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lunes, 30 de septiembre de 2019

UNA MUJER CALVA EN EL ESPEJO

Se levantó a no sabía que hora, temprano pero no mucho, con más sueño y pereza que otra cosa. Fue al baño con los no sabía cuantos kilos de más que le proporcionaba el enorme sueño que aún tenía, era casi como si fuese dormido con los ojos abiertos, se paró frente al espejo, intentando despertarse y empezar el día, se miró, y la pereza que le daba lo que veía en él, no ayudaba mucho. 

Llevaba barba de unos pocos días, no le apetecía afeitarse, eso le daba aún más pereza que todo lo demás, le resultaba un auténtico coñazo, algo bastante tedioso cuando le tocaba hacerlo, y no solo era eso, se miraba y veía el alboroto que tenía sobre su cabeza, el pelo ya le crecía, y lo hacía más rápido y en una cantidad que le pesaba, ese era otro coñazo. Tenía una buena mata de pelo a pesar de haber entrado ya en los cuarenta, y tener que domar y peinar todo ese alboroto tampoco le apetecía mucho, por no decir nada, otro rollo más sumado a la barba, todo pelo que solo daba trabajo, trabajo y nada más, porque tanto con él, como sin él, no era un adonis, no sabía que era mejor, si tener más pelo o menos, pero si sabía una cosa, al menos así lo había decidido en ese momento, querría ser una mujer calva, si calva. 

Se decía frente a su reflejo aún medio dormido que eso sería lo mejor, ser una mujer y calva, así no tendría que afeitarse, ni peinarse, sería un problema que no tendría, ni problema ni gasto. Todo sería más rápido y fácil, e incluso cómodo, así no se pincharía sobre si mismo al dormir de un lado u otro, ni le picaría, ni nada, no habría nada, solo cara y cabeza sin un solo pelo con el que lidiar. Y así se imaginaba frente al espejo, jugaba a verse como una mujer calva, y no es que se viese de maravilla con su cara, no sería una mujer muy guapa, pero si sería una mujer sin nada que afeitar ni que peinar. 

Le gustaba fantasear con ver a una mujer calva en el espejo.

lunes, 23 de septiembre de 2019

UNA CORONA GRANDE PARA UNA REINA PEQUEÑA

     Por esas crueles leyes de la vida, siendo niña, muy niña para algunos, se vio obligada a dar la cara frente a su gran nación, muy grande para ella según algunas bocas, se vio obligada a madurar y crecer casi de un día para otro, a ser mujer.

No se podía negar ni ocultar que tenía cierto miedo y vértigo ante todo lo que estaba sucediendo, y lo que estaba por venir, pero ella, al igual que su antecesor, y quien bien la enseñó, era valiente y osada, era una guerrera rebelde que a pesar de las enormes circunstancias, no se dejaba amilanar.

A pesar de la inocencia que en ella veían los demás, sabía que tendría que librar mil batallas fuera, y sobre todo dentro de su palacio, que muchos veían y querían que fuera de cristal, y a buen seguro mucho harían por conseguirlo. Sabía que de casi nade se podía fiar, carroñeros y leones deseosos de devorarle el poder la rodeaban agazapados esperando poder darle caza en cuanto ella se descuidara. Bien era cierto que no todas eran alimañas, habrían quien la cuidaría y bien la aconsejaría para su buen hacer.

Muchos pensaban que aquel reino, el más grande entre los reinos, era una corona grande para una reina pequeña, y ya maquinaban como ser reyes y reinas bajo su sombra, como dirigirla para hacer esto y aquello, e incluso, ya tan joven, con quien casarla para dominarla, y de paso asegurar un heredero, su heredero, el de todos ellos que resabiados pretendían ser más que ella. Sin embargo, pocos vieron que era un corcel salvaje, a quien no podrían domar, y más pronto que tarde soltó coces y voces, haciéndose grande y tomando su lugar, en un palacio más grande y menos de cristal.

Quisieron implantarle una mano derecha con la que señalar, olvidando que con la izquierda, bien podía azotar a esas moscas cojoneras revoloteantes, dando paso a un todavía joven ministro que se hizo amigo y casi algo más, para envidia y recelo de caras largas y casi sorprendidas. Y hasta en su coronación eligió su canción con la que bailar, y a todas esas hienas, unas ya gordas y viejas, abofetear, demostrando y haciendo ver, que aquel reino de reinos que portaba en su cabeza, no era una corona grande para una reina pequeña.

lunes, 16 de septiembre de 2019

CARTAS DE UNA PÁGINA EN BLANCO

    
        Hacía horas que había anochecido, tantas que pareciera que pasaban el día de noche, habían terminado de cenar, y cada cual había ido a sus últimos quehaceres antes de dormir. La criada, una noche más le subía el último té a la señora, que se encontraba en ese despacho que se había apañado en el piso de arriba, cuando al entrar, se la encontró en el suelo, con un gran charco de sangre bajo su cabeza, y gritó, impresionada, llamando la atención de toda la familia.

Eso fue lo que le contó Bill, el marido de la señora, a la policia, cuando fue cuestionado por lo sucedido. Mientras, la policia se encontraba en el lugar del crimen, inspeccionándolo todo, tratando que no se les escapara ningún detalle de la escena que se encontraron. No estaba todo tan revuelto como pensaban que se lo encontrarían, normalmente, los familiares de las victimas, con los nervios, suelen revolver y tocar cosas, cambiarlas de sitio, al menos eso se comentaban los agentes entre sí. Tan solo vieron bastante lío en la mesa del despacho, que estaba llena de viejas cartas escritas en fránces, y algunas fotos de lo que parecía ser París en la misma época en la que se escribieron.

Entre tanta carta dispersa por toda la mesa, hubo algo que les llamo mucho la atención, un boligrafo con una gran pluma artificial en un extremo, una vieja llave con unas iniciales, muchas postales y fotos de París, lo que hacía pensar que eran recuerdos de toda una vida allí, o al menos buena parte de ella, también había lo que parecía ser una agenda, o un diario igual de antiguo que todo lo demás, abierto casi por la mitad, en dos páginas en blanco, con una foto pillada por un clip a una de ellas, y en medio de estas, parecía que faltase una página, parecía que la hubiesen arrancado. No pudieron evitar preguntarse que tanto contendría esa página, para que suscitase tanto interés como para que la arrancaran, y ¿matar por ella?.

