían entre una mafia oculta, bajo una nube tóxica muy grande, pero estaban todos dispuestos a dar la cara y afrontar el riesgo, aunque tampoco tenía mucho donde elegir, sus nombres iban en el bombazo, y todo el mundo sabían quienes estaban detrás de las páginas que leían cada día, ahí no valía el anonimato.

La tensión era palpable en él que apenas había dormido, en él y en todos sus compañeros de batalla, pero estaban convencidos de que eso era lo que tenían que hacer y en ningún momento, a pesar de la tensión y los muchísimos debates que habían tenido y discutido mil veces, se echaron para atrás, la conclusión al final siempre era la misma, y con ella tiraron para delante, hasta el final, y ese final había llegado ya, el punto y final a tanto trabajo, y a pesar de todo lo pasado y de todo lo que hubiera que pasar, estaba la satisfacción del deber cumplido, aún sabiendo que pasa cuando destapas la caja de los truenos


lunes, 21 de octubre de 2019

UN LUNES AL SOL DE OTOÑO

Lunes, jodido lunes, ese que viene después del plácido Domingo, y le tocaba madrugar. Se despertó temprano, más de lo habitual, y sin ganas, sin ninguna gana, sin las mismas con las que se arregló, se tomó su café sin prisa, sin mirar el tiempo, le daba igual. Al rato, teminó de coger sus cosas y salió de casa, a lo que fuera que tuviese que ser. 

Hacía fresco, ese verano que se le hizo tan corto ese año, se fue hace mucho, ahora ya solo habría frío y lluvia, la misma que le hacía pensar en mandarlo todo a la porra volver a su casa aunque el fresco de la mañana apenas le molestaba, había un vocecilla que le hacía quitara importancia a ese día, a ir o no ir, daba igual; sin embargo se quedó, y esperó a que pasara un taxi al que parar, y no tardó en para uno. 

Se subió a él sin pensar en nada más, simplemente en subir y tirar p´adelante, y a partir de ahí, desde que arrancó, sin darse cuenta ni saber como, todo cambió, aquel lunes ya no era tan jodido, desde ese momento todo fue rodado, rápido y sin muchas vueltas, al fin y al cabo pensó, "bueno, que pase pronto lo que tenga que pasar". 

No tardó en llegar a su destino más de lo habitual, solía ir con cierta frecuencia, ni pagó la carrera más cara de lo que la solía pagar, su bolsillo lo agradecía, y todo se dio sin mucha espera, sin mucho pensar. La mañana pasó rápida, sin pesares ni excesivos fríos para las temperaturas que se anunciaban. Se mezcló entre toda la gente que le rodeaba, todo ese calor infernal que proyectaban, los miraba yendo de un lado a otro, decenas y decenas de mundos cruzándose unos con otros casi sin mirarse. Y al acabar, tan pronto como pude se fue, salió de ese calor asfixiante, de ese ir venir intenso como si llegaran o se fueran tarde. Se subió a otro taxi, parecía que ese día todos estuviesen cerca, esperando su llamada e ir en su busqueda con tan solo doblar la esquina, y se fue sin mirar atras.

Al final, sin esperarlo ni buscarlo, ese fue un buen lunes al sol de otoño.

sábado, 19 de octubre de 2019

CAMINANDO ENTRE LAS LLAMAS DE LA OSCURIDAD

Aquel caos le despertó de su larga paz,  para acabar volviendo a la oscuridad, y ahora camina por ella, entre sus llamas, en esa ciudad de locos. Caminar por sus calles era peor que caminar por las calles de la última película de El Corredor del Laberinto, como si un virus hubiese contagiado a toda la ciudad y los hubiese vuelto locos a todos. 

La ciudad entraba en un estado apocalíptico al llegar la noche, alteraba a todos, igual que lo hace la luna con el hombre y lo convierte en lobo. Los enfurecía y sacaba de ellos su yo más agresivo. Todo lo que uno se encontraba a su alrededor servía de arma arrojadiza contra cualquiera y en cualquier parte, todo servía de barricada y lo hacían arder, tanto que casi se queman así mismos en el intento. Las llamas y el humo negro y denso subían tan alto que se colaba en el hogar de todo aquél que se intentaba refugiar de aquella barbarie. 

¿Y la policía?, ellos hacían lo que podían en medio de aquella locura irracional que llenaba periódicos y minutos en los telediarios, cortaban cualquier programación para hablar de ellos, de la ciudad, de nosotros. Las imágenes que se podían ver eran alarmantes, era como estar en plena guerra, entre calles arrasadas y destrozadas, como si las hubiesen bombardeado y luego un enorme tanque las hubiese pasado por encima. 

Las noches se hacían eternas en la ciudad, cada noche la misma pesadilla, desde cualquier punto la veías arder tanto que bien la podías llamar La Ciudad Infierno o Pandemónium, la capital del infierno. Caminar por sus calles, entre su gente psicótica, era caminar entre las llamas de la oscuridad.

lunes, 14 de octubre de 2019

LA MUERTE QUE VINO DEL MAR

Andaba por las calles de París, a casi mil kilómetros de su casa, inmersa en su trabajo, codeándose y retozando con la alta sociedad, con lo más granado del mundo del arte, ajena e ignorante de todo lo que ocurría en su querida cosa de Niza, ajena a lo que el mar, tanto tiempo después le devolvía. 

Le encontraron en la orilla, medio cubierto por el mar, envuelto con la vela de un barco, prácticamente irreconocible, tanto que lo único que pudo poner a la policía sobre su pista, fue un reloj que le regaló su madre hacía mucho tiempo. Apareció cuando nadie lo esperaba, cuando ella creía que había pasado todo, cuando pensaba que todo el mundo creía que de un momento a otro y sin dar ni encontrar explicación alguna, simplemente se había ido, había escapado de todo y de todos. Por que él era así, era el más débil de sus hermanos, o al menos y al contrario que ellos, no sabía o no tenía como escapar de las cosas, de toda la mierda que rodeaba a su flamante y rica familia. 

