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miércoles, 27 de septiembre de 2017

DESTINO O CASUALIDAD

     ¿Cómo saber si alguien a quien acabo de conocer, es mi destino o una casualidad en el camino?. Supongo que a bote pronto es imposible saberlo, solo dándole tiempo al tiempo se puede saber, tiempo en el que ya es imposible darte la vuelta y volver atrás, aunque tampoco hay por que, ya que ese camino otro nuevo me enseñará a andar.

En medio del destino y la casualidad, entre los miedos y las dudas de mil cuestiones y preguntas, ante las direcciones que tomar y en las que me he de adentrar en ese misterioso camino que me atrae sin resistencia y me hace divagar por él; a veces no se si ir a la izquierda o la derecha o tomar un atajo campo a través, no se si ir despacio o ir deprisa. Puedo ser prudente y cauto, ir con calma y dejar que el sol, apoyado en el hombro de la luna o ella en él, me guíe junto con el viento y me indique donde ir. Avanzo entre el miedo y la emoción, y en la mano mi corazón mientras decido que hacer, si entregarlo en parte, entregarlo todo o quedarme con él.

Mientras, me toca esperar y desear que los dos bailemos la misma música y la misma canción, al tiempo que nos abraza la incógnita de saber si el universo con todas sus estrellas sobre nuestras cabezas, conspira en contra o está conmigo, siendo amantes en la extraña melodía del destino o de la casualidad que sin previo aviso y por sorpresa se vino a presentar.


Esperando en el andén de mi vieja estación en la que no se si ese que está parado es mi tren esperando que me suba en él, y me subo, porque aún sin esperar que me lleve al final, es un viaje que deseo realizar aún sabiendo que puedo descarrilar.

Sentado en mi vagón, pienso que lo mejor sería disfrutar del viaje hasta donde me tenga que llevar, pare donde pare y baje donde me baje, sin pensar, mirando al frente y nada más. Simplemente es que no se si este viaje es mi destino o solo casualidad.

viernes, 22 de septiembre de 2017

LO SEMEJANTE ATRAE A LO SEMEJANTE

    
      Lo semejante atrae a lo semejante, o eso dicen, aunque también dicen que los polos opuestos se atraen, entonces uno ya no sabe si lo que atrae es bueno o malo, ni siquiera si uno atrae o es atraído.

No se sabe nada hasta que uno se da de cara con ello y es tarde para evitarlo, ya lo tienes ahí y te lo tienes que comer, y te lo comes quieras o no, y casi siempre en silencio. Ves el sol, o crees que lo ves y te ciega tanto que no aprecias las nubes que van detrás a taparlo todo y cuando lo hacen, te cae el chaparrón, y te empapa hasta los huesos. Te nubla, te enfría y te pierde en un laberinto de pensamientos e ideas oscuras, dejandote en un día sombrío y gris.

Casi siempre es igual, la misma piedra en el camino con la que tropiezas una y otra vez aunque creas que no lo volverás a hacer, porque ya la viste y aprendiste esquivarla, pero no, no aprendiste, porque eres como eres y ninguna piedra te va a cambiar. 

Todo pasa por algo, aunque a veces uno no sepa muy bien por que, y por que a ti y siempre igual, acaso no mereces que a veces, solo a veces las cosas sean diferentes y se den bien?, pues no, parece que siempre hay un enano cabrón que decide que no y te pone la misma piedra en el camino, poco importa si cambias de camino, él la lleva a donde tu vas, cruel y maliciosamente para hacerte caer mientras se rie de ti. 

Te levantas y sigues caminando aunque llega un momento en el que caminas sin esperar llegar a ningun lugar.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

LA CHICA DE LA VENTANA

    

    

Cada noche, después de cenar, sentado en su cama, frente a la ventana de su habitación y con la luz apagada, espera a que llegue ella, su vecina, la chica que cada noche aparece en su ventana. La espera pacientemente pero con ganas y deseo, mucho deseo, tiene ganas de verla con ardiente deseo de hacerla suya.  

En su inocente juventud tiene y calla cada día más el creciente deseo de verla, de hablarla y de tocarla. Noche a noche escondido en la oscuridad de su habitación y su vergüenza por estar ahí de fisgón, oculto de ella y de todos, solo iluminado por la luz de la calle, espera a que llegue, espera verla entrar en su habitación, desea que llegue ya, que deje su mochila en la cama y se quite su largo abrigo para ver las curvas de sus pechos ocultos tras la blusa que él ansia quitar.   

Ha llegado, aparece con su larga melena suelta, su interminable abrigo y sus altos zapatos de tacón, llega para comenzar su esperada función, la función que hace solo para él. Sigue su ritual como cada noche al llegar de trabajar, deja caer su abultada mochila a un lado de la cama y poco a poco, casi de cara a la ventana se desabrocha su interminable abrigo, dejando poco a poco asomar sus grandes senos bajo la blusa mientras él no puede ni quiere dejar de mirar. El calor se apodera de él a cada botón que dejaba ver su deseado tesoro, un calor que crece desde dentro con cada botón que desabrocha.   

Cada noche es como la primera noche, nervios, calor y deseo, mucho deseo por verla desnuda. Dejado el abrigo, se quita los zapatos de largo tacón, para luego desabrochar y dejar caer su corta falda dejando a su vista las medias que visten sus largas piernas, a la vista deja sus bragas que apenas escondían su entrepierna y sus bien formadas nalgas que él imaginaba acariciar mientras su pene, despierta y crece duro y abultado bajo el pantalón.   

Boca seca, sudor y nervios recorren su espalda mientras ella continua con su desnudez. Ignorante, o no, la chica de la ventana abre su blusa botón a botón dejando a la luz su cálida piel. A cada paso sus senos asoman para él, se dejan ver tras el fino sujetador que por fin deja caer, muestran sus puntiagudos y carnosos pezones acompañados de un sordo gemido salido de él.  

Al fin desnuda, se dirige a la ducha contigua a la habitación que él oculto en las sombras de su habitación también puede ver. Deja correr el agua de la ducha para que salga tan caliente como está él.  

La observa cada noche, en el incotrolable deseo de poderla acompañar, los dos desnudos, calientes, piel con piel, su pene asoma por el pantalón en el que no aguanta más. Hirviente y duro en su mano que va de arriba a abajo, despacio y en silencio, hambriento de ella, de poderla follar, hambriento de cada parte de su desnudez bajo el agua que la baña caliente, sediento de cada parte que cubre y acaricia la espuma.  

Quiere ser la esponja que acaricia y toca, quiere ser la espuma entre sus pechos y en su entrepierna, quiere ser el agua que recorre y acaricia cada rincón de su cuerpo como si lo hiciera con sus propias manos, sus labios y su lengua, quiere ser ese albornoz envolvente que la seque, que la abraze y la de el calor que ahora siente él.   

Desde la oscuridad, complice de sus deseos, la ve salir de la ducha y volver a su habitación. Aún al calor de su albornoz, saca el móvil de la mochila y lo mira sin prestar atención al pecho que asoma y por el que él saliva excitado. No le presta atención cuando se lo quita y le regala sus curvas desnudas, ignora cuanto la desea noche tras noche, ignora cuando él se masturba pensando en ella antes de dormir, no sabe como se la folla pensando en ella y en sus curvas mientras duerme.

No sabe que todas las noches sueña con la chica de la ventana.

lunes, 11 de septiembre de 2017

PIEL CON PIEL

        No está enamorado de ella, no se ve viviendo juntos en un felices para siempre, ni siquiera es su tipo de mujer, sin embargo siempre que la piensa, siempre que la ve, despierta un gran deseo sexual en él. No la ama pero la desea, ¡cuánto la desea!; desea su piel, sus labios acariciando los suyos, boca con boca buscándose ardientemente mientras la desnuda, y ella a él.

Desea tenerla entre sus brazos, y entre sus piernas también, sentir sus cuerpos desnudos piel con piel, desea su boca, sus labios, su lengua en un intenso y caliente encuentro. Quiere conquistar su suave y calida desnudez, subir a la cima de sus pechos desnudos entre sus manos que los moldean y calientan en incesante roce con él, a la vez que se llena del sabor de sus pezones erectos y duros que lame y muerde ávidamente. Quiere saborearla lentamente, entre caricias y besos mutuos que les haga arder de placer, sueña con recorrer piel con piel sus curvas expuestas a él hasta alcanzar su sexo caliente y húmedo con sus gruesos labios y su lengua que juega con él en una respiración jadeante y silenciosa y volver por su arqueado y entregado cuerpo a sus ardientes y pequeñas montañas y sus pezones juguetones que le atrapan sudorosos y deseosos de follarle bien.

Sus manos bajando hasta donde la espalda pierde su digno nombre mientras el sexo de ambos se unen uno duro, firme y húmedo, muy húmedo, penetrándose suavemente en un vaivén sin fin, perdidos un deseo carnal y pecaminoso de dos corazones acelerados que quieren y desean cada vez más.

Quiere que le tome y le haga suyo, que devore su sexo empalmado una y otra vez, quiere penetrarla y conquistarla hasta el amanecer, piel con piel.

martes, 11 de abril de 2017

MUÑECA DE TRAPO

    Decían que callaba cosas, que había algo oculto detrás de su sonrisa, que tenía secretos, pero lo cierto es que los secretos la tenían a ella. Era presa de ellos, de su silencio, de la ignorancia y el deseo feroz de la gente a la que se debía y entregaba cada día. 

La miraban sin ver en aquellas fotos glamurosas y pomposas retocadas con photoshop, sin mirar más allá de aquella careta de color, convirtiéndola en su muñeca de trapo para jugar y jugar. Observarla, tener ante tus ojos una imagen que jamás habrías podido imaginar. Detrás de aquella sonrisa de portada, había una mirada triste, una mirada que quería huir y escapar. Pero, ¿escapar de qué?, ¿qué podría tener de malo aquella vida de oro, y de admiración?. Probablemente más de lo que nuestra infinita ignorancia pudiera imaginar hasta toparse con su no tan brillante realidad. Una realidad que trajo el sol del amanecer de un rutinario día de trabajo cualquiera.

La trajo como de ninguna manera nos hubiéramos atrevido a pensar. En ella se veía una escena muy alejada de las portadas de mentira que nos venden por doquier. Sin magia ni color, no había vida porque una sombra oculta en aquella ficción, se la llevó.

Aquella mañana fue un cruce con una vida y un mundo envueltos en una banalidad con la que ella quería acabar. Un mundo de lujos infinito que se antoja imposible incluso de interpretar, que resultó ser una pecera de tiburones hambrientos que la querían devorar. Cada vez querían más y más, querían tanto que por más que tuvieran, jamás se llegaban a saciar, un menú al que se sentaban cada día y que no tenía fin.

Ella era una máscara a la que todos querían maquillar, una muñeca de trapo con la que jugar. Al límite de todo y apunto de explotar, un día decidió acabar con esa máscara, quitársela,  romperla y tirarla para que nadie la pudiera usar. Dejaría de ser su muñeca de trapo, una muñeca de trapo con la que jugar.

Apagaría los focos y flashes que ciegan a los demás. Volvería a la vida normal, a la vida de verdad, sin mentiras, sin promesas ni fantasías de oro y gloria; aunque poco o nada podía imaginar que era tarde para dar marcha atrás y poder regresar. 

Sin embargo, esos tiburones siempre hambrientos, no la dejarían escapar, era una joya demasiado valiosa para dejarla ir sin más. Aquella muñeca de trapo había sido devorada por su inocencia, por sueños propios y ajenos, por la codicia y el hambre de poder. Codicia y hambre que la querían suya y de nadie más. 

Y así fue, aquella pecera infecta no la dejó ir, la devoró y despedazó hasta no dejar ni la sombra de lo que un día fue. El fatal desenlace llegó una noche en la que no vería más el amanecer. Corrientes excesas de oro blanco inundaban sus venas en un camino sin retorno. Un último chute sin emoción en el que desapareció el sol. Adiós a quien ni siquiera llegaste a saludar, adiós deseando que su alma descanse en paz.

jueves, 30 de marzo de 2017

PIENSO, LUEGO...¿EXISTO?

  Todo el mundo conoce la frase "Pienso, luego existo", de René Descartes, pero...realmente ¿si pienso, existo?, ¿dónde existo?, ¿si existo, pensé?. 

Supongo que todo depende de si comparto ese pensamiento o me lo guardo, al igual que dependerá de con quien lo comparta, si es que lo hago. Pero ¿qué ocurre si no pienso?, ¿si no pienso, no existo?, y si no existo, ¿a alguien le importará?. Creo que a veces es mejor no pensar, que es mejor dejarlo estar, porque si lo piensas, al final te puedes liar. Y liar sin motivo más allá del que tu imaginación pueda alcanzar. Con razón dicen que lo que no vean tus ojos, no lo invente tu boca (más o menos viene a ser así), y tienen razón, porque eso es mejor no pensar, no dar pie a elucubrar, ni imaginar todo aquello que tus ojos no puedan decir que es verdad, o que tus manos no puedan escribir ni dibujar.

Probablemente, en según que ocasiones y momentos, sea mejor no actuar, ni pensar, ni imaginar, y dejar cada mundo con su orden particular, tu mundo y el de los demás. Mejor no enredar lo que no por si solo no se lió. Ahora bien, ¿qué hacemos con la duda?, con ese ¿qué habrá pasado?, ¿la despejamos o nos la quedamos?, ¿la alimentamos o la ignoramos?. Es muy probable que si no sabemos ignorarla y dejarla pasar, se nos haga una bola más grande que normalmente, más temprano que tarde, explotará.

Dudas que no nos dejan dormir por los caminos enredados de nuestro enrevesado cerebro, que bien podría venir con un libro de instrucciones, un botón de pausa, un botón de resetear, y botón de formatear. 

Podríamos actuar sin pensar, sin pensar en la prudencia y los miedos y temores que nos dan los años; también podríamos pensar sin actuar, guardándonos la tormenta de pensamientos. Entretanto toca madurar y aprender sin pensar si existes o no.  

martes, 31 de enero de 2017

CARTA AL TIEMPO

       En medio de su silencio y de su soledad, en ese momento de paz y tranquilidad, empezó a escribir sin pensar. A escribir al tiempo, a ese tiempo que un día se fue y no volverá, a ese tiempo que vivió, ese tiempo en el que unas veces se equivocó y en el que otras acertó. Quería contarle sus recuerdos, sus olvidos, y sus arrepentimientos.

Le contaría que haría, y que no, si pudiera volver atrás, hablaría de esas cosas que reviviría de aquellos días de felicidad que en su cara aún se podían dibujar. Quería pedirle perdón por sus errores, por su tiempo perdido y sus días ya olvidados de los que no  siempre aprendió.

Al mismo tiempo quería reprocharle por los malos días y momentos de nubes negras y tormento, y por aquellos otros, buenos, muy buenos, que se llevó tan rápido y con tanta celeridad que apenas les supo a felicidad; tiempo al  que no podía desagradecer por esa gente que conoció y de la que aprendió, y por esa otra que el camino, por suerte, separó y olvidó.

A su vez quería también, hablarle a ese tiempo presente, tras un largo pasado, para no sólo reprocharle, sino agradecerle por todo lo que en ese momento había vivido, por todo lo que le ha traído, y por todo lo que se había llevado para quedar lejos en el olvido.

Con su mente en paz, por ese pasado aún presente y por ese presente que un día será pasado, solo le quedaba hablarle al tiempo que está por venir y vivir momentos en lugares inolvidables que algún día tal vez queden olvidados. 

martes, 27 de diciembre de 2016

ESO DE LA NAVIDAD

    ¿Qué contar de la Navidad que no se haya contado ya?, nada. Nada nuevo ni especial, al menos especial para ti, o para mi, o puede que si. Porque cada uno, cada cual, la vive a su manera; la vive o la deja pasar, depende de que te guste menos, o de que te guste más. Da igual.

La Navidad es esa época, esa cosa, que viene y se va. Son esos días que a algunos les pone verdes y les vuelve un poco Grinch, para otros es como una dulce tormenta de arena que al irse, te deja los restos y las huellas del efímero paso que deja.

Te deja las huellas del mazapán y del turrón, de las cenas y las comidas a mogollón, aderezadas con champán y polvorón. Te deja, a quién se lo deja, a ese Papá Noél, gordo como un tonel, y esa lotería que le ha tocado a no se quién.


Luego viene esa noche vieja y añeja de uvas y más champán que te hace joven, al menos hasta la madrugá. Y como fin de fiesta, más larga que una buena siesta, vienen tres que reyes dicen ser, de Oriente o de Poniente, y magos, no se si currantes o vagos, pero que si te dejan regalos, te parecen bien majos. Y menos mal que te dejan algo, porque no nos podemos olvidar de ese niño que con su lotería solo hace el amago de tocarte un rato, para que al final, se lo lleve otro ser.




Por suerte nos queda la sorpresa del rico roscón que siempre puede caer. Y esa, o eso, como lo quieras ver, es la Navidad, esos días de color y de alegría, y de familia, y de amigos, incluso esos que durante el año no se dejan ver.

Navidad, esa cosa que el año que viene querrá volver. 

martes, 6 de diciembre de 2016

NADA DE QUE ESCRIBIR Y NADA DE QUE HABLAR

     ¿Qué escribir cuando no tienes nada que escribir?, ¿y qué contar si no sabes o no tienes nada de que hablar?, ¿ y qué más da que cosa puedas soltar?.

A veces da igual, a veces no tiene que importar, a veces es mejor que no haya nada que contar, o contar cualquier cosa banal. Lo importante es rellenar el tiempo y el espacio, ese espacio físico-psíquico y digital, ese espacio lleno de nada y que a veces cuenta todo de cualquier modo. Lo importante es escribir, escribir para estar, para contar y escuchar, porque con las palabras contamos cosas sin hablar, en un lenguaje que tiene su propio baile de palabras que a ratos, mueren en el aire.

Es la magia de la palabra aunque estés como una cabrá, es la fuerza y la magia de las entrelíneas tibias y los párrafos que llenan vacíos y espacios muertos de nuestro tiempo. Es el hablar por hablar, por contar y divagar. Puede ser rutinario y hasta ordinario, escrito en cualquier idioma y de cualquier manera, hasta inventado, enredado y remendado. No es un "todo vale", pero si te gusta, ¡dale!.

Es la condensación de todo y de nada suelto en una enorme parrafada  ni muy gruesa ni muy delgada, pero bien currada y enhebrada que probablemente no sirva para casi nada. Pero que si lo relees, mola la charloteada. Y así, porque si, en un momento esto es lo que escribí.  

viernes, 25 de noviembre de 2016

EN LA PROFUNDIDAD DE LOS SUEÑOS

      En la profundidad de los sueños, en lo más profundo y oscuro de todos ellos quiere estar y de ahí no volver en mucho tiempo, o tal vez jamás. Quiere soñar, soñar tan alto y fuerte que cueste despertar. Quiere llegar a otros mundos profundos, lejanos, y llenos de magia, esa magia aquí perdida y olvidada. Quiere llegar al país de nunca jamás sin pensar en cuanto tenga andar, correr o volar como si fuese el mismísimo Peter Pan.

Sabe que al final del sueño en el que se siente feliz y risueño, despertará y ahí estará el amanecer de una aventura que no olvidará, y mil veces recreará, y seguro que noche tras noche revivirá.

No sabe si se encontrará con campanilla o con alguna brujilla, o con el capitán Garfio o algún ser zafio; pero si sabe que nadando, andando o volando cualquier frontera cruzará. 

Será un sueño sin fin; sueño sin dueño ni aquí ni allí. Un sueño profundo de otro mundo, un sueño de otro universo infinito, más largo que una semana de lunes a domingo.

Quiere soñar y volar en un sueño profundo del que nunca tuviera que despertar, aunque tenga que regresar. Quiere ir más allá de la luna y las estrellas, más allá de los límites del cielo y el universo.

Quiere ser el dueño de la profundidad de los sueños.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Y EN MEDIO, LA NARIZ

      Hay distancias cortas, distancias largas, distancias ínfimas y distancias infinitas, y en todas ellas está el mismo problema, en medio siempre está la nariz, esa nariz infinita y alargada que no se sabe donde empieza ni donde acaba, y que siempre está en toda la cara colgada como si nada.

Siempre te acompaña, en las buenas y en las malas, como a un obrero el pico y la pala. Siempre está ahí esa interminable nariz más grande que una mazorca de maíz. Es tuya, solo tuya, y sabes que nadie la querrá ni aunque se la intentes regalar, porque es grande e incluso gigante como el infinito en el mar. 

Es una napia más alta y más grande que una tapia, y que al sol todo ese mogollón se vuelve pimiento morrón; una trompa que vino en tromba y ahí se quedó, un apéndice en la cara a fuego pegada, que con la edad crece o eso parece. Orgullosa y lustrosa, esta nariz engorda y te desborda sin piedad, sin poderla frenar aunque cada día se parezca más a una barra de pan. 

Para bien y para mal en esa cara se va a quedar sin que nadie la pueda despegar; para mal o para bien no hay nariz igual, escondida entre cien o más. 

Es esa ñata a una cara pegada como una garrapata, a veces rebelde, a veces ingrata. Una percha larga como una mecha, enorme y nada estrecha que en tu geta alguien dejó medio hecha.

Y sin más que hablar de esta enorme nariz sin par, colorín, colorado a este eterno y perenne hocico nada pequeñico os he presentado.

lunes, 14 de noviembre de 2016

NO HAY EDAD PARA EL TIEMPO

    No hay edad para el tiempo, sino para el momento, y ella haciendo caso omiso de su edad, decidió que ese era su momento. Era el momento de sacar todo aquello que se había guardado durante años y que por cosas de la vida y ajenas a su voluntad, nunca pudo contar. Ahora sentía que que era la ocasión perfecta para hacerlo, para contarle al mundo todo aquello que había estado revoloteando por su cabeza durante años, ahora no había nada ni nadie que se lo impidiera, y antes de que los años o la vida misma no se lo permitieran, lo iba a aprovechar. 

Había decidido  reinventarse, ser una nueva o al menos una mejorada versión de si misma, había decidido ser y hacer todo lo que un día no pudo por la edad, por el encorsetamiento de la sociedad de su juventud, por las obligaciones de entonces y el que dirán. Pero eso ya no importaba, ya daba igual, ya no debía nada a nadie, ni tenía responsabilidad. 

Podía encerrarse en su misma, sola con su compañía sin necesitar en ese momento a nadie más. Decidió que en ese instante daría rienda suelta a su imaginación y ser su propio álter ego, sin ataduras, sólo ella misma y nadie más. No lo hacía con pretensión alguna, sino para no dejarse nada atrás, no quería que acabase siendo una de esas cosas que terminan por empolvarse en esa eterna lista de cosas que queremos o nos forzamos a hacer sin llegarlas a tocar, ni que quedase solo en unas fotos rasgadas y viejas que casi nadie volvería a mirar. 
Estaba firmemente convencida de que debajo de aquellas canas ahora medio teñidas y debajo de aquellas arrugas llenas de juventud, aún estaba esa inocente soñadora que un día, por joven, tuvo que callar. Hoy no, hoy ya no había nada que guardar, no iba a callar. 

En ese instante no era la de ahora, sino la de antes, esa chica loca e insensata, escurridiza como una gata, chica rebelde que a la que ninguno de sus mayores entiende. 

En el silencio  y la calma de aquella tarde y la tranquilidad de su hogar, ordenador en mano, se iba a soltar, iba a volar, volar alto, y a dejarse llevar, iba a perderse en sus recuerdos de ficción y realidad, sin mirar que era cada cuál. Volvería a sus años mozos, sus años locos que traen la edad y que con el tiempo a todos nos gusta recordar, años a los que si volviera, no haría mucho o nada igual.

La vida, pensaba, es un relato y nosotros sus protagonistas, y así sus largos dedos, casi sin pensar, comenzaban a contar y a relatar todos esos momentos, hoy más nítidos en fotos de papel, que en su día vivió hasta tocarle el corazón y la razón, todas las conclusiones a las que llegó, las cosas que con acierto o no, decidió y todos los momentos con los que fantaseó, todo lo que pudo ser y no fue o no se atrevió a hacer. Sería el relato de su vida y la de quienes la acompañaron o se colaron y entrometieron en ella dándole voz y forma a unos sonidos hoy añejos y casi mudos. Era la vida de quienes llegaron y de quienes se fueron.

Son recuerdos de una vida que ya casi no parece suya, recuerdos de cada calle y cada esquina, reunidas en un solo camino que hoy son bonitos recuerdos en blanco y negro que perdurarían más allá de la edad y del tiempo. 


viernes, 28 de octubre de 2016

EL TIEMPO EN EL ESPEJO

    Sentada frente al espejo estaba mientras se quitaba el maquillaje, al tiempo que recordaba la opípara y abundante cena que acaba de dar entre risas y brindis por un pasado que gustaba recordar. Un pasado que compartía con sus invitados y amigos entre los que estaba algún que otro esporádico y viejo amor de juventud de un tiempo que ahora le parece mejor. Ahí frente al espejo parada, se miraba su cara arrugada, intentando encontrar a aquella muchacha bella, loca y esbelta que un día comía el mundo y se lo ponía por montera.



Y se veía, se veía en aquellos ojos azules y brillantes aunque arrugados, llenos aún de alegría, se veía en esa sonrisa hoy arrugada pero que el paso de los años no borraba. Se veía en el reflejo de aquel espejo de la que hoy es abuela, esperando que este le devolviera a aquellos días hoy en blanco y negro pero llenos de vida, llenos de luz y de color que ahora solo tenía gracias a aquellas viejas fotos, algunas amarilleadas por ese ser implacable llamado tiempo, y que guardaba en el álbum de un viejo pero bien cuidado cajón.

El espíritu de aquella chiquilla estaba dentro, seguía ahí, un espíritu que le decía que todavía tenía muchas cosas que hacer, mil!, y con la mente en el futuro y el corazón en el pasado, se iba, ya bien entrada la madrugada, a dormir, esperando que saliera el sol para ponerse nuevamente en pie, dispuesta para todo lo que tenía que hacer. 

lunes, 17 de octubre de 2016

UNA NARIZ PEGADA, INFINITA Y ALARGADA


         Es una nariz a mi pegada, una nariz que no se acaba nunca, infinita y alargada. No se si es prestada o es heredada, pero es esa nariz pegada a mi. 

Una nariz con la que dicen que nací, aunque no se si me la pegaron, la robé o me la encontré por ahí.

Es una nariz que tiene principio, que no tiene fin ni mucho menos final bonito y feliz. 

No es bella, ni esbelta, ni siquiera estilizada, aunque si está bien hermosa y alimentada, no es bonita ni es una monada, pero si está bien clavada. 

Es una nariz que pende de mi cara, ahí como la ven, siempre colgada, en la que a veces hace algo y a veces no hace nada.

Es una nariz que me acompaña al salir el sol y al final del día ya sea bonita, fea o como sea, esa nariz no es para ti, es solo para mi, es solo mía.

domingo, 23 de agosto de 2015

CUANDO SALE EL SOL

   
    Todos tenemos ese alguien con quien sale el sol, ese alguien que nos alegra el día y le da color, ese alguien que nos saca una sonrisa de donde no la hay. Es esa persona que no nos puede faltar, esa persona que en los momentos más oscuros es a la primera que vamos a buscar y en la primera en quien solemos pensar o de la que nos solemos acordar. Es la que nos reconforta, la que nos calma, la que nos hace olvidar.

Paradójica e inexplicablemente no dejamos de buscar a esa persona, la ideal, la media naranja que muy posiblemente y sin darnos cuenta tengamos a un paso. Y con media naranja, no me refiero a algo sentimental, me refiero a ese alguien que nos complementa de alguna manera, un amigo, un compañero de trabajo, todo vale.

Al mismo tiempo no dejamos de buscar ni de anhelar ese mundo perfecto que gire a nuestro alrededor, en nuestra órbita en un infinito inconformismo. Un inconformismo que probablemente, que nos lleve sin darnos cuenta, a no valorar lo suficiente todas aquellas cosas buenas que tenemos en nuestra vida, y que en esa ceguera que nosotros mismos nos ponemos, no llegamos a disfrutar.

Pero están ahí, están esas personas y esas cosas, esos pequeños detalles que le dan sentido al camino que andamos cada día, al igual que estamos nosotros en el de otras. Solo tenemos que querer abrir los ojos, hacer el esfuerzo, menor de lo que nos suponemos, y verlo.

Al final estamos dentro de un círculo o de una cadena que nos une, nos conecta unos con otros de manera directa o indirecta. 

Todos somos el día de alguien, el sol y el confort que necesitamos y buscamos. Estamos ahí.

sábado, 22 de agosto de 2015

MIRADAS PERDIDAS EN UN PENSAMIENTO INFINITO

     
    Me pregunto que pensamientos entrarán y que recuerdos saldrán de esa mirada perdida en su infinito silencio. A donde irán y de donde vendrán. No se si acercarme y preguntar o esperar a que me lo quiera contar.

Así estamos los dos, perdidos cada uno en nuestros pensamientos, en nuestro silencio imperturbable o perturbador. ¡Qué se yo!.

Son tantas dudas las que me asaltan, tantos recuerdos, tantos pensamientos, tantos deseos... Son tantas las cosas que no puedo dominar y quisiera tener en mis manos y controlar.

Tal vez debería soltarme, dejarme llevar sin pensar; pero no puedo, así soy yo, como un reloj pasando de minuto en minuto, de hora en hora sin saltarme ninguna. Soy como el día, con su orden inalterable pase lo que pase, con sus momentos de paz y de sol y sus tormentas, en mi caso tormentas mentales como la de ahora.

Con el cerebro devorado por el pensamiento, por la incertidumbre miro al horizonte infinito en busca de respuestas a no se que pregunta ni misterio, esperando a que el cielo me mande con el viento una señal, una luz. Inspiración.


¿Y mientras qué?, ¿qué hago?.

Pasa el tiempo sin que ocurra nada más, nada se mueve, nada cambia.

Así estamos los dos, en silencio, sin decir palabra ni susurro. Uno a la sombra del otro, inmóviles como bloques de piedra.

Miradas perdidas en un pensamiento infinito.

miércoles, 24 de junio de 2015

CUANDO EL SOL SALIÓ EN LA LUNA ... LA LUNA EN VELA

 
     
    Se va la noche, apenas amanece y aún sin dormir a la espera de un día que no termina de venir. Impaciente miran por la ventana sin saber que hacer, deseando que llegue esa bendita hora en la que por fin se puedan ver. Horas interminables que no pasan en un día que no comienza tras una larga noche que no llega a su fin. Una larga noche de vueltas en la cama, y vueltas a la cabeza entre pensamientos que van y vuelven en un mar de dudas. Dudas que hacer y que decir sin saber qué.

Mejor no pensar y dejarse llevar, mejor dejarlo estar y disfrutar, al fin y al cabo tenías este día marcado a fuego en el calendario desde hace tiempo y por fin llega.

-¿Qué hago?, todos duermen, todos menos yo.-, piensa móvil en mano con un nudo en su estómago cerrado.

Ambos miran el móvil sin saber el uno del otro a la espera de ver su última conexión, de ver si ha escrito algo. -Estará durmiendo.- se piensan sin saberse despiertos al alba mientras miran por la ventana la salida del sol que inicia el día que esperan con ganas. Oyen la calle, la gente despierta y sus ansias, sus ganas y su impaciencia también. Aumentan a medida que pasan las lentas e interminables horas entre lineas de internet hasta poderse ver. ¿Recuerdas la canción "Reloj no marques las horas?, ¡pues ahora maldito cabrón déjalas correr!.

Te levantas y el día echa a andar, todo empieza a rodar, las horas pasan pero no corren, pronto os vais a ver...

sábado, 13 de junio de 2015

CUANDO EL SOL SALIÓ EN LA LUNA

 
  ¿Cómo explicar lo inexplicable?. No se puede, y no es que no se sepa explicar, es que son un montón de sentimientos que con una sola palabra o una simple frase no se pueden contar. Eso es lo que pasó, muchas cosas en muy poco tiempo que no sabía de donde venían ni a donde iban. Así pasó...

Llegó una noche de invierno cualquiera, la que menos uno se pueda esperar. Así sin más, sin buscar ni querer ni llamar, como pasan las cosas buenas de la vida y de la manera más normal, a través de alguien común la conoció. Ese alguien y una foto fueron el nexo de unión, el detonante de un bonito amor. Como podrás imaginar, ninguno esperaba que llegara todo aquello a lo que la vida les llevó, pero pasó. Ninguno lo pudo evitar, ni lo busco ni lo evitó. Aquella inocente foto que mandó les unió por siempre jamás.

Pasaron los días entre líneas del chat, conociéndose poco a poco, por y con inocente curiosidad , tan inocente como la amistad los pueda dejar, preguntándose el uno al otro, curioseándose sin más, juegos mentales de atracción y seducción con los que poderse atrapar y enamorar. Así, perdidos en la percepción del tiempo llegó el nuevo año entre risas y pensamientos mutuos, queriendo saber más, más de él, más de ella, pero en sana amistad. Amistad traicionera que jugaba con ellos sin saberlo, y sin saberlo les acercaba cada día más; hasta el antes y el después que todo lo iba a cambiar, ese punto de inflexión.

De repente, ya en buena primavera y sin saber como, todo cambió, las líneas ya no eran de inocente amistad, ya no eran uno más. Empezaban a sentir, a pensar e incluso celar; la verdad de lo que sentían empezaba a aflorar, ya no lo escondían y aunque no lo contaban, tampoco lo querían guardar. Tanto así que aquel camino, aquella relación, aún en la distancia, echó a andar, todo empezaba a rodar. Besos, amor, cariños y te quieros entre líneas que tenían mucho que contar. Hasta intimidad!. Un camino sin retorno, sin vuelta atrás y sin saber ni importar donde, ni cuando, ni por qué, podría terminar.

Así fue como el sol salió en su luna y les alcanzó el verano, bonito, alegre, lleno de sol y de color, y sobre todo mucho amor.

Continuara...