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jueves, 4 de febrero de 2021

ATRAPADOS EN EL TÚNEL

Laura había cogido el último tren de la tarde para aprovechar más y mejor el día con sus amigas, a las que no veía hacía meses, el confinamiento las había impedido quedar tanto como les habría gustado y tan solo pudieron verse por videollamadas que no siempre era de muy buena calidad. Cuando por fin pudieron quedar, decidieron aprovechar el mayor tiempo posible para estar juntas y ponerse al día de todo, al día y de otras cosas también. 

Llegando a Madrid empezó a recoger sus cosas para no perder tiempo en la salida, no es que tuviese muchas ganas de llegar, más bien quería volver con sus amigas, porque el tiempo que estuvo con ellas se le pasó rápido y le supo a poco. Con los bártulos mano, cogió el móvil para llamar a su padre de que no tardaría mucho en llegar a la estación. Por suerte tenía buena cobertura y no tardó en dar señal. Dos o tres toques y al otro lado del teléfono ya escuchaba la voz de su padre. 

- Hola Laura, ¿por donde vas?, ¿estás llegando?.-

- Si papá, en unos 15 minutos estoy allí.-

En lo que respondía su padre, el tren quedó envuelto por la casi total oscuridad de un túnel poco iluminado y sombrío donde perdió cobertura y la señal se entrecortaba, a penas le entendía y lo que le oía sonaba como enlatado. Ella no quería alzar la voz en el silencio del vagón por no dar la nota, pero la tentación casi la ganaba. Escuchaba a los otros pasajeros que se movían  y se levantaban, algunos estaban en su misma situación, teléfono en mano y sin poder oír, ella no escuchaba nada, y veía poco. El tren parecía coger velocidad y no parar, no se veía  luz al final del túnel, la oscuridad se los tragaba. Al otro lado su padre que tampoco la escuchaba, la hablaba y la preguntaba...

- Hija, ¿estás ahí?, ¿Laura?. ¡No te oigo!.

La señal se cortó, no la volvió a escuchar más. Intranquilo, llegó a la estación, buscó su tren y salió al andén a esperarla. El tren no llegó, nadie tenia noticias de él, perdieron toda señal con él. Y Laura no estaba en el andén. La oscuridad se la tragó, quedando atrapados en el túnel.

jueves, 28 de enero de 2021

EL TREN DEL SILENCIO

Se abrió la puerta de cada vagón dejando paso a los pocos viajeros, que se bajaban al andén esa mañana, en silencio, todos con la mitad de la cara tapada por la mascarilla, algunos casi hasta los ojos, otros con la nariz fuera, cada uno a su manera. Los que esperábamos fuera subimos con celeridad, el tren casi parecía no esperar a nadie y pronto partiría a la siguiente estación. Los que nos subimos, buscábamos asientos libres para evitar el contacto entre nosotros, y en los que no era posible, evitabamos el contacto en la medida de lo posible, casi ni nos mirabamos. La escena era tan surrealista que casi parecía sacada de una novela apocalíptica o de ciencia ficción. El resto mirábamos y sentábamos ordenadamente en los espacios libres del vagón. 

El tren, en un silencio casi ceremonial, se puso en marcho y partió dejando un andén casi vacío y en silencio, dejándome la sensación de partir de una estación abandonada. En el tren me senté al final del vagón, o del coche como le llaman algunos, iba en sentido contrario a la marcha, por lo que siempre iba viendo por la venta lo que dejábamos atras en el camino, y cuando no miraba por la ventana, miraba a los pasajeros que tenía frente a mi, unos estaban de cara y a otros les daba la espalda. Recuerdo que entre los pasajeros había una administrativa treintañera, muy pulcra en su vestuario, apoyada en una puerta, miraba con una amplia sonrisa que se adivinaba a pesar de llevar una mascarilla personalizada puesta, la pantalla de su teléfono móvil mientras movía rápidamente los dedos sobre ella. Había un joven, pegado a un rincón, con un amplio cinturón repleto de alicates, destornilladores y otras herramientas, parecía arrastrar el cansancio de la semana y apuntaba con su mirada perdida a la ventana, viendo como a gran velocidad se acercaba a un destino al que parecía no querer ir. Una mujer de avanzada edad, ayudada por un viajero solícito, se acomodaba en un asiento. A sus pies, caía un bolso enorme que casi parecía ser su maleta de viaje. Un viajero que parecía ser el vendedor de unos grandes almacenes enfundado en un ajustado traje azul marino sujetaba con una mano un maletín que aparentaba ser nuevo, casi podría apostar a que todavía olía a material nuevo. Pocas personas conversaban entre sí, y algunas lo hacían por teléfono, unas casi en susurro, y otras a un volumen que al resto de pasajeros nos hacía participes de la conversación. 