Su madre, gustosa de tener el poder y el control de todo, de saberse, y a ratos creerse más poderosa que nadie, escapa rodeándose de lujos y superficialidad, a la vez que se tiraba todo lo que respirase. Su hermana, con tendencias a la autolesión, retozaba con su mejor amiga, aunque él nunca tuvo claro de que palo iba; y su otro hermano, se metía en una habitación que pocos conocían para aparecer en los grandes eventos familiares, todo colocado. Por lo tanto ninguno le servía de apoyo ni escape de nada. 

Solo su madrastra, que no estaba contaminada por nada de todo aquello, y que para él supuso un poco de aire fresco, era la más cercana y por tanto, era quien mejor le podía dar un poco de aquello que buscaba, o al menos así lo pensaba, y tanto se acercó a ella que en no sabía que momento acabó distorsionando las cosas, confundiendo una mano tendida con otras cosas que ella no le ofrecía. Lo que terminó siendo locura y tragedia para ambos.

Tras la desaparición y con el tiempo, ella pasó de haberse sumado a la preocupación familiar por él, a intentar cobrar la normalidad en medio de todo aquello, y en la medida de lo posible, tratando de disimular, tratando de no pensar en él, y por eso volvió a su trabajo, al igual que tuvieron que hacer los demás, por eso se fue a París. Pero tenía que volver, y volvería sin saber que la muerte que le dio al mar para que se la tragara y se la llevase lejos, le sería devuelta.

lunes, 7 de octubre de 2019

UNA LARGA DESPEDIDA PARA NO DECIR ADIÓS

En sueños estaba ahí, contigo, con todos, una vez más. Sin embargo no era un día más, no era un día para soñar, y aún así lo soñé. 

Soñé que aunque estábamos en el mismo sitio, aquel era otro lugar, nada era lo mismo, era todo más grande, había más pasillos, pasillos más largos, y tantas habitaciones que entre todas ellas, perdí la mía y me equivoqué, y me equivoqué tanto que de repente nos vimos todos en otra habitación, en la misma habitación, todos haciendo la maleta, la maleta que indica que era el punto final, la maleta en la que sin querer, nos debíamos decir adiós. 

Y no queríamos, nos resistiamos a despedirnos, a no vernos más, y por ello lo alargabamos y retasábamos sin para de hablar, conversaciones banales para hacer de aquella, una larga despedida para no decir adiós

Maleta en mano me fui, no quería pero me tuve que ir, y otra vez entre tanta salida y tanto pasillo, me perdí, salí por donde no debí, por la salida más lejana que había, por la que no iba a ningún lugar, más que a quedarme allí, en ese sitio perdido del que ni siquiera sabía exactamente donde estaba, pero tuve que volver por donde llegué. Me di la vuelta a ese laberinto de pasillos para ir a donde me esperaban, para ir por donde no quería salir, y francamente, jamás supe si lo logré o me quedé para siempre en medio de ninguna parte. 

Me desperté sin saber que pasó, sin ver a nadie más, solo, desandando el camino que mil veces volvería a andar. Así que es posible que si nos dormimos, en uno de esos pasillos, en alguna habitación, tú y yo, todos nosotros, nos veamos un día más, o al menos, un momento más.

lunes, 30 de septiembre de 2019

UNA MUJER CALVA EN EL ESPEJO

Se levantó a no sabía que hora, temprano pero no mucho, con más sueño y pereza que otra cosa. Fue al baño con los no sabía cuantos kilos de más que le proporcionaba el enorme sueño que aún tenía, era casi como si fuese dormido con los ojos abiertos, se paró frente al espejo, intentando despertarse y empezar el día, se miró, y la pereza que le daba lo que veía en él, no ayudaba mucho. 

Llevaba barba de unos pocos días, no le apetecía afeitarse, eso le daba aún más pereza que todo lo demás, le resultaba un auténtico coñazo, algo bastante tedioso cuando le tocaba hacerlo, y no solo era eso, se miraba y veía el alboroto que tenía sobre su cabeza, el pelo ya le crecía, y lo hacía más rápido y en una cantidad que le pesaba, ese era otro coñazo. Tenía una buena mata de pelo a pesar de haber entrado ya en los cuarenta, y tener que domar y peinar todo ese alboroto tampoco le apetecía mucho, por no decir nada, otro rollo más sumado a la barba, todo pelo que solo daba trabajo, trabajo y nada más, porque tanto con él, como sin él, no era un adonis, no sabía que era mejor, si tener más pelo o menos, pero si sabía una cosa, al menos así lo había decidido en ese momento, querría ser una mujer calva, si calva. 

Se decía frente a su reflejo aún medio dormido que eso sería lo mejor, ser una mujer y calva, así no tendría que afeitarse, ni peinarse, sería un problema que no tendría, ni problema ni gasto. Todo sería más rápido y fácil, e incluso cómodo, así no se pincharía sobre si mismo al dormir de un lado u otro, ni le picaría, ni nada, no habría nada, solo cara y cabeza sin un solo pelo con el que lidiar. Y así se imaginaba frente al espejo, jugaba a verse como una mujer calva, y no es que se viese de maravilla con su cara, no sería una mujer muy guapa, pero si sería una mujer sin nada que afeitar ni que peinar. 

Le gustaba fantasear con ver a una mujer calva en el espejo.

lunes, 23 de septiembre de 2019

UNA CORONA GRANDE PARA UNA REINA PEQUEÑA

     Por esas crueles leyes de la vida, siendo niña, muy niña para algunos, se vio obligada a dar la cara frente a su gran nación, muy grande para ella según algunas bocas, se vio obligada a madurar y crecer casi de un día para otro, a ser mujer.

