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lunes, 7 de octubre de 2019

UNA LARGA DESPEDIDA PARA NO DECIR ADIÓS

En sueños estaba ahí, contigo, con todos, una vez más. Sin embargo no era un día más, no era un día para soñar, y aún así lo soñé. 

Soñé que aunque estábamos en el mismo sitio, aquel era otro lugar, nada era lo mismo, era todo más grande, había más pasillos, pasillos más largos, y tantas habitaciones que entre todas ellas, perdí la mía y me equivoqué, y me equivoqué tanto que de repente nos vimos todos en otra habitación, en la misma habitación, todos haciendo la maleta, la maleta que indica que era el punto final, la maleta en la que sin querer, nos debíamos decir adiós. 

Y no queríamos, nos resistiamos a despedirnos, a no vernos más, y por ello lo alargabamos y retasábamos sin para de hablar, conversaciones banales para hacer de aquella, una larga despedida para no decir adiós

Maleta en mano me fui, no quería pero me tuve que ir, y otra vez entre tanta salida y tanto pasillo, me perdí, salí por donde no debí, por la salida más lejana que había, por la que no iba a ningún lugar, más que a quedarme allí, en ese sitio perdido del que ni siquiera sabía exactamente donde estaba, pero tuve que volver por donde llegué. Me di la vuelta a ese laberinto de pasillos para ir a donde me esperaban, para ir por donde no quería salir, y francamente, jamás supe si lo logré o me quedé para siempre en medio de ninguna parte. 

Me desperté sin saber que pasó, sin ver a nadie más, solo, desandando el camino que mil veces volvería a andar. Así que es posible que si nos dormimos, en uno de esos pasillos, en alguna habitación, tú y yo, todos nosotros, nos veamos un día más, o al menos, un momento más.

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