En general, estabamos abstraídos en nuestros propios pensamientos, unos ojeando el periódico o simplemente pasando sus páginas, y otros mirando  sus teléfonos móviles, los que iban en plan ejecutivo, imagino que irían mirando el correo electrónico, gmail probablemente, el correo de los pijos; y otros estarían matando el tiempo de sus monótonas vidas en las redes sociales, criticándose los unos a los otros, o mostrando al mundo una vida irreal, y todo en un ambiente tan sobrio que parecíamos alumnos en una clase haciendo los ejercicios que hubiese mandado el profesor. No reconocía aquel ambiente que en otras ocasiones me había gustado tanto por lo imprevisible que era. 

En otras ocasiones en las que había viajado, siempre tenía alguna anécdota que contar a mi familia o amigos al llegar, siempre ocurría algo como que un hombre que viajaba desde Bilbao y cambió de tren en Madrid, decidía asearse en el baño y aplicándose desodorante en aerosol, provocaba que saltaran las alarmas en la cabina del maquinista y el tren se detuviera unos minutos en medio de la nada, atrayendo la atención de los viajeros, o que un chaval que se subía sin billete tuviera que ir sentado en el suelo, o que un hombre que ayudaba a su padre a subir al tren, se viera encerrado en el "coche" y tuviera que esperar a poder bajar en la siguiente estación; o simplemente hablaba con alguien con quien casualmente había coincidido en viajes anteriores, aunque fuera brevemente. 

En ese tren, ese día no pasaba nada de eso. Era el tren del silencio.

viernes, 22 de enero de 2021

Y QUE ES LA VIDA SINO UNA PUTA LOCURA


Y que es la vida sino una puta locura en la que de repente, mientras estás con los colegas, o con tu mejor amigo o amiga, sin pensartelo dos veces, decides que te vas, que os váis, que os cogéis las maletas y os piráis, e incluso sin maletas, con lo puesto y nada más. Sin previo aviso, sin despediros de nadie, sin llamar a casa, paráis un taxi y le decís al taxista que os lleve a la estación, y en le camino pensáis que estáis como una puta cabra, que todo esto es una locura, pero ¿qué es la vida sino eso una sucesión de ideas locas y actos locos?. De repente decides andar en el desorden, entre momentos y decisiones desordenadas sin un por qué. Y aunque sabes que todo eso es de locos, y en el fondo la estás cagando mucho, no te importa, no sabes por que pero te da igual, te sientes bien en el desorden y la locura y no miras atrás, no piensas hacerlo.  

Llegáis a la estación y salís del taxi y os despedís del taxista que os mira con cara de estar pensando que estáis como una regadera. Entráis en la estación y ni siquiera sabéis donde vais a ir, no tenéis ni idea, puede que incluso alguien esté a tiempo de parar esta locura. Miráis destinos y decidís que os vais a ir lo más lejos posible, a tomar por culo, donde nadie sepa quienes sois, iréis allí donde podáis ser otras personas, inventaros unos nombres y unas vidas, o simplemente ser quienes sois realmente sin que ninguna realidad os reprima serlo.