No se podía negar ni ocultar que tenía cierto miedo y vértigo ante todo lo que estaba sucediendo, y lo que estaba por venir, pero ella, al igual que su antecesor, y quien bien la enseñó, era valiente y osada, era una guerrera rebelde que a pesar de las enormes circunstancias, no se dejaba amilanar.

A pesar de la inocencia que en ella veían los demás, sabía que tendría que librar mil batallas fuera, y sobre todo dentro de su palacio, que muchos veían y querían que fuera de cristal, y a buen seguro mucho harían por conseguirlo. Sabía que de casi nade se podía fiar, carroñeros y leones deseosos de devorarle el poder la rodeaban agazapados esperando poder darle caza en cuanto ella se descuidara. Bien era cierto que no todas eran alimañas, habrían quien la cuidaría y bien la aconsejaría para su buen hacer.

Muchos pensaban que aquel reino, el más grande entre los reinos, era una corona grande para una reina pequeña, y ya maquinaban como ser reyes y reinas bajo su sombra, como dirigirla para hacer esto y aquello, e incluso, ya tan joven, con quien casarla para dominarla, y de paso asegurar un heredero, su heredero, el de todos ellos que resabiados pretendían ser más que ella. Sin embargo, pocos vieron que era un corcel salvaje, a quien no podrían domar, y más pronto que tarde soltó coces y voces, haciéndose grande y tomando su lugar, en un palacio más grande y menos de cristal.

Quisieron implantarle una mano derecha con la que señalar, olvidando que con la izquierda, bien podía azotar a esas moscas cojoneras revoloteantes, dando paso a un todavía joven ministro que se hizo amigo y casi algo más, para envidia y recelo de caras largas y casi sorprendidas. Y hasta en su coronación eligió su canción con la que bailar, y a todas esas hienas, unas ya gordas y viejas, abofetear, demostrando y haciendo ver, que aquel reino de reinos que portaba en su cabeza, no era una corona grande para una reina pequeña.

lunes, 16 de septiembre de 2019

CARTAS DE UNA PÁGINA EN BLANCO

    
        Hacía horas que había anochecido, tantas que pareciera que pasaban el día de noche, habían terminado de cenar, y cada cual había ido a sus últimos quehaceres antes de dormir. La criada, una noche más le subía el último té a la señora, que se encontraba en ese despacho que se había apañado en el piso de arriba, cuando al entrar, se la encontró en el suelo, con un gran charco de sangre bajo su cabeza, y gritó, impresionada, llamando la atención de toda la familia.

Eso fue lo que le contó Bill, el marido de la señora, a la policia, cuando fue cuestionado por lo sucedido. Mientras, la policia se encontraba en el lugar del crimen, inspeccionándolo todo, tratando que no se les escapara ningún detalle de la escena que se encontraron. No estaba todo tan revuelto como pensaban que se lo encontrarían, normalmente, los familiares de las victimas, con los nervios, suelen revolver y tocar cosas, cambiarlas de sitio, al menos eso se comentaban los agentes entre sí. Tan solo vieron bastante lío en la mesa del despacho, que estaba llena de viejas cartas escritas en fránces, y algunas fotos de lo que parecía ser París en la misma época en la que se escribieron.

Entre tanta carta dispersa por toda la mesa, hubo algo que les llamo mucho la atención, un boligrafo con una gran pluma artificial en un extremo, una vieja llave con unas iniciales, muchas postales y fotos de París, lo que hacía pensar que eran recuerdos de toda una vida allí, o al menos buena parte de ella, también había lo que parecía ser una agenda, o un diario igual de antiguo que todo lo demás, abierto casi por la mitad, en dos páginas en blanco, con una foto pillada por un clip a una de ellas, y en medio de estas, parecía que faltase una página, parecía que la hubiesen arrancado. No pudieron evitar preguntarse que tanto contendría esa página, para que suscitase tanto interés como para que la arrancaran, y ¿matar por ella?.

Cada uno de los miembros de la familia, su marido, sus cinco hijos, tres mujeres y dos hombres, además del marido de una de ellas, fue interrogado por separado, y luego en conjunto para confrontar las distintas versiones de cada uno, y sus coartadas que les eliminase como sospechosos. Todos dijeron lo mismo acerca del montón de cartas esparcidas sobre la mesa, parecían ser parte de una pobre herencia que le había dejado su padre, recientemente fallecido, aunque nada pudieron aportar sobre ellas, ya que ninguno conocía su contenido, solo la victima las pudo abrir, y eso lo hizo a solas.

Menos, dijeron saber nada acerca de niguna agenda o diario, decían saber bastante poco acerca de lo que le dejó su padre, de quien apenas habló nunca, algo que les parecía un tanto extraño, tratándose de un familiar, pero no imposible. Tras una larga noche de idas y vueltas, y de preguntar una y otra vez, el inspector a cargo del caso y sus agentes, se hacían varias preguntas que aún quedaban en el aire, ¿todo aquello tenía que ver con la página arrancada?, ¿estaban relacionadas las cartas, con la página que les faltaba?.

Para la policia, hasta que no supieran más, eran cartas de una página en blanco.

lunes, 9 de septiembre de 2019

NUNCA DIGAS QUE NO ME HAS VISTO

             Estaba ahí, lo sabes, a penas unos pocos metros que se contaban con los dedos de una mano nos separaban, y me viste, así que no digas que no. Por capricho del destino, que a veces es así de cabrón, coincidimos en el mismo espacio, el mismo día y a la misma hora. 