Cada uno de los miembros de la familia, su marido, sus cinco hijos, tres mujeres y dos hombres, además del marido de una de ellas, fue interrogado por separado, y luego en conjunto para confrontar las distintas versiones de cada uno, y sus coartadas que les eliminase como sospechosos. Todos dijeron lo mismo acerca del montón de cartas esparcidas sobre la mesa, parecían ser parte de una pobre herencia que le había dejado su padre, recientemente fallecido, aunque nada pudieron aportar sobre ellas, ya que ninguno conocía su contenido, solo la victima las pudo abrir, y eso lo hizo a solas.

Menos, dijeron saber nada acerca de niguna agenda o diario, decían saber bastante poco acerca de lo que le dejó su padre, de quien apenas habló nunca, algo que les parecía un tanto extraño, tratándose de un familiar, pero no imposible. Tras una larga noche de idas y vueltas, y de preguntar una y otra vez, el inspector a cargo del caso y sus agentes, se hacían varias preguntas que aún quedaban en el aire, ¿todo aquello tenía que ver con la página arrancada?, ¿estaban relacionadas las cartas, con la página que les faltaba?.

Para la policia, hasta que no supieran más, eran cartas de una página en blanco.

lunes, 9 de septiembre de 2019

NUNCA DIGAS QUE NO ME HAS VISTO

             Estaba ahí, lo sabes, a penas unos pocos metros que se contaban con los dedos de una mano nos separaban, y me viste, así que no digas que no. Por capricho del destino, que a veces es así de cabrón, coincidimos en el mismo espacio, el mismo día y a la misma hora. 

Dios, el diablo o no sé quien, quiso que tú, precisamente tú, estuvieras en la presentación, y para rizar el rizo y hacerlo aún peor, en primera fila, para que se te viera bien, para que me vieras bien, sin perder detalle. Y nos vimos, porque era imposible no vernos, no mirarnos estando tan cerca el uno del otro. 

Fue un segundo, poco más, poco menos, tu mirada y la mía se cruzaron en tan pequeño espacio, y tú rápidamente la apartaste fingiendo no haberme visto, haciendo como que no estaba ahí, pero estuve, y nos vimos aunque no quieras, como no quise yo. Me ocupaba de los pequeños y últimos detalles de la presentación, y te vi, y ella te también te vio, que coño, ¡el mundo entero te vio!. Todos sabían que estabas ahí, porque te encanta hacerte notar, te encanta que te vean, eso si, de puertas para afuera, pura fachada todo, y con esa fachada ser el centro de atención, aunque ese día eras puro relleno y nada más, eras un figurante más de una película, mi película, y con el mismo silencio con el que llegaste, te irías, porque ese momento no era para ti. 

Y en ti me quedaría yo, en tu mente, en tus pensamientos y en tus temores ante lo que yo pudiera decir de ti después de haberte visto, porque temes y te importa mucho el que dirán de ti, te importa si hablarán de ese puro envoltorio con el que te muestras al mundo, o de ti dirán la verdad. En cambio tú no quedarás en mi, ya no, ya pasé la página de ese libro que no leeré más, un libro empolvado en ricón que solo está ahí para tirar, regalar, o simplemente para olvidar, en cualquier caso y  de cualquier manera, nunca digas que no me has visto.

lunes, 2 de septiembre de 2019

LA NOVELA FANTASMA DE UN AUTOR INVISIBLE

      Hacía buena tarde, tan buena que decidió que era el momento perfecto que tanto tiempo había estado esperando, era el momento en el que contaría todo lo que tenía en su cabeza y a lo que tantas vueltas le había dado. 

Había pensado en todo mil veces, en cuando contarlo, como hacerlo, y donde. Sabía a donde tenía o al menos donde quería hacerlo llegar, solo le faltaba decidir como, aunque eso casi lo tenía decidido también, como casi todo lo demás. No tenía del todo claro si hacerlo con su nombre real o con un pseudónimo, como tantos otros escritores habían hecho a lo largo de la historia, no sabía si ser uno más, aunque eso no era lo más importante, lo que importaba, si lo sabía. Tenía todos los detalles de principio a fin, tantos que no sabía cuantas páginas pudiera ocupar, y más o menos, sabía en el orden en que los quería contar, lo tenía todo, solo le quedaba hacerlo realidad. 

Así, con todo decidido y, digamos que sobre la mesa, cogió su chaqueta, la cartera, él móvil que no pretendía mirar, un bolígrafo, y un cuaderno casi sin usar y en el que alguna vez tomó notas. Con todo ello salió de casa y bajó hasta la terraza de un bar situada bajo unos soportales, algo retirada de la carretera, allí, en la primera mesa que vio, se sentó de cara a la calle y la vida del barrio, y sin perder de vista a los camareros. Abrió el cuaderno, y sin ponerle título aún, aunque practicamente lo sabía, empezó a escribir, sabiendo como quería dar a conocer su historia; lo haría desde la raíz, desde el principio, empezando por los antecedentes, básicamente, y como si de una serie se tratase, se podría decir que era el capítulo piloto, lo cual daría más sentido a todo lo que vendría después, o al menos así lo veía él. 

A medida que lo hacía, pensaba en como lo mostraría al mundo, a ese mundo desconocido que no le había leído aún y que nada sabía, pensaba en ese pseudónimo que le daría misterio y tal vez suspense a todo, y le hacía sonreír, y sonriendo le pilló la camarera al preguntarle que iba a tomar. Casi no se percató de la vuelta de la camarera cuando le traía su copa, un brandy que le daría otro color y otro aroma a esa tarde medio bohemia y misteriosa en el que las primeras líneas del borrador empezaban a tomar forma.

Según escribía, pensaba en que en ese momento era como si fuese invisible, y se imaginaba como sería todo, en como les hablaría de sonrisas de mentira, les hablaría de complices y de victimas, y en que respuesta tendría todo aquello, pensaba hasta donde llegaría, si es que llegaba a algún lugar, al fin y al cabo, casi ni se le podía considerar escritor novel, pues nadie le conocía, pero como todo, la cuestión era empezar, y él empezó, aunque para el mundo pudiera ser, si le leían, La Novela Fantasma De Un Autor Invisible.

martes, 27 de agosto de 2019

KARLA: RETRATO DE UN CRIMEN

    Entró en la habitación como buenamente pudo, tambaleante, tanto que se tuvo que apoyar en el marco de la puerta para introducir la llave. Ya dentro cerró casi de un portazo al que, de la borrachera que llevaba, no puso atención, dejó la llave caer sin mirar donde y fue directo a la persiana, la bajaría para que por la mañana el sol no le despertase, quería dormir sin hora, necesitaba dormir la mona.