Con los billetes en la mano, corréis al anden, no podéis perder ese tren a locuralandia, y aún sabiendo que todo eso que estáis haciendo es una puta locura, pero no podéis parar, si lo hacéis quedaréis como idiotas. Os subís al tren y relajáis vuestras risas y bajáis el tono en los comentarios mientras buscáis el vagón que os corresponde y quedáis en vuestro asiento, para que los demás pasajeros no piensen que sois idiotas o vais pedo, aunque vais pedo. Os sentáis y casi os ocultáis para que nadie os mire, y cuchicheáis sobre lo locos que estáis, ni siquiera sabéis donde iréis o que haréis al llegar, no conocéis a nadie allí, no sois nadie allí. Simplemente os vais. Arranca el tren, ya se mueve, ya se va. La locura se consuma, ya no podéis echaros atras, el tren parte y poco a poco dejáis todo atras, y el tren se pierde en el camino, sigue adelante en su destino igual que la vida sigue sin parar. 

 

miércoles, 15 de enero de 2020

SE FUE EL ÚLTIMO TREN DE LA ESTACIÓN

Se fue el último tren de la estación, se fue sin tan siquiera decir adiós, y con su marcha me doy cuenta que todos los trenes están de paso, tarde o temprano se terminan yendo, y de todos ellos muy pocos volverán. 

Yo me quedo aquí, no me muevo más, no viajaré más a ninguna otra estación, esperaré a que pase otro tren, y se detiene aunque sea un solo instante, en ese breve tiempo me pensaré si me subo en él, o dejaré que, como todos los demás, ponga rumbo a la siguiente estación, cualquiera que sea esta, y con gusto y sin pesar con la mano le diré adiós. Le veré partir y perderse en el horizonte con la misma rapidez con la que apenas le vi venir, y no pensaré en ese tren, ni en su viaje o en quienes van en él, no pensaré donde para, ni quien se baja o se sube, porque sencillamente me dará igual, me darán igual todos ellos, y por eso no les pensaré. Tanto es así que incluso espero que el próximo tren pase de largo a velocidad infinita sin parar aquí, espero que esta no sea su estación, y ni tan siquiera sea una parada de paso, es más, espero que no pase por aquí, que esta estación y este camino de nadie, no sea parte de su recorrido, quiero que sea solo el mío, solo para mi. 

Ahora sé que esta es mi estación, en la que debo estar, es la mejor en la que puedo estar, ya no pensaré en ir o en estar en ninguna otra, no la buscaré, sé que ninguna otra estación es para mi. Quiero que esta, mi estación, al menos por un rato, por un buen tiempo, se quede en silencio, que se quede en paz, una paz inalterable por ningún otro tren. Quiero que así sea, ahora que se fue el último tren de la estación.

domingo, 31 de diciembre de 2017

EL ÚLTIMO TREN

    
    El tren está apunto de partir, de irse y no volver, y ahí estoy yo, en el andén para despedirle y decirle adiós, adiós para siempre, esperando que no vuelva más y deseando que con él te lleve a ti, a tus engaños y tus mentiras, a tus manipulaciones y ese ego que destilas como whisky rancio y barato. 

Espero que te lleve bien lejos, tan lejos como hoy estás de mi, tan lejos donde tu sombra no me alcance ni el viento me traiga tus malos aires, deseo que este último tren se lleve todo lo malo con él, porque detrás llega otro tren, con un cielo despejado, abierto y soleado, un tren que trae consigo nubes con las que no sentirme engañado y defraudado. 

Ahora que este tren está por marchar, quiero verte ir como pluma que se lleva el viento, pero antes de salir has de saber que nada malo te deseo a ti, porque todo el mal que puedas enredar a los demás, a ti tarde o temprano, de una u otra manera volverá, porque en esta vida cosechamos lo que sembramos y con esa semilla nos quedamos, porque esa semilla aunque en otra tierra querramos plantar, realmente es nuestra y de nadie más, y al final se quiera o no la tenemos que pagar. 

Ahora que este tren está a punto de arrancar, me deseo ese buen año me merezco ya aunque tu boca no me lo vaya a contar, ahora antes de marchar, solo quiero que sepas que te digo adiós sin dejar huella alguna en mi corazón, porque pensar tu nombre ya no envenena mis sueños, sueños que son para vientos  y aires nuevos.