Dios, el diablo o no sé quien, quiso que tú, precisamente tú, estuvieras en la presentación, y para rizar el rizo y hacerlo aún peor, en primera fila, para que se te viera bien, para que me vieras bien, sin perder detalle. Y nos vimos, porque era imposible no vernos, no mirarnos estando tan cerca el uno del otro. 

Fue un segundo, poco más, poco menos, tu mirada y la mía se cruzaron en tan pequeño espacio, y tú rápidamente la apartaste fingiendo no haberme visto, haciendo como que no estaba ahí, pero estuve, y nos vimos aunque no quieras, como no quise yo. Me ocupaba de los pequeños y últimos detalles de la presentación, y te vi, y ella te también te vio, que coño, ¡el mundo entero te vio!. Todos sabían que estabas ahí, porque te encanta hacerte notar, te encanta que te vean, eso si, de puertas para afuera, pura fachada todo, y con esa fachada ser el centro de atención, aunque ese día eras puro relleno y nada más, eras un figurante más de una película, mi película, y con el mismo silencio con el que llegaste, te irías, porque ese momento no era para ti. 

Y en ti me quedaría yo, en tu mente, en tus pensamientos y en tus temores ante lo que yo pudiera decir de ti después de haberte visto, porque temes y te importa mucho el que dirán de ti, te importa si hablarán de ese puro envoltorio con el que te muestras al mundo, o de ti dirán la verdad. En cambio tú no quedarás en mi, ya no, ya pasé la página de ese libro que no leeré más, un libro empolvado en ricón que solo está ahí para tirar, regalar, o simplemente para olvidar, en cualquier caso y  de cualquier manera, nunca digas que no me has visto.

lunes, 2 de septiembre de 2019

LA NOVELA FANTASMA DE UN AUTOR INVISIBLE

      Hacía buena tarde, tan buena que decidió que era el momento perfecto que tanto tiempo había estado esperando, era el momento en el que contaría todo lo que tenía en su cabeza y a lo que tantas vueltas le había dado. 

Había pensado en todo mil veces, en cuando contarlo, como hacerlo, y donde. Sabía a donde tenía o al menos donde quería hacerlo llegar, solo le faltaba decidir como, aunque eso casi lo tenía decidido también, como casi todo lo demás. No tenía del todo claro si hacerlo con su nombre real o con un pseudónimo, como tantos otros escritores habían hecho a lo largo de la historia, no sabía si ser uno más, aunque eso no era lo más importante, lo que importaba, si lo sabía. Tenía todos los detalles de principio a fin, tantos que no sabía cuantas páginas pudiera ocupar, y más o menos, sabía en el orden en que los quería contar, lo tenía todo, solo le quedaba hacerlo realidad. 

Así, con todo decidido y, digamos que sobre la mesa, cogió su chaqueta, la cartera, él móvil que no pretendía mirar, un bolígrafo, y un cuaderno casi sin usar y en el que alguna vez tomó notas. Con todo ello salió de casa y bajó hasta la terraza de un bar situada bajo unos soportales, algo retirada de la carretera, allí, en la primera mesa que vio, se sentó de cara a la calle y la vida del barrio, y sin perder de vista a los camareros. Abrió el cuaderno, y sin ponerle título aún, aunque practicamente lo sabía, empezó a escribir, sabiendo como quería dar a conocer su historia; lo haría desde la raíz, desde el principio, empezando por los antecedentes, básicamente, y como si de una serie se tratase, se podría decir que era el capítulo piloto, lo cual daría más sentido a todo lo que vendría después, o al menos así lo veía él. 

A medida que lo hacía, pensaba en como lo mostraría al mundo, a ese mundo desconocido que no le había leído aún y que nada sabía, pensaba en ese pseudónimo que le daría misterio y tal vez suspense a todo, y le hacía sonreír, y sonriendo le pilló la camarera al preguntarle que iba a tomar. Casi no se percató de la vuelta de la camarera cuando le traía su copa, un brandy que le daría otro color y otro aroma a esa tarde medio bohemia y misteriosa en el que las primeras líneas del borrador empezaban a tomar forma.

Según escribía, pensaba en que en ese momento era como si fuese invisible, y se imaginaba como sería todo, en como les hablaría de sonrisas de mentira, les hablaría de complices y de victimas, y en que respuesta tendría todo aquello, pensaba hasta donde llegaría, si es que llegaba a algún lugar, al fin y al cabo, casi ni se le podía considerar escritor novel, pues nadie le conocía, pero como todo, la cuestión era empezar, y él empezó, aunque para el mundo pudiera ser, si le leían, La Novela Fantasma De Un Autor Invisible.

martes, 27 de agosto de 2019

KARLA: RETRATO DE UN CRIMEN

    Entró en la habitación como buenamente pudo, tambaleante, tanto que se tuvo que apoyar en el marco de la puerta para introducir la llave. Ya dentro cerró casi de un portazo al que, de la borrachera que llevaba, no puso atención, dejó la llave caer sin mirar donde y fue directo a la persiana, la bajaría para que por la mañana el sol no le despertase, quería dormir sin hora, necesitaba dormir la mona.

Tenía la cabeza muy pesada, abotargada, todo él se sentía pesado, había bebido más de lo que en él era habitual. Se dio la vuelta para sentarse en la cama cuando y a pesar de la caraja que llevaba encima, se percató de la sangre que había por toda la cama, por la colcha, las sábanas y hasta en la lamparilla de noche, y entonces, y sin saber que leches estaba pasando, la vio a ella, a Karla, Karla con K, como decía ella.

La vio tendida en la cama sobre su propia sangre, ya algo pálida, estaba como dormida, aunque evidentemente era un sueño del que no despertaría. Tampoco sabía de donde había salido tanta sangre, con la borrachera, estaba tan aturdido que no pensaba con claridad. Lo que estaba claro, o al menos lo parecía, es que cuando se descubriese todo, él tendría todas las papeletas para ser el culpable de aquello, y quien sabe si lo fuese, no tenía nada claro.

Karla era la chica con la que se llevaba viendo un tiempo en aquel hotel que ella misma le había recomendado, y aún con la tremenda borrachera, sabía que era ella, porque un buen rato antes, habían estado tomando una copa, o varias, en el bar del hotel. No sabía cuantas copas fueron, si fue una o fueron más, aunque por su estado, probablemente fueron más de una y más de dos, tampoco recordaba cuando se fue ella dejándole solo en el bar, no sabía nada, salvo que quería que todo aquello solo fuese una mala pesadilla provocada por el alcohol, solo sabía que quería despertar y estar muy, muy lejos de allí.

Él no era de mucho beber, alguna copa de tarde en tarde, en alguna celebración o en alguna comida familiar, raramente bebía en alguna otra ocasión más, y mucho menos era de irse con desconocidas, ni de serle infiel a su mujer, pero con Karla, todo fue diferente, tenía algo que le embriagaba más que las propias copas que se tomaba, tenía un magnetismo del que el primer día no supo escapar, y lo peor es que esa atracción le gustó tanto, que en ningún momento lo intentó, simplemente se dejó perder y llevar por él, por ella. Recordaba todo de ella, menos como acabó así en su habitación.

Bloqueado por la borrachera y la situación, solo pensaba en escapar de allí, y solo con ese pensamiento en su aturdida cabeza, buscó y cogió la llave de manera un tanto aparatosa, y salió de la habitación, arreglándose como pudo, aunque sin poder evitar la evidencia de su lamentable estado, solo quería irse de allí sin que nadie le viera, sin que nadie le pudiera relacionar con aquella escena cuando, por la mañana, encontrasen el cuerpo de Karla tendido en esa cama toda salpicada de sangre.

lunes, 19 de agosto de 2019

EL DIABLO BAILA CONTIGO

      El diablo baila contigo, no lo dudes, baila contigo, camina contigo, come contigo, e incluso duerme contigo. 

No importa si no lo crees, si no le sientes, e incluso si no le ves, siempre está ahí, contigo, a tu alrededor, cerca de ti. Es el que te confunde, el que te hace cometer errores, el que te hace fallar, e incluso el que te hace pensar mal. 

El diablo siempre está ahí, ante ti, aunque no se mostrará como tal, te parecerá guapo, simpático, y de confiar. Tendrá una apariencia dócil, tierna o aburrida, nada que te haga sospechar, ni desconfiar. Sin embargo, siempre te mira, no te quita ojo, y mientras te mira, maquina, trama y elucubra contra ti. 

El diablo, con cara de niño, o de ángel, con cara de no haber roto un plato, es el que te hace pecar, te lleva por calles y pasillos oscuros, te embriaga, y lleva de la mano, te pierde, hará que todo parezca un sueño, y tus sueños los convertirá en pesadillas, una vez lo ha hecho, te abandona a tu suerte. 

No se va, pero te abanadona, te deja en un rincón, y se queda mirándote, deleitándose en tu mala suerte, divertido y risueño. Y en ese camino en el que te ha llevado de la mano, con toda su maldad, el diablo baila contigo.

lunes, 12 de agosto de 2019

DE FIESTA EN FIESTA, Y UNA MISTERIOSA INVITACIÓN

  Celebraba una fiesta en su propia casa, con incontables invitados y todo tipo de lujos, no escatimó en nada, al fin y al cabo, daba una cada mil años. En un momento de la fiesta que ya ni recordaba, uno de sus mayordomos llegó a ella, sobre en mano, y al entregárselo, le dijo al oído que un hombre que parecía ser también mayordomo, se la entregó con la premisa de que se la diera a ella personalmente, y dejó un coche aparcado en la puerta, yéndose el emisario a pie sin mediar mas palabra. 

El sobre era algo abultado, evidenciando que traía consigo algo más que una carta. Al abrirlo sacó de él una rosa roja, sin espinas, y con ella una pequeña carta en la que se leía:  

"Disculpa el atrevimiento, sé que no es el momento, ni la forma de sacarte de tu casa, ni de tu fiesta, pero no puedo dar la mía sin tu presencia, ruego aceptes esta invitación a mi humilde mansión. Te dejo mi coche y en él, mi dirección, y como llegar. Deseo y espero que aceptes. Te espero.". 

La invitación no llevaba firma, no tenía forma de saber quien la enviaba, tampoco reconoció la letra. Dudó si ir o no, tenía ciertos recelos, pero no era mujer de quedarse con la duda, siempre necesitaba respuestas, necesitaba saber quien se ocultaba tras la máscara de la invitación, así que decidió aprovechar la distracción y la embriaguez de sus invitados, para escapar y ver quien había puesto los ojos en ella. Se fue sin decir adiós, salió, se acercó al coche que le habían dejado, admirándolo y estudiándolo a partes igual, percatándose de que con toda probabilidad, sería de un hombre, pero..., ¿quién?. Daba igual, se subió, buscó la dirección que encontró en la guantera, el lugar al que ir estaba algo lejos, pero sabía donde era, y aun así no acertaba a adivinar quien la había invitado a tan altas horas de la noche. 

Condujo por las serpenteantes carreteras de la isla, colina abajo, medio temerosa de perderse o caer por los acantilados que la rodeaban. Llegó hasta la flamante casa a la que había sido invitada, siguiendo las instrucciones de la nota, que la llevaron a la parte de atrás. Se detuvo, bajó, no había nadie, así que decidió seguir a pie el ruido y la música que oía de fondo, expectante y con cierto nerviosismo ante lo que se pudiera encontrar. Cuando llegó, se encontró con un jardín, y la misteriosa mansión que recordaba abandonada, había bastante gente en él, gente que no conocía, gente bebiendo y hablando, más embriaguez, pero seguía sin dar con el misterioso anfitrión, miraba a todas partes sin ver nada, hasta que una voz masculina que intentaba no asustarla, carraspeó a espaldas suyas. Se dio la vuelta, y ojiplática reconoció por fin al misterioso hombre que tanto suspense le había puesto a la noche. 

Era Carlo, un viejo amigo, con edad de ser su padre, al que no veía hacía mucho tiempo. Sorprendida le dio un abrazo, haciéndole mil preguntas. Él le contó que había comprado la mansión, decidiendo vivir allí, que necesitaba cambiar de aires, y que el clima de la isla, le iba mejor que tanta urbe en la que vivía. Resuelto el misterio, se enfrascaron en una conversación interminable, acompañada de buen champán y mil desconocidos a los que saludar.

lunes, 5 de agosto de 2019

LA TRISTE ESTRELLA A LA QUE TODOS MIRAN

    Se encontraba cerca de la puerta del lujoso hotel que ese día era el centro de atención de todo el universo, estaba en medio del gentío formado alrededor, no sabía como había logrado colarse y llegar hasta ahí, pero lo había hecho, estaba casi en primera fila, esperando como todos, a poder ver pasar a su estrella. Todos la querían ver, todos hacían por estar los primeros, al pie del cordón de seguridad para verla pasar. 

Había cámaras de televisión y fotógrafos por todas partes, un cordón policial que parecía insuficiente ante la que había montada, intentaba controlar aquel descontrol que se formó por ella, por la estrella que todos querían ver, tocar, y saludar. Era como una reunión de tiburones salvajes. Para los que estaban ahí, era como un día de fiesta, un día especial, un día de esos que pasan cada no se cuantos años, y en un momento en el que todos miraban a todas partes, y a ningún lugar, apareció su estrella. 

Llegó en un monovolumen de alta gama, espectacular, era de color negro, muy negro, se podría decir que era de color carbón oscuro, era metalizado, y a la luz del sol brillaba mucho, casi tanto como los tropecientos flashes que saltaron como chispas al verla llegar, y no la dieron tiempo ni a salir de su flamante vehículo. El monovolumen se detuvo en frente de la puerta del hotel, a la gente se le disparaba la adrenalina, gritaban su nombre, o simplemente gritaban locos ante ese fenómeno social, que casi parecía sin precedentes, aunque no lo fuera, recordando un poco a la llegada de Ava Gardner a España, cuando se vino a vivir aquí, huyendo del devorador Hollywood, de hecho a ella la comparaban con Ava, y su llegada también, la comparaban en casi todo, como si fuera un déjà vu todo lo que estaba pasando, pareciendo que la historia se repitiese. Un guardaespaldas del tamaño de un gorila gigante se bajó del asiento del copiloto, y cuando pudo, abrió la puerta de los pasajeros, y unos treinta segundos después, apareció ella, radiante, más brillante que el monovolumen y que la lluvia de flashes; intentaba pasar despercibida ante tal marabunta, imposible, solo si fuese del tamaño de una hormiga, podría lograrlo. Se quitó sus enormes gafas de sol y se esforzó por sonreír un poco, y en ese momento ella miró hacia su lado, se miraron, ella más bien miró a todo y la nada, un poco al vacío, pero por un breve instante, se miraron, y se dio cuenta, o le pareció ver su verdadera mirada, una mirada triste, como de no querer estar allí, ni todo aquello en lo que se veía envuelta, como si quisiera escapar. 

Escapar, imposible salir de esa jaula de tiburones psicóticos y hambrientos de ella, estaba en un lugar donde abundaban y rebosaban los paparazzi que la acosarían día y noche. 

En los mismos segundos o menos de los que tardó en bajarse de ese carbón oscuro con ruedas, se metió en el hotel y despareció de casi todos los ojos que allí se encontraban, y allí trataron de aislarla de todo aquel alboroto, mientras la gente no cesaba de llamarla como si la quisieran devorar, la prensa intentó hacerle mil fotos en un momento, saltaron tantos flashes que ya no sabía se estaba cegado por ellos o por el sol. En cualquier caso todo pasó en un momento, ya la vio, y probablemente no la volvería a ver como en aquella ocasión, no volvería a ver a la triste estrella a la que todos miran.

lunes, 29 de julio de 2019

INSPIRACIÓN, TRANSPIRACIÓN

  Llevaba un rato sentado en su escritorio, delante de su ordenador, con la hoja en blanco, sin saber que escribir, sin ideas, y casi sin ganas, pero algo debía de hacer ese día. En la editorial esperaban sus páginas, aquellas que no podía retrasar más, o todo el proyecto se iría a la mierda, pero no sabía que escribir. Leía y releía lo escrito en busca de ideas, en busca de inspiración, le daba mil vueltas, pero estaba bloqueado, y nada salía de su enorme cabeza. 

Miraba por la ventana, miraba a toda esa gente al sol, que iba y venía, que se abrasaba al calor de aquel mes de Julio, les veía abanicarse, y buscar la sombra como él buscaba la inspiración, sin embargo, él como ellos, padecía los calores del momento y solo lograba transpiración. Aquello era frustrante y agotador, casi tenso, porque el tiempo corría y se le echaba encima, aplastándolo, dejándolo casi sin respiración. 

Sentía, o al menos pensaba, que ya no era la misma persona de antes a la hora de escribir, parecía que las ideas que antes rebosaban en su cabeza, ya no le llenaban, ya no estaban ahí, como si hubiesen emigrado, cual bandada de pájaros que se va al llegar el invierno, yéndose estas, sus ideas, en verano, huyendo del infernal calor de Madrid.

Antes era como si las líneas, atrajesen a mas líneas, y esas a muchas más, llegando casi a agolparse y apelotonarse en aquellas páginas en blanco, dejándolas casi pequeñas, casi insuficientes para todo lo que salía de su cabeza, como si de una caja de llena de ellas se tratase. Antes casi no necesitaba pensarlas, llegaban solas, y se quedaban ahí, era como si estas invitasen a muchas más, era como una fiesta de ideas, en las que invitas a unas pocas, y esas pocas invitan a más, hasta llenarlo todo y superar el afóro. Sin embargo ya no lo sentía así, no le llegaban, ni le llamaban. Era como si necesitase que alguien le dijera que escribir. 

Por un lado, a veces le daban ganas de dejarlo todo, de no seguir, e incluso de dedicarse a otra cosa, por otro, quería y deseaba ser como aquellos a los que leía o había leído en su día, deseaba ser conocido y reconocido como ellos, e incluso influyente para los demás, sentirse que estaba sentado un escalón por encima de ellos, lo cual no dejaba de ser ególatra y hasta pedante, pero se sentía así y no podía evitarlo. 

Sin embargo no daba el nivel, tal vez, por mucho que lo quisiera, aquello no era lo suyo, y se estaba metiendo en un mundo que no le correspondía, aunque quienes le conocían, siempre le habían dicho que por que no escribía un libro, que escribir se le daba bien, y tal vez, se lo creyó, y creyó en él, y entonces escribió. Aunque ese día no, ese día no era el que tocaba, o no se dejaba tocar, no le salía ni le daba forma a nada, y esa nada le hacía sudar más que el calor.

Ese día en lugar de inspiración, había transpiración.

lunes, 22 de julio de 2019

LA PICADURA DE LA MUJER ARAÑA

     Se despertó pensando en ella con una sonrisa, pensando en como era posible que alguien a quien no conocía de nada, hubiese calado tanto en su interior. 

Realmente, aquella mujer no era para tanto, una de tantas a las que había conocido o podría conocer, probablemente tendría una vida como la pudiera tener casi cualquiera, sin embargo algo le había enganchado a ella, tanto que la llamaba "la mujer araña", porque sentía que estaba en su tela de araña, como si de una trampa se tratase, y sin poder escapar, notaba "la picadura de la mujer araña"

Siendo ella de lo más normal, al menos en apariencia, al mismo tiempo tenía un gran magnetismo, como si de un imán se tratase. Tenía carisma y presencia, casi sin hacer nada, ni proponérselo, atraía la atención de cuanto se encontrase a su alrededor, tenía una personalidad casi desbordante, con su luz propia, una luz que en pocas personas podía encontrar, y en ella la encontró, sin tan siquiera haberla buscado. 

La verdad es que no buscaba nada con nadie, estaba en un momento en que no lo necesitaba, ni siquiera con ella lo buscaba, pero tampoco lo rehuía, y si surgía, tampoco se lo tomaría muy en serio, más bien como algo pasajero, sin embargo, le gustaba ese juego de atracción con ella, le hacía sonreír como hacía tiempo que no sonreía, así que, decidió dejarse llevar por él, y si algo en algún momento, no le gustase, dejaría de jugar. En cierto modo quería sentirse sin salida en esa tela de araña, o le gustaba, sentía que ella, más que brazos, tenia patas, como la araña, y sentía que cada una de ellas no dejaban que se fuera, ni se alejara. Parecía incluso que de sus ojos salieran patas, con aquella mirada tan penetrante, y que miraban fijamente, atrapando a su objetivo. Era una mirada dura, casi impertinente, medio chulesca y maliciosa. Y todo eso en su conjunto, la hacían muy atractiva. 

Todo en ella era atractivo, e incluso diría que tenía cierto aire a Angelina Jolie, le atraían sus poses, su voz, probablemente ella misma pensase, y hasta supiera que tenía y dominaba el mundo en su mano, en una sola mano, como si todo, y todos, fuesen infinitamente pequeños, y tal vez, con ella y para ella, todo fuese así. 

Así era, y tal poder tenía, la mujer araña.

lunes, 15 de julio de 2019

EL KARMA, HECHOS DE IDA Y VUELTA

     Muchos creen, o hablan del karma, esa cosa con la que la vida, a veces te da una ostia por algo que has hecho, y otras, simplemente te compensa.

Era su cumpleaños, y hacía tiempo, meses, que no se veían ni tenían trato alguno, ese día hizo planes que le sirvieran de excusa para escaquearse de aquello, dar vueltas por cualquier parte sin destino fijo, esperando que cada cual estuviera en la otra punta de la ciudad o del mundo, si fuese posible. Llevaba todo el día intentando no pensar en aquello, cuando ya se le echó la tarde encima, de vuelta a casa, sonreía con la satisfacción de haberse librado de aquel cumpleaños, cuando todo su ser le dio un vuelco.

Caminaba por la calle, cerca de un escaparate, cuando ahí mismo, notó su presencia, intentó no mirar hacia su presencia, aceleró el paso, intentando pasar rápido y ser invisible, pero fue inútil, se encontraron sin poder evitarlo, sin poder ser invisible, intentando disimular todos sus sentimientos y sensaciones. Se saludaron con alegría fingida de verse, casi más efusiva de lo que debería ser, pero tocaba hacer el papelón.

Digamos que al verse, cumplieron todo el protocolo que toca cumplir cuando llevas tiempo sin ver ni saber de ese alguien; salió el tema del cumpleaños sin poder evitarlo, por lo que tocó felicitar, como si fuese algo muy bueno, un año más, más viejo. Excusaron la ausencia de noticias mutuas en todos sus que haceres diarios.

Antes de despedirse, no pudo evitar la invitación de rigor al cumpleaños, que para su desgracia, no celebraba ese día, por lo que, y sin poder poner razón, ni excusa alguna, tuvo que aceptar, lo que hacía que la cabeza, le diese mil vueltas, pensando como poder escaparse, o que ponerse ese puñetero día, o lo que es peor, que coño regalar, si hacía tanto que no se veían, sin saber que tenía o que pudiera necesitar.

Y así acabó el día, encontrándose con lo que más, en ese momento, quería evitar. ¿Fue el karma?.

lunes, 8 de julio de 2019

LA CENA

   Aquel día, aún no sé por que, mi jefe decidió invitarnos a cenar a su casa, a los más allegados a él en el curro, supongo que lo hizo porque habíamos evitado el holocausto profesional de la empresa, y al menos ese día, esa semana, o ese mes, no se iba a la mierda. La cuestión es que nos invitó, y todos los capullos de mis compañeros dijeron que si, así que no podía ser el único rancio del grupo que dijera que no, y tampoco tenía excusa que poner, ni sabía inventarmelas, joder, ojalá supiera mentir también como él lo hacía con sus superiores. Era lo único que me molaba de él, lo bien que sabía ponerles cara de satisfacción, mientras en el fondo, su cara y su sonrisa era de cabrón. 

La cena era un jodienda que no me apetecía nada, no me apetecía conocer su casa, ni estar en ella, no me importaba nada de él, en lo personal, y aquella noche me tocaba tragarmelo. No sabía ni que ponerme, y tampoco tenía con quien ir, todos los demás irían con alguien, así que me veía solo en medio de todos ellos. 

De camino a casa, al salir del curro, caí en que si podría haber alguien que tal vez me pudiera acompañar, una medio amiga de vecindario que en alguna ocasión fue a mi trabajo, y le molaba mi jefe, no sé que coño le vería, pero le molaba, y eso podría jugar en mi favor, siempre y cuando no estuviera con él todo el tiempo en la cena, ni me hiciera a mi estar con él. Lo guay es que aceptó, e incluso me dijo que mierda ponerme para el bolo ese, al menos esperaba que la cena fuese buena, aunque le veía mucha pinta de cocinillas a mi jefe. El caso es que el tiempo pasó más rápido de lo que me quería y allí, con mi medio amiga, y en medio de los soplapollas de mis compañeros que no le quitaban ojo a mi compañera de cena, me veía delante de la puerta, casi en primera fila. 

Pasamos un rato esperando a que abriesen, parecía que nadie se enterase de que estábamos llamando, hasta llegué a pensar que, o bien a mi jefe se le fue la pinza, y, con suerte, se olvidó de la cena, o que en las horas previas se pilló un moco de puta madre y estaba durmiendo la mona. Al final a uno se le ocurrió aporrear la puerta, y entonces si, abrieron. Abrió una chica, algo más joven que mi jefe, guapilla, y con pinta de haber salido de los años cincuenta, que resultó ser su hermana, o eso dijeron, a saber. 

Entramos, y nos presentamos, fingiendo interés, tomamos una cerveza enlatada, y obviamente, hablamos algo de trabajo, bueno, hablaron, yo intentaba no participar mucho, esperando que todos se emborracharan y pasaran de mi, aunque era algo pronto para eso. La cena no me sorprendió mucho, aunque tampoco soy buen comensal, hubo algo de picoteo barato, un arroz raro al que no supe poner nombre, y pollo asado prefabricado. Me costaba disimular lo raro y cutrecillo que me parecía todo aquello, tanto que mi medio compañera, me pedía y casi imploraba que disimulase un poco más, ilusionada con liarse con mi jefe, eso como postre a toda esa cosa. No puedo pasar por alto la música que pusieron de fondo, que alguna colgada de mis compañeras bailaba, y que me resultaba tan antigua como la hermana de mi jefe, casi me la podía imaginar en blanco y negro, a la música, digo, a la hermana casi también. Por suerte todo aquello pasó en unas pocas horas, y tan pronto como pude, no como quise, me fui, dejando aquel mundo de las rarezas atrás, aunque seguro que más de uno piensa que el raro soy yo, me la suda. 

Me fui tan contento de la cena.

lunes, 1 de julio de 2019

VOLVIENDO A LA OSCURIDAD

     Llevaba largo tiempo descansando, lejos de todo, lejos de los demás, en su paz eterna de la que no quería, ni necesitaba despertar, sin embargo, y en contra de su voluntad, despertó, le obligaron a despertar, volvía a la oscuridad, a la misma que por sorpresa y sin pedirlo, le obligó durante tanto tiempo a estar lejos de los demás. 

Al despertar, casi nada era igual, muchas cosas habían desparecido, se las habían quitado, y sobre todo, y lo más importante, había gente que ya no estaba, se había ido, les habían invitado forzosamente a irse, y no volverían más. Su casa, lejos siempre de ser su hogar ideal, era ahora, un lugar gris, más gris que nunca, y abandonado, dejado a su suerte en manos del tiempo, que si algo hacía, era envejecerlo y desgastarlo más y más, sin piedad. 

Por otro lado, y muy a su pesar, algunas cosas, seguían igual, el cielo de su ciudad, seguía teñido de rojo fuego en el horizonte y más allá. La gente seguía perdida en la oscuridad de la noche, y sus malos vicios, de los que siempre quiso escapar y dejar atrás, sin embargo, aquella ciudad psicótica, era como la tela de una araña, de la que, una vez que caes en ella, ya no puedes escapar, siendo absorbido y devorado por ella. Apenas había un puñado de personas en ella, que le dieran algo de luz y de paz, entre tanta oscuridad. Se sentía confundido y desesperado, sin saber muy bien que hacer, ni que pensar, solo sabía que quería correr y escapar de aquella maldita ciudad.

Aquel caos le despertó de su larga paz,  para acabar volviendo a la oscuridad.