Tenía la cabeza muy pesada, abotargada, todo él se sentía pesado, había bebido más de lo que en él era habitual. Se dio la vuelta para sentarse en la cama cuando y a pesar de la caraja que llevaba encima, se percató de la sangre que había por toda la cama, por la colcha, las sábanas y hasta en la lamparilla de noche, y entonces, y sin saber que leches estaba pasando, la vio a ella, a Karla, Karla con K, como decía ella.

La vio tendida en la cama sobre su propia sangre, ya algo pálida, estaba como dormida, aunque evidentemente era un sueño del que no despertaría. Tampoco sabía de donde había salido tanta sangre, con la borrachera, estaba tan aturdido que no pensaba con claridad. Lo que estaba claro, o al menos lo parecía, es que cuando se descubriese todo, él tendría todas las papeletas para ser el culpable de aquello, y quien sabe si lo fuese, no tenía nada claro.

Karla era la chica con la que se llevaba viendo un tiempo en aquel hotel que ella misma le había recomendado, y aún con la tremenda borrachera, sabía que era ella, porque un buen rato antes, habían estado tomando una copa, o varias, en el bar del hotel. No sabía cuantas copas fueron, si fue una o fueron más, aunque por su estado, probablemente fueron más de una y más de dos, tampoco recordaba cuando se fue ella dejándole solo en el bar, no sabía nada, salvo que quería que todo aquello solo fuese una mala pesadilla provocada por el alcohol, solo sabía que quería despertar y estar muy, muy lejos de allí.

Él no era de mucho beber, alguna copa de tarde en tarde, en alguna celebración o en alguna comida familiar, raramente bebía en alguna otra ocasión más, y mucho menos era de irse con desconocidas, ni de serle infiel a su mujer, pero con Karla, todo fue diferente, tenía algo que le embriagaba más que las propias copas que se tomaba, tenía un magnetismo del que el primer día no supo escapar, y lo peor es que esa atracción le gustó tanto, que en ningún momento lo intentó, simplemente se dejó perder y llevar por él, por ella. Recordaba todo de ella, menos como acabó así en su habitación.

Bloqueado por la borrachera y la situación, solo pensaba en escapar de allí, y solo con ese pensamiento en su aturdida cabeza, buscó y cogió la llave de manera un tanto aparatosa, y salió de la habitación, arreglándose como pudo, aunque sin poder evitar la evidencia de su lamentable estado, solo quería irse de allí sin que nadie le viera, sin que nadie le pudiera relacionar con aquella escena cuando, por la mañana, encontrasen el cuerpo de Karla tendido en esa cama toda salpicada de sangre.

lunes, 19 de agosto de 2019

EL DIABLO BAILA CONTIGO

      El diablo baila contigo, no lo dudes, baila contigo, camina contigo, come contigo, e incluso duerme contigo. 

No importa si no lo crees, si no le sientes, e incluso si no le ves, siempre está ahí, contigo, a tu alrededor, cerca de ti. Es el que te confunde, el que te hace cometer errores, el que te hace fallar, e incluso el que te hace pensar mal. 

El diablo siempre está ahí, ante ti, aunque no se mostrará como tal, te parecerá guapo, simpático, y de confiar. Tendrá una apariencia dócil, tierna o aburrida, nada que te haga sospechar, ni desconfiar. Sin embargo, siempre te mira, no te quita ojo, y mientras te mira, maquina, trama y elucubra contra ti. 

El diablo, con cara de niño, o de ángel, con cara de no haber roto un plato, es el que te hace pecar, te lleva por calles y pasillos oscuros, te embriaga, y lleva de la mano, te pierde, hará que todo parezca un sueño, y tus sueños los convertirá en pesadillas, una vez lo ha hecho, te abandona a tu suerte. 

No se va, pero te abanadona, te deja en un rincón, y se queda mirándote, deleitándose en tu mala suerte, divertido y risueño. Y en ese camino en el que te ha llevado de la mano, con toda su maldad, el diablo baila contigo.

lunes, 12 de agosto de 2019

DE FIESTA EN FIESTA, Y UNA MISTERIOSA INVITACIÓN

  Celebraba una fiesta en su propia casa, con incontables invitados y todo tipo de lujos, no escatimó en nada, al fin y al cabo, daba una cada mil años. En un momento de la fiesta que ya ni recordaba, uno de sus mayordomos llegó a ella, sobre en mano, y al entregárselo, le dijo al oído que un hombre que parecía ser también mayordomo, se la entregó con la premisa de que se la diera a ella personalmente, y dejó un coche aparcado en la puerta, yéndose el emisario a pie sin mediar mas palabra. 

El sobre era algo abultado, evidenciando que traía consigo algo más que una carta. Al abrirlo sacó de él una rosa roja, sin espinas, y con ella una pequeña carta en la que se leía:  

"Disculpa el atrevimiento, sé que no es el momento, ni la forma de sacarte de tu casa, ni de tu fiesta, pero no puedo dar la mía sin tu presencia, ruego aceptes esta invitación a mi humilde mansión. Te dejo mi coche y en él, mi dirección, y como llegar. Deseo y espero que aceptes. Te espero.". 

La invitación no llevaba firma, no tenía forma de saber quien la enviaba, tampoco reconoció la letra. Dudó si ir o no, tenía ciertos recelos, pero no era mujer de quedarse con la duda, siempre necesitaba respuestas, necesitaba saber quien se ocultaba tras la máscara de la invitación, así que decidió aprovechar la distracción y la embriaguez de sus invitados, para escapar y ver quien había puesto los ojos en ella. Se fue sin decir adiós, salió, se acercó al coche que le habían dejado, admirándolo y estudiándolo a partes igual, percatándose de que con toda probabilidad, sería de un hombre, pero..., ¿quién?. Daba igual, se subió, buscó la dirección que encontró en la guantera, el lugar al que ir estaba algo lejos, pero sabía donde era, y aun así no acertaba a adivinar quien la había invitado a tan altas horas de la noche. 

Condujo por las serpenteantes carreteras de la isla, colina abajo, medio temerosa de perderse o caer por los acantilados que la rodeaban. Llegó hasta la flamante casa a la que había sido invitada, siguiendo las instrucciones de la nota, que la llevaron a la parte de atrás. Se detuvo, bajó, no había nadie, así que decidió seguir a pie el ruido y la música que oía de fondo, expectante y con cierto nerviosismo ante lo que se pudiera encontrar. Cuando llegó, se encontró con un jardín, y la misteriosa mansión que recordaba abandonada, había bastante gente en él, gente que no conocía, gente bebiendo y hablando, más embriaguez, pero seguía sin dar con el misterioso anfitrión, miraba a todas partes sin ver nada, hasta que una voz masculina que intentaba no asustarla, carraspeó a espaldas suyas. Se dio la vuelta, y ojiplática reconoció por fin al misterioso hombre que tanto suspense le había puesto a la noche. 

Era Carlo, un viejo amigo, con edad de ser su padre, al que no veía hacía mucho tiempo. Sorprendida le dio un abrazo, haciéndole mil preguntas. Él le contó que había comprado la mansión, decidiendo vivir allí, que necesitaba cambiar de aires, y que el clima de la isla, le iba mejor que tanta urbe en la que vivía. Resuelto el misterio, se enfrascaron en una conversación interminable, acompañada de buen champán y mil desconocidos a los que saludar.

lunes, 5 de agosto de 2019

LA TRISTE ESTRELLA A LA QUE TODOS MIRAN

    Se encontraba cerca de la puerta del lujoso hotel que ese día era el centro de atención de todo el universo, estaba en medio del gentío formado alrededor, no sabía como había logrado colarse y llegar hasta ahí, pero lo había hecho, estaba casi en primera fila, esperando como todos, a poder ver pasar a su estrella. Todos la querían ver, todos hacían por estar los primeros, al pie del cordón de seguridad para verla pasar. 

Había cámaras de televisión y fotógrafos por todas partes, un cordón policial que parecía insuficiente ante la que había montada, intentaba controlar aquel descontrol que se formó por ella, por la estrella que todos querían ver, tocar, y saludar. Era como una reunión de tiburones salvajes. Para los que estaban ahí, era como un día de fiesta, un día especial, un día de esos que pasan cada no se cuantos años, y en un momento en el que todos miraban a todas partes, y a ningún lugar, apareció su estrella. 

Llegó en un monovolumen de alta gama, espectacular, era de color negro, muy negro, se podría decir que era de color carbón oscuro, era metalizado, y a la luz del sol brillaba mucho, casi tanto como los tropecientos flashes que saltaron como chispas al verla llegar, y no la dieron tiempo ni a salir de su flamante vehículo. El monovolumen se detuvo en frente de la puerta del hotel, a la gente se le disparaba la adrenalina, gritaban su nombre, o simplemente gritaban locos ante ese fenómeno social, que casi parecía sin precedentes, aunque no lo fuera, recordando un poco a la llegada de Ava Gardner a España, cuando se vino a vivir aquí, huyendo del devorador Hollywood, de hecho a ella la comparaban con Ava, y su llegada también, la comparaban en casi todo, como si fuera un déjà vu todo lo que estaba pasando, pareciendo que la historia se repitiese. Un guardaespaldas del tamaño de un gorila gigante se bajó del asiento del copiloto, y cuando pudo, abrió la puerta de los pasajeros, y unos treinta segundos después, apareció ella, radiante, más brillante que el monovolumen y que la lluvia de flashes; intentaba pasar despercibida ante tal marabunta, imposible, solo si fuese del tamaño de una hormiga, podría lograrlo. Se quitó sus enormes gafas de sol y se esforzó por sonreír un poco, y en ese momento ella miró hacia su lado, se miraron, ella más bien miró a todo y la nada, un poco al vacío, pero por un breve instante, se miraron, y se dio cuenta, o le pareció ver su verdadera mirada, una mirada triste, como de no querer estar allí, ni todo aquello en lo que se veía envuelta, como si quisiera escapar. 

Escapar, imposible salir de esa jaula de tiburones psicóticos y hambrientos de ella, estaba en un lugar donde abundaban y rebosaban los paparazzi que la acosarían día y noche. 

En los mismos segundos o menos de los que tardó en bajarse de ese carbón oscuro con ruedas, se metió en el hotel y despareció de casi todos los ojos que allí se encontraban, y allí trataron de aislarla de todo aquel alboroto, mientras la gente no cesaba de llamarla como si la quisieran devorar, la prensa intentó hacerle mil fotos en un momento, saltaron tantos flashes que ya no sabía se estaba cegado por ellos o por el sol. En cualquier caso todo pasó en un momento, ya la vio, y probablemente no la volvería a ver como en aquella ocasión, no volvería a ver a la triste estrella a la que todos miran.

lunes, 29 de julio de 2019

INSPIRACIÓN, TRANSPIRACIÓN

  Llevaba un rato sentado en su escritorio, delante de su ordenador, con la hoja en blanco, sin saber que escribir, sin ideas, y casi sin ganas, pero algo debía de hacer ese día. En la editorial esperaban sus páginas, aquellas que no podía retrasar más, o todo el proyecto se iría a la mierda, pero no sabía que escribir. Leía y releía lo escrito en busca de ideas, en busca de inspiración, le daba mil vueltas, pero estaba bloqueado, y nada salía de su enorme cabeza. 

Miraba por la ventana, miraba a toda esa gente al sol, que iba y venía, que se abrasaba al calor de aquel mes de Julio, les veía abanicarse, y buscar la sombra como él buscaba la inspiración, sin embargo, él como ellos, padecía los calores del momento y solo lograba transpiración. Aquello era frustrante y agotador, casi tenso, porque el tiempo corría y se le echaba encima, aplastándolo, dejándolo casi sin respiración. 

Sentía, o al menos pensaba, que ya no era la misma persona de antes a la hora de escribir, parecía que las ideas que antes rebosaban en su cabeza, ya no le llenaban, ya no estaban ahí, como si hubiesen emigrado, cual bandada de pájaros que se va al llegar el invierno, yéndose estas, sus ideas, en verano, huyendo del infernal calor de Madrid.

Antes era como si las líneas, atrajesen a mas líneas, y esas a muchas más, llegando casi a agolparse y apelotonarse en aquellas páginas en blanco, dejándolas casi pequeñas, casi insuficientes para todo lo que salía de su cabeza, como si de una caja de llena de ellas se tratase. Antes casi no necesitaba pensarlas, llegaban solas, y se quedaban ahí, era como si estas invitasen a muchas más, era como una fiesta de ideas, en las que invitas a unas pocas, y esas pocas invitan a más, hasta llenarlo todo y superar el afóro. Sin embargo ya no lo sentía así, no le llegaban, ni le llamaban. Era como si necesitase que alguien le dijera que escribir. 

Por un lado, a veces le daban ganas de dejarlo todo, de no seguir, e incluso de dedicarse a otra cosa, por otro, quería y deseaba ser como aquellos a los que leía o había leído en su día, deseaba ser conocido y reconocido como ellos, e incluso influyente para los demás, sentirse que estaba sentado un escalón por encima de ellos, lo cual no dejaba de ser ególatra y hasta pedante, pero se sentía así y no podía evitarlo. 

Sin embargo no daba el nivel, tal vez, por mucho que lo quisiera, aquello no era lo suyo, y se estaba metiendo en un mundo que no le correspondía, aunque quienes le conocían, siempre le habían dicho que por que no escribía un libro, que escribir se le daba bien, y tal vez, se lo creyó, y creyó en él, y entonces escribió. Aunque ese día no, ese día no era el que tocaba, o no se dejaba tocar, no le salía ni le daba forma a nada, y esa nada le hacía sudar más que el calor.

Ese día en lugar de inspiración, había transpiración.

lunes, 22 de julio de 2019

LA PICADURA DE LA MUJER ARAÑA

     Se despertó pensando en ella con una sonrisa, pensando en como era posible que alguien a quien no conocía de nada, hubiese calado tanto en su interior. 

Realmente, aquella mujer no era para tanto, una de tantas a las que había conocido o podría conocer, probablemente tendría una vida como la pudiera tener casi cualquiera, sin embargo algo le había enganchado a ella, tanto que la llamaba "la mujer araña", porque sentía que estaba en su tela de araña, como si de una trampa se tratase, y sin poder escapar, notaba "la picadura de la mujer araña"

Siendo ella de lo más normal, al menos en apariencia, al mismo tiempo tenía un gran magnetismo, como si de un imán se tratase. Tenía carisma y presencia, casi sin hacer nada, ni proponérselo, atraía la atención de cuanto se encontrase a su alrededor, tenía una personalidad casi desbordante, con su luz propia, una luz que en pocas personas podía encontrar, y en ella la encontró, sin tan siquiera haberla buscado. 

La verdad es que no buscaba nada con nadie, estaba en un momento en que no lo necesitaba, ni siquiera con ella lo buscaba, pero tampoco lo rehuía, y si surgía, tampoco se lo tomaría muy en serio, más bien como algo pasajero, sin embargo, le gustaba ese juego de atracción con ella, le hacía sonreír como hacía tiempo que no sonreía, así que, decidió dejarse llevar por él, y si algo en algún momento, no le gustase, dejaría de jugar. En cierto modo quería sentirse sin salida en esa tela de araña, o le gustaba, sentía que ella, más que brazos, tenia patas, como la araña, y sentía que cada una de ellas no dejaban que se fuera, ni se alejara. Parecía incluso que de sus ojos salieran patas, con aquella mirada tan penetrante, y que miraban fijamente, atrapando a su objetivo. Era una mirada dura, casi impertinente, medio chulesca y maliciosa. Y todo eso en su conjunto, la hacían muy atractiva. 

Todo en ella era atractivo, e incluso diría que tenía cierto aire a Angelina Jolie, le atraían sus poses, su voz, probablemente ella misma pensase, y hasta supiera que tenía y dominaba el mundo en su mano, en una sola mano, como si todo, y todos, fuesen infinitamente pequeños, y tal vez, con ella y para ella, todo fuese así. 

Así era, y tal poder tenía, la mujer araña.

lunes, 15 de julio de 2019

EL KARMA, HECHOS DE IDA Y VUELTA

     Muchos creen, o hablan del karma, esa cosa con la que la vida, a veces te da una ostia por algo que has hecho, y otras, simplemente te compensa.

Era su cumpleaños, y hacía tiempo, meses, que no se veían ni tenían trato alguno, ese día hizo planes que le sirvieran de excusa para escaquearse de aquello, dar vueltas por cualquier parte sin destino fijo, esperando que cada cual estuviera en la otra punta de la ciudad o del mundo, si fuese posible. Llevaba todo el día intentando no pensar en aquello, cuando ya se le echó la tarde encima, de vuelta a casa, sonreía con la satisfacción de haberse librado de aquel cumpleaños, cuando todo su ser le dio un vuelco.

Caminaba por la calle, cerca de un escaparate, cuando ahí mismo, notó su presencia, intentó no mirar hacia su presencia, aceleró el paso, intentando pasar rápido y ser invisible, pero fue inútil, se encontraron sin poder evitarlo, sin poder ser invisible, intentando disimular todos sus sentimientos y sensaciones. Se saludaron con alegría fingida de verse, casi más efusiva de lo que debería ser, pero tocaba hacer el papelón.

Digamos que al verse, cumplieron todo el protocolo que toca cumplir cuando llevas tiempo sin ver ni saber de ese alguien; salió el tema del cumpleaños sin poder evitarlo, por lo que tocó felicitar, como si fuese algo muy bueno, un año más, más viejo. Excusaron la ausencia de noticias mutuas en todos sus que haceres diarios.

Antes de despedirse, no pudo evitar la invitación de rigor al cumpleaños, que para su desgracia, no celebraba ese día, por lo que, y sin poder poner razón, ni excusa alguna, tuvo que aceptar, lo que hacía que la cabeza, le diese mil vueltas, pensando como poder escaparse, o que ponerse ese puñetero día, o lo que es peor, que coño regalar, si hacía tanto que no se veían, sin saber que tenía o que pudiera necesitar.

Y así acabó el día, encontrándose con lo que más, en ese momento, quería evitar. ¿Fue el karma?.

lunes, 8 de julio de 2019

LA CENA

   Aquel día, aún no sé por que, mi jefe decidió invitarnos a cenar a su casa, a los más allegados a él en el curro, supongo que lo hizo porque habíamos evitado el holocausto profesional de la empresa, y al menos ese día, esa semana, o ese mes, no se iba a la mierda. La cuestión es que nos invitó, y todos los capullos de mis compañeros dijeron que si, así que no podía ser el único rancio del grupo que dijera que no, y tampoco tenía excusa que poner, ni sabía inventarmelas, joder, ojalá supiera mentir también como él lo hacía con sus superiores. Era lo único que me molaba de él, lo bien que sabía ponerles cara de satisfacción, mientras en el fondo, su cara y su sonrisa era de cabrón. 

La cena era un jodienda que no me apetecía nada, no me apetecía conocer su casa, ni estar en ella, no me importaba nada de él, en lo personal, y aquella noche me tocaba tragarmelo. No sabía ni que ponerme, y tampoco tenía con quien ir, todos los demás irían con alguien, así que me veía solo en medio de todos ellos. 

De camino a casa, al salir del curro, caí en que si podría haber alguien que tal vez me pudiera acompañar, una medio amiga de vecindario que en alguna ocasión fue a mi trabajo, y le molaba mi jefe, no sé que coño le vería, pero le molaba, y eso podría jugar en mi favor, siempre y cuando no estuviera con él todo el tiempo en la cena, ni me hiciera a mi estar con él. Lo guay es que aceptó, e incluso me dijo que mierda ponerme para el bolo ese, al menos esperaba que la cena fuese buena, aunque le veía mucha pinta de cocinillas a mi jefe. El caso es que el tiempo pasó más rápido de lo que me quería y allí, con mi medio amiga, y en medio de los soplapollas de mis compañeros que no le quitaban ojo a mi compañera de cena, me veía delante de la puerta, casi en primera fila. 

Pasamos un rato esperando a que abriesen, parecía que nadie se enterase de que estábamos llamando, hasta llegué a pensar que, o bien a mi jefe se le fue la pinza, y, con suerte, se olvidó de la cena, o que en las horas previas se pilló un moco de puta madre y estaba durmiendo la mona. Al final a uno se le ocurrió aporrear la puerta, y entonces si, abrieron. Abrió una chica, algo más joven que mi jefe, guapilla, y con pinta de haber salido de los años cincuenta, que resultó ser su hermana, o eso dijeron, a saber. 

Entramos, y nos presentamos, fingiendo interés, tomamos una cerveza enlatada, y obviamente, hablamos algo de trabajo, bueno, hablaron, yo intentaba no participar mucho, esperando que todos se emborracharan y pasaran de mi, aunque era algo pronto para eso. La cena no me sorprendió mucho, aunque tampoco soy buen comensal, hubo algo de picoteo barato, un arroz raro al que no supe poner nombre, y pollo asado prefabricado. Me costaba disimular lo raro y cutrecillo que me parecía todo aquello, tanto que mi medio compañera, me pedía y casi imploraba que disimulase un poco más, ilusionada con liarse con mi jefe, eso como postre a toda esa cosa. No puedo pasar por alto la música que pusieron de fondo, que alguna colgada de mis compañeras bailaba, y que me resultaba tan antigua como la hermana de mi jefe, casi me la podía imaginar en blanco y negro, a la música, digo, a la hermana casi también. Por suerte todo aquello pasó en unas pocas horas, y tan pronto como pude, no como quise, me fui, dejando aquel mundo de las rarezas atrás, aunque seguro que más de uno piensa que el raro soy yo, me la suda. 

Me fui tan contento de la cena.

lunes, 1 de julio de 2019

VOLVIENDO A LA OSCURIDAD

     Llevaba largo tiempo descansando, lejos de todo, lejos de los demás, en su paz eterna de la que no quería, ni necesitaba despertar, sin embargo, y en contra de su voluntad, despertó, le obligaron a despertar, volvía a la oscuridad, a la misma que por sorpresa y sin pedirlo, le obligó durante tanto tiempo a estar lejos de los demás. 

Al despertar, casi nada era igual, muchas cosas habían desparecido, se las habían quitado, y sobre todo, y lo más importante, había gente que ya no estaba, se había ido, les habían invitado forzosamente a irse, y no volverían más. Su casa, lejos siempre de ser su hogar ideal, era ahora, un lugar gris, más gris que nunca, y abandonado, dejado a su suerte en manos del tiempo, que si algo hacía, era envejecerlo y desgastarlo más y más, sin piedad. 

Por otro lado, y muy a su pesar, algunas cosas, seguían igual, el cielo de su ciudad, seguía teñido de rojo fuego en el horizonte y más allá. La gente seguía perdida en la oscuridad de la noche, y sus malos vicios, de los que siempre quiso escapar y dejar atrás, sin embargo, aquella ciudad psicótica, era como la tela de una araña, de la que, una vez que caes en ella, ya no puedes escapar, siendo absorbido y devorado por ella. Apenas había un puñado de personas en ella, que le dieran algo de luz y de paz, entre tanta oscuridad. Se sentía confundido y desesperado, sin saber muy bien que hacer, ni que pensar, solo sabía que quería correr y escapar de aquella maldita ciudad.

Aquel caos le despertó de su larga paz,  para acabar volviendo a la oscuridad.

lunes, 24 de junio de 2019

LA MUJER DETRÁS DE LAS LETRAS

       Llevaba tantos años viviendo casi los mismos días, casi con la misma rutina, que ya lo hacía todo de manera automática, como si fuera un robot, ya se había acostumbrado a ello, tanto que casi le daba igual. 

Todos le felicitaban a él, le daban palmaditas en la espalda, y le decían lo bueno que era, un genio decían, alababan sus letras, y sus versos, pura poesía decían, mientras ella siempre estaba ahí, a la sombra, sin hacer ruido y poniendo buena cara cuando, de tarde en tarde, la veían. Guardaba silencio, se callaba lo que solo ella, y él, sabían, y sin decir palabra, lo pensaba mientras les miraba y sonreía. Ella era quien realmente escribía, era la mujer detrás de las letras

Casi desde que se conocieron, se abrieron el uno al otro, y casi desde entonces, él le dio a leer sus páginas, y ella, apremiada por él, opinaba, y él tomaba nota de todo lo que decía, hasta que sobre la marcha ella le corregía, y él reescribía, y a veces, con el tiempo cada vez más, era ella quien se ponía al frente de ellas, y hasta las escribía de cero. 

Con el tiempo dejaron de ser las letras y las páginas de él, ya no eran suyas, eran las de ella, y sus ideas, y sensaciones, era totalmente ella en cada letra, en cada línea y en cada página, y eran mejores que las de él, eran las suyas las que felicitaba la gente. Cada palmada en la espalda que le daban a él, se la daban a ella, y cada premio también. Siempre en la sombra, porque de cara, en aquellos tiempos, y en ese mundo de hombres, nadie la compraría, nadie la leería solo por ser mujer. 

Y aunque a la luz sonreía y se aguantaba, en la sombra, no lo soportaba, y cada vez menos, porque era ella la verdadera autora, pero aquello se volvió tan rutinario y mecánico, que ni él mismo se percataba, e incluso acabo creyéndolas suyas, sin darse cuenta, ni ver, siempre era ella, vaciada en cada párrafo. Era a ella a quien leía la gente, aunque no lo supieran, leían a la mujer detrás de las letras.

lunes, 17 de junio de 2019

LEÍ QUE TE HABÍAS IDO

Leí que te habías ido, y pensé que no era verdad, que era mentira, o una broma, o simplemente que la gente exageraba, o puede ser que no quisiera que fuera verdad que tu adiós era real, aunque era cierto que de un momento a otro, te fuiste de verdad. 

Leí que te habías ido, y al leerlo, fue como llegar a cualquier lugar, y ver que te lo habías llevado casi todo y que no nos dejabas casi nada, tan solo los recuerdos que nos dejas de lo vivído contigo, lo bueno y lo malo, nuestras cercanías y nuestras diferencias.

Te fuiste sin avisar, sin decir adiós, ni tan siquiera darnos un por que, ni una nota o un mensaje en whatsapp, y así, sin más tu marcha me la tengo que creer, porque ya no hay nada, te lo llevaste todo, y nos dejas aquí plantados, en la puerta, fríos, casi sin mirarnos, ni saber que pensar, ni que decirnos.

Sabíamos que estabas mal, que había grandes piedras en el camino, y como supimos, o como pudimos, tratamos de andarlo contigo, pero no fueron suficiente las manos tendidas para sostenerte, y aún así no debiste haberte ido, y menos sin decir adiós, y ni tan siquiera darnos un motivo.

Ya que tu marcha no tiene vuelta a atras, solo un buen viaje te podemos desear, esperando que tengas mejor vida allá donde estés llegando, mientras en esta, siempre te estaremos recordando, así como tú  a nosotros, nos recordarás.

lunes, 10 de junio de 2019

UN DIA DE MIERDA EN LA OFICINA

     Un día de mierda en la oficina, así se puede resumir ese día en pocas palabras, y no era Lunes. 

Llegó como cualquier otro día, sin esperar nada nuevo, más bien esperando la rutina casi tediosa de cada día, con los problemas de mierda de siempre, aunque le cansaban tanto esos o algunos de esos problemas que decidió intentar ponerles fin. El puto navegador tardaba siglos en iniciarse, no arrancaba nunca, así que decidió buscar como solucionar el problema y seguir los pasos para solucionarlo, mala idea sería esa, al menos por una parte. Sería y fue buena porque al menos entonces pareció arrancarle bien, pero mala porque sin pensar en las consecuencias, había perdido páginas y contraseñas usaba a diario. 

¿Qué pasó?, que restableció el navegador del modo en el que venía predeterminado, como si se lo hubiesen puesto sin usar, y eso le hizo perder todo, mala cosa. Recuperar las contraseñas de los correos, de las cuentas de las redes sociales, sus páginas, gran trabajo el que tenía. ¿Por qué todo tiene que ir con contraseñas?, aquello era una puta locura.

Normalmente solía usar la misma para casi todo, mala idea dicen, pero no era una contraseña sencilla ni normal, mucho había que elucubrar para dar con ella, pero no todo tenía la misma, ni el mismo nombre de usuario, obviamente, y dar con todo aquello, venía a ser un coñazo superlativo, que le iba a dar muchos problemas, y le haría cagarse en todo lo que uno pueda imaginar. Se marcó muchos Willy Toledo, no sé si me explico, aunque creo que me entiendes, todo aquello ponía de los nervios casi a cualquiera, más de una puñetera hora para recuperar parte de lo que tenía, porque no dio con todo, aunque si con la mayor parte, y posiblemente la más importante. 

Acabó hasta las pelotas, tanto que cuando ya no podía hacer más por recuperar lo aún perdido, y tampoco tenía ganas, decidió marcharse a casa y dejarlo para el día siguiente, si es que tenía ganas de seguir, desde luego en aquel momento no, ni puta gana, porque si seguía podía mandarlo todo y a todos a una grandísima y pestilente mierda, así que, se fue a casa a escuchar música y olvidarse de todo, y acabar así un día de mierda en la oficina.

lunes, 3 de junio de 2019

UN BAILE SOLO PARA DOS

       La noche iba bien, unas risas, unas copas con las amigas, la música se les metía en el cuerpo, bailaban y se dejaban llevar. 

De repente, mirando a la pista, les vio, al fondo, entre la gente, les vio bailar, bailar y algo más. No era un simple baile, era mucho más, había miradas, había gestos, había complicidad. Se notaba que entre los dos había mucho más, ella lo vio enseguida, de golpe, como si le hubiesen dado un mazazo. De un momento a otro las luces se volvieron oscuras, y la música, sorda, como si hubiese quedado atrapada en una burbuja, y fuera de ella, ellos, juntos, abrazados, dando vueltas sin dejar de mirarse, eran miradas intensas, cargadas de deseos e intenciones, ella lo vio, y lo sintió como si se lo contasen en la distancia. 

Sabía que ese baile, era un baile solo para dos, que ella no tenía sitio ahí, no podía decir, ni hacer nada, porque él no era nada suyo, él no sabía cuanto le gustaba, cuanto sentía ella, solo era una más entre tanta gente a la que no veía. 

La copa se volvió amarga, casi ni la quería, aquel fin de semana que pintaba tan bien, se volvió gris casi negro, solo quería dejar de mirar y olvidar, ya no reía. Se la tomó de un trago, y pidió otra más, más fuerte, no quería mirar, no quería pensar, solo emborracharse y olvidar, porque sentía que cuanto más mirase, y más pensase, antes se podría derrumbar. 

Quería pensar que solo era un tío que le gustaba, que tíos, había mil, pero no era así, no solo era un tío que le gustaba, era él tío que le gustaba, y mucho, y como él, no había mil, al menos ella no los veía, solo a él, y él estaba con otra, otra que no era ella, y eso la cargaba más que la copa. 

Necesitaba salir de ahí, salir y caminar a cualquier lugar, y perderse en el olvido de esa imagen que no quería recordar, ese baile en el que no quería pensar. Porque como ella misma se decía, en ese baile no tenía espacio ni lugar, ese era un baile solo para dos.

lunes, 27 de mayo de 2019

COSAS QUE SE CUENTAN ENTRE VINO Y VINO EN UN AVIÓN

    Como cada mañana, llego con mi pequeño pero intenso café, enciendo el ordenador, y cuando ya por fin, tras mil horas y un rato más, ha cargado y puedo trabajar con él, abro el correo, y tengo un inesperado e-mail de ella, de quien no sabía hacía tiempo y hoy por sorpresa se acordó de mi, y esto fue lo que me escribió: 

"¡¡¡Hola, buenos días desde el aire!!!, después de tanto tiempo sin escribirte, decidí hacerlo hoy, porque hace días que me acordé de ti, y hoy por fin me he decido. ¿Por donde empiezo a contarte?, he mandado todo a la mierda, mucho mierdodrama, mucha teoría de relaciones disfuncionales, muchos miedos y temores, y recuerdos de burdos y efímeros amores de verano. Pero mejor te cuento algo que me pasó al comienzo de este viaje en este pasillo que llaman avión. 

La semana fue para olvidar, casi mejor no contarte. Mucho trabajo en el que todo se fue al carajo, mucho lío de casa en casa, y mi vida siendo la máxima expresión del más absoluto caos, me faltaban días en la semana, y horas en el día, una relación sexual para olvidar, y mucha mala baba. Hoy llegué a este aeropuerto perdido de la mano de Dios, con mis maletas, que más que rodando, las llevaba arrastrando como sacos llenos de muertos, problemas en un control lento, el avión que sin mi quería decir adiós, y con el maldito estómago rugiendo como un león. Luego tocó hacer escála en medio de ninguna parte, cambiar de avión, y más maletas arrastrando. Y otro avión con más gente que asientos, y cargar las maletas en los maleteros o en cualquier hueco, Por suerte no todo es malo y un tipo se ofreció a ayudarme con la puta maleta, gracias a Dios, o al señor, o que sé yo. Me senté, resoplé por no cagarme en la madre que a alguno parió, y me desconecté con mi música, cerrando los ojos, esperando despegar ya y estar bien arriba para no ver más mierda. 

Echaron una película que me sonó a chino, y una azafata con su mejor cara, nos ofreció picoteo, y picoteé, me tome un vino, al tiempo que tipo que me ayudó con la maleta y que se sentó a mi lado, me miró raro, como si no pegara el picoteo con el vino, o no fuera la hora de tomarlo. Al rato me tomé otro, puede que me quisiera emborrachar, el caso es que él me miro igual de raro, o de mal. Le dije que se pidiera otro para él, y se rió como diciendo, -¡que coño!, ¿por qué no?-. 

Me pidió perdón, diciendo que no pretendía molestar, se calló, y al rato, como aburrido, me dijo que podríamos ir hablando, que el viaje sería largo. Le dije que con el tercero, hablaríamos. Se volvió a reir, y me hizo sonreir a mi, bueno no sé si fue él o el vino que me iba relajando y soltando. Parecía majo, como cuarentón, aunque con los vinos ya no le veía tan mayor, le veía casi guapo, ¡jaja!. 

Hablamos de donde veníamos, por que viajabamos..., de nuestros aburridos trabajos, aunque no sé por que, los trabajos ajenos, siempre nos parecen más interesantes que lo nuestros. Hablamos de cine también, y medio de todo eso me pregunta si estoy con alguien, ¿novio? ¿what?, me reí y callé, y viendo que no respondería eso, me habló de él, como esperando o intentando que luego yo le hablase de mi. 

¡Me habló de su ex!, ¿quién habla de su ex cuando quiere ligar?, alguien como él claro, y lo hizo. Me habló de ella y de sus hijos, y de que ahora no sabía que hacer consigo mismo, ¿que soy?, ¿su psicóloga?. Bueno, viendo el panorama y para que no me llorase en el hombro, eso ya lo hago yo, le hablé de mi, y le dije que estar soltero era lo mejor, y me miró raro, otra vez, igual pensaba que lo decía porque se me subieron los vinos, pero ¡no!, se me subió él, y no como me gustaría, sino por su sopor de ex. 

Como no me entendía, y casi ni yo a él, vimos más de la peli esa que sonaba a chino y nos pedimos unas copas, estabamos como de celebración y las copas para él eran más normales que el vino. Luego hablamos de sitios donde habíamos estado. Y a la que me levanto para ir al baño, él viene detrás, que casualidad, ¿también quería mear?. Viendo que iba para nada, creí oirle volver al asiento, y el resto del viaje lo pasamos durmiendo. 

Aterrizamos y ya cada uno con lo suyo, él sus maletas y yo mis muertos, nos fuimos cada uno por su lado. Me tentó mucho darle mi número y escribirnos, pero me dije que más lios no, y volví a mi estrés y mi falta de tiempo para todo, y ahora en otro avión, con mis muertos y otro tipo a mi lado, pensé en ti. Tenemos que vernos a la que aterrice en Madrid". 

lunes, 20 de mayo de 2019

ATMÓSFERA

   Atmósfera, dícese de la capa de gas que rodea a un cuerpo celeste. 

Los gases resultan atraídos por la gravedad del cuerpo, y se mantienen en ella si la gravedad es suficiente y la temperatura de la atmósfera es baja. 

Y quien dice un cuerpo celeste, dice un cuerpo humano, ¿no?. Todos tenemos una atmósfera propia, una en la que nos sentimos bien, es nuestra zona de confort, y al mismo tiempo, y sin poder, y a veces sin querer evitarlo, nos sentimos atraídos por una atmósfera ajena, como si fuese un imán, y nos atrapa, y acabamos respirando su aire, y su zona de confort es la nuestra. 

Y cuanto más estamos en ella, más la queremos respirar, queremos su oxígeno, queremos que sea nuestro, y el nuestro suyo, y así crear una atmósfera única, en un solo planeta. 

Queremos penetrar cada una de sus capas hasta llegar al centro de su tierra, y hacerlo nuestro. Y no importa si son polos opuestos, damos la vuelta a su ecuador hasta dar con el polo similar al nuestro. 

Un único punto en el espacio, en continua expansión en un universo infinito, con nuestras propias estrellas en un único sistema